El pasado viernes, en medio de marchas impulsadas por el Gobierno, el presidente Gustavo Petro demostró que su principal apuesta es convocar una constituyente. “Entregaremos el 20 de Julio cinco millones de firmas para solicitar la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para agregar dos capítulos a la Constitución”, escribió en su cuenta de X. ¿Cuál es la verdadera intención detrás de toda esta movilización que fomenta la Casa de Nariño?
La Constitución de 1991: logros y desafíos
La Constitución de 1991 extendió los derechos individuales y le dio vida a una serie de instituciones que protegieron a minorías históricamente relegadas. Con todos los defectos que puede tener, y las cerca de 50 enmiendas que se le han hecho, le da a Colombia un sistema de pesos y contrapesos institucionales que han evitado desmanes autoritarios con una sana alternancia en el poder que varios vecinos latinoamericanos envidian.
El contexto político actual
Además, es parte del andamiaje sobre el cual, por vía de las urnas, el país eligió en 2022 al hoy presidente Gustavo Petro, quien ha contado con garantías para promover su modelo de Estado a pesar de haber ganado en la segunda vuelta de aquel año por poco más de 700.000 votos de diferencia sobre el ya fallecido Rodolfo Hernández. No es un dato menor, porque la misma polarización que se evidenció tras ese resultado se mantiene ahora, profundizada por la retórica de odio promovida desde la cabeza del Estado en la presente época electoral.
Ahí está la génesis de la promoción de una constituyente que a la luz de la realidad política y jurídica actual genera división, pero que, no obstante, sirve para darle un empujón electoral a la continuidad del proyecto de izquierda. Un proyecto al que le sirvió esa Constitución de 1991 para llegar a la Casa de Nariño y que ahora, al ver frustradas varias de sus iniciativas por esos pesos y contrapesos que en ella se diseñaron, pretende someterla a una cirugía profunda para pasar por encima de ese sistema de equilibrios democráticos.
Lecciones del pasado
Esa película ya la vivió este país, con otras denominaciones y otros actores, cuando era la derecha la que nos gobernaba y veía con desdén a quienes hoy tienen el mando. ¿El objetivo, entonces y ahora, era y es no soltar el poder durante décadas?
El Espectador reconstruyó hace dos semanas la trazabilidad de cómo se juntan el relato constituyente de Petro, la campaña de su candidato, el senador Iván Cepeda, y la contienda electoral. En los eventos del aspirante se recogen firmas; todos los sindicatos que lo apoyan, todos, hacen la tarea para impulsar el proyecto, y el propio candidato oficial, según sus palabras y su plan de gobierno, no la ve como una prioridad mas no la relega a una imposibilidad.
Defensa de la Constitución
Esta radiografía invita a reconocer todo lo que ha provisto una Constitución que debe defenderse, rodearse, potenciarse, ajustarse si es el caso, pero al final mantenerse fuerte para que Colombia siga siendo parte de las democracias latinoamericanas. Una asamblea constituyente nace del consenso, como pasó en 1991, y es evidente que actualmente dicho consenso no existe; ahora mismo es más bien una forma de movilizar masas con fines electorales, algo que también alimentó la oposición al juntarse en no pocos casos solo para frenar muchas propuestas oficialistas sin mayor apertura al debate.
Cuidemos esta Carta Política que hoy nos permite convivir en el disenso. Como en la región ya se ha atestiguado, por mucha retórica de inclusión con que se disfracen estos impulsos, luego es demasiado tarde cuando se comprueba que han sido la manera de imponer una única visión de Estado. Respetemos el logro que fue llegar a esta Constitución, imperfecta pero ajustada a principios democráticos invaluables, porque el futuro es para todos, no solo para un proyecto político en particular.
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