Despido con un nudo en la garganta a Germán Vargas Lleras. Lo hago como ese compañero de batallas que en el Senado mostró un coraje y un compromiso admirables para sacar adelante leyes esquivas; pero, sobre todo, como la amiga que descubrió su nobleza y autenticidad tras esa armadura de firmeza. Se nos va, teniendo aún tanto por entregar, un líder que hizo de la defensa de nuestra democracia su razón de ser. Siento profundamente su partida.
Un origen compartido en el Nuevo Liberalismo
Con Germán compartí en los años 80 nuestro origen en el Nuevo Liberalismo. Aquello no fue solo militar en un partido: fue la convicción compartida de que la política, como vocación, exigía plantar cara a la corrupción, al clientelismo y a las mafias que asfixiaban al país. Esa mística de servicio nos marcó para siempre y forjó un lazo de confianza que el tiempo no hizo más que fortalecer.
Doce años de labor legislativa
Desde 1994 compartimos doce años de labor legislativa en los que, pese a estar en toldas distintas, nos movían las mismas causas. En tiempos muy duros, nos unió el afán de proteger el Estado de Derecho y limpiar la política. Juntos sacamos adelante la extinción de dominio para golpear el bolsillo de los corruptos; fue mi gran aliado para revivir la extradición en 1997 y luchamos hombro a hombro para ordenar el sistema electoral con el umbral y reglas más justas. En los días del Caguán, coincidimos en exigir respeto a la Constitución y poner la lupa sobre una zona de despeje sin ley. Trabajamos por la transparencia en las campañas y por una paz con justicia y verdad. Nuestra labor no fue solo técnica; fue una resistencia ética frente a quienes pretendían arrodillar la ley, compartiendo el peso de decisiones que marcarían el rumbo jurídico de Colombia en el cambio de siglo.
Valentía y consenso
Hoy muchos olvidan que impulsar esas reformas y alertar sobre los peligros que acechaban a nuestras instituciones implicaba jugarse la piel y enfrentar poderes inmensos. Germán tuvo el carácter y la valentía para no dar un paso atrás. En medio de las diferencias, sabía tejer consensos sin traicionar sus principios. Daba las peleas de frente, sin libretos ni hipocresía, con una lealtad inquebrantable hacia Colombia. Esa franqueza es la que hoy más extraño.
El nacimiento de Cambio Radical
Ese camino compartido en el Congreso y el agotamiento de la política tradicional nos volvieron a juntar. En 1998, un grupo de liberales que habíamos ejercido oposición en el gobierno de Samper fundamos el Movimiento 98 que se transformó en Cambio Radical. En 2003, Germán se sumó a este grupo con su movimiento Colombia Siempre: nos unieron los ideales de transparencia y servicio perdidos en el oficialismo liberal; su llegada fortaleció el partido Cambio Radical y lo convirtió por varios años en una fuerza decisiva, demostrando que podíamos hacer política de una manera distinta y digna.
Un legado de obras y liderazgo
Como ministro y vicepresidente demostró ser un líder visionario, con una capacidad incomparable para transformar regiones y ejecutar obras que parecían imposibles. Entendía que cada carretera, cada puente y cada vivienda entregada no eran simples cifras de gestión, sino peldaños de dignidad para los colombianos más olvidados; su rigor en la ejecución era, en el fondo, una forma de respeto sagrado por los recursos públicos. Y en los últimos años, su voz reflexiva de estadista fue un faro en los momentos más críticos. Germán siempre supo leer al país con una lucidez que nos hará mucha falta.
Su legado permanecerá y deja un impacto tangible en la comunidad, en cada rincón de la Nación. Para las nuevas generaciones, Germán queda como el ejemplo de quien entendió la política como una misión de trabajo por el bien común y por un mejor futuro para nuestra Patria. Su vida, su disciplina y su amor por Colombia son una inspiración para todo un país. Su paso por este mundo no fue en vano; nos deja un país con mejores cimientos.
A su hija Clemencia, a su nieto Agustín, y a todos sus familiares y amigos, les envío, junto con mi familia, nuestra solidaridad en este momento de tristeza y dolor.



