La Gran Consulta: El referendo nacional contra la corrupción y la destrucción del gobierno
Gran Consulta: Referendo contra corrupción y destrucción gubernamental

El desmoronamiento moral y la esperanza de la Gran Consulta

Sentir miedo en la Colombia actual no constituye un acto de cobardía; representa una reacción instintiva y completamente justificada ante el evidente desmoronamiento institucional que vivimos. Mirar hacia la Casa de Nariño ya no genera respeto alguno, sino una opresión palpable en el pecho, una angustia colectiva que se extiende por todo el territorio nacional.

Un gobierno que profundizó la división

Nos encontramos ante un Gobierno y una bancada del Pacto Histórico que no solamente fallaron estrepitosamente en su promesa de cambio transformador, sino que han arrastrado la dignidad de toda una nación hacia una degradación moral que parece carecer de fondo. Un gobierno que prometió inclusión social y, mediante el discurso del odio, logró profundizar las divisiones como nunca antes en nuestra historia reciente. Desde el propio Palacio Presidencial nos han fracturado como sociedad de manera sistemática y deliberada.

Continuar por este camino ya no representa un simple riesgo político, sino una sentencia de destrucción nacional que compromete el futuro de las próximas generaciones. La descripción de estos años resulta francamente desoladora: el llamado "primer anillo" del Palacio, ese círculo íntimo que juró transparencia absoluta, hoy se ha convertido en un desfile constante de imputados, investigados y hasta prófugos de la justicia.

La corrupción en el corazón del poder

Hemos sido testigos de cómo la corrupción ha sido elevada a su máxima potencia en el corazón mismo del poder ejecutivo. Que nadie intente consolarnos con el argumento simplista de que "antes también se robaba". Esta situación no constituye una competencia atlética para determinar quién saquea menos el erario público; representa una auténtica tragedia moral de dimensiones históricas.

No buscamos al "menos peor" entre las opciones disponibles. Lo que Colombia necesita urgentemente es votar por personas que hayan demostrado una honestidad inquebrantable a lo largo de sus trayectorias, porque la ética no puede reducirse a un simple eslogan de campaña electoral. La ética representa un valor fundamental que este gobierno actual parece desconocer por completo.

La luz de esperanza: La Gran Consulta

Frente a este panorama desalentador, surge una luz de esperanza que debemos abrazar con determinación y convicción: la Gran Consulta representa el punto de inflexión histórico donde nos jugamos el alma misma del país. Lo que estamos presenciando constituye un ejercicio valiente de despojo de egos personales; líderes políticos que, pensando diferente y representando diversas corrientes, han demostrado la grandeza necesaria para sentarse a dialogar constructivamente.

Un referendo contra la destrucción

Resulta vital comprender un aspecto fundamental: en esta etapa no estamos eligiendo directamente al próximo presidente de la República, ni estamos renunciando a nuestro derecho constitucional de votar por otro candidato en las elecciones posteriores. No importa si después usted decide apoyar a Sergio Fajardo, a Abelardo de la Espriella o al candidato que resulte ganador de la Gran Consulta; lo que realmente importa en este momento crucial es que esta jornada electoral funciona, en la práctica, como un referendo nacional contra tres males que nos aquejan:

  • La improvisación gubernamental
  • La destrucción institucional
  • La corrupción sistémica

Este proceso representa solamente el primer paso necesario para llevar al país hacia la cima del desarrollo y la estabilidad. Aquí no estamos eligiendo directamente al próximo mandatario, pero si nos va mal en esta consulta, estaríamos pavimentando involuntariamente el triunfo de figuras como Cepeda y Roy Barreras.

Una demostración de poder ciudadano

El objetivo fundamental consiste en demostrar masivamente que somos muchos más los colombianos que rechazamos el abismo al que nos conducen. Se trata de llenar las urnas electoralmente para que tanto el país como la comunidad internacional observen claramente que la mayoría nacional no desea el precipicio, sino la construcción colectiva de un mejor futuro.

Reconocemos que el proceso de la Gran Consulta ha enfrentado sus propias dificultades organizativas, pero estos líderes han demostrado concretamente que resulta posible llegar a acuerdos sustanciales a pesar de las diferencias naturales. Colombia necesita cambios estructurales profundos, efectivamente, pero quien eventualmente llegue al poder debe gobernar para todos los ciudadanos sin distinción alguna.

La trampa del cálculo político errado

Sin embargo, debemos mantener extrema vigilancia en este camino de recuperación nacional. Que a nadie se le ocurra caer en la trampa peligrosa de votar por Roy Barreras bajo la teoría equivocada de que constituye la única forma posible de ganarle a Cepeda en eventuales contiendas futuras. No se equivoquen en este cálculo político fundamental.

Votar por Roy Barreras bajo esa premisa errónea significa fortalecer la continuidad de la continuidad del actual desgobierno. Representa simplemente cambiar de collar retórico para seguir atados al mismo poste de descomposición institucional. Ese camino equivocado solamente garantizaría que nada cambie sustancialmente y que la destrucción nacional se institucionalice definitivamente.

La respuesta está en la unidad

La respuesta adecuada no se encuentra en el oportunismo cíclico de los mismos actores de siempre, sino en la votación masiva y contundente por la Consulta de centro y derecha que representa una alternativa real. Debemos salir masivamente a ejercer nuestro derecho al voto para demostrar contundentemente que tenemos la fuerza ciudadana necesaria para recuperar el rumbo perdido.

Primero demostremos nuestra fuerza colectiva en las urnas, luego podremos elegir con tranquilidad el camino específico a seguir, pero hoy, el deber patriótico inmediato consiste en la unidad firme frente al desastre nacional que vivimos. La Gran Consulta representa mucho más que un simple proceso electoral; constituye el grito colectivo de un país que se niega a desaparecer en el abismo de la corrupción y la incompetencia gubernamental.