Tras elecciones, el próximo presidente enfrentará un Congreso sin mayoría y un presidencialismo en crisis
Próximo presidente sin mayoría en Congreso y crisis del presidencialismo

El próximo presidente de Colombia enfrentará un Congreso sin mayoría absoluta

Después de las elecciones del 8 de marzo, hay una certeza ineludible: quien asuma la presidencia no contará con mayorías en el Congreso de la República. Analizando las cifras del Senado, que permiten un cálculo más directo, se evidencia que son 103 senadores en total, por lo que un presidente requiere al menos 52 para lograr una mayoría. Sin embargo, todos los candidatos presidenciales están muy lejos de alcanzar esa cifra.

Escenarios electorales y dispersión política

Si Gustavo Bolívar gana la presidencia, contaría con 27 senadores del Pacto Histórico y probablemente dos representantes indígenas. En el caso de que María Fernanda Cabal sea elegida, tendría 17 del Centro Democrático y es probable que sume los tres de Salvación Nacional. La situación es aún más complicada para otros candidatos como Alejandro Gaviria, si ocurriera una sorpresa electoral, o para Sergio Fajardo, si lograra resurgir de su actual declive político.

Algunos analistas argumentan que esta dispersión política es beneficiosa, ya que expresa pluralismo y obliga al futuro presidente a convencer o concertar con otras fuerzas políticas. Esto, en teoría, podría reducir la polarización y enriquecer la discusión democrática. No obstante, la experiencia histórica en regímenes presidenciales sugiere que esto no suele materializarse.

Disfunciones del sistema presidencial

La razón fundamental es que ningún congresista tiene un interés genuino en el éxito del presidente, excepto los de su propio partido, debido a que los períodos de presidente y Congreso son fijos e independientes. El gobierno no puede disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones, y el Congreso tampoco puede destituir al gobierno. Ambos poderes deben coexistir durante cuatro años, lo que genera tensiones significativas.

Esto plantea serias disfunciones: el presidente no puede impulsar su agenda sin recurrir a prácticas cuestionables, como la llamada mermelada, que a menudo bordea la ilegalidad y la corrupción. Alternativamente, el gobierno puede sentirse tentado a invocar su origen democrático para interpretar ampliamente sus poderes reglamentarios, recurrir a estados de excepción o impulsar pronunciamientos plebiscitarios. El resultado son presidentes que combinan prepotencia con impotencia, una situación nada deseable para la estabilidad política.

Debate sobre el presidencialismo en sistemas multipartidistas

Por esta dinámica, politólogos como Juan Linz han señalado desde hace años que el presidencialismo funciona mal en sistemas multipartidistas, ya que tiende a generar crisis, estancamiento o corrupción. Un multipartidismo moderado, como el actual en Colombia, es deseable por razones de pluralismo, pero es casi imposible combinarlo eficazmente con el presidencialismo.

En contraste, en un régimen parlamentario, si ningún partido logra mayoría absoluta, la única solución es formar acuerdos formales entre partidos para crear un gobierno de coalición. Esto fomenta coaliciones más serias y programáticas, ya que los partidos involucrados tienen un interés genuino en el éxito del gobierno, del cual forman parte. Los parlamentarios suelen ser más disciplinados, y los partidos de oposición ejercen una oposición más constructiva.

Reflexiones finales sobre el sistema político colombiano

Esta situación en Colombia plantea una pregunta crucial: ¿no debería el país y otras naciones de América Latina discutir seriamente el abandono del presidencialismo como forma de gobierno? La experiencia actual sugiere que el sistema enfrenta limitaciones estructurales que dificultan la gobernabilidad en un contexto de pluralismo político.

El análisis de Rodrigo Uprimny, investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional, destaca la necesidad de reevaluar las instituciones políticas para fortalecer la democracia y evitar las disfunciones que caracterizan al presidencialismo en escenarios de dispersión partidista.