La entrega de Álex Saab a Estados Unidos, que pasó de ser protegido a indeseable para el régimen chavista en el Palacio de Miraflores, representa un campanazo para muchos en América Latina y España sobre el interés de la justicia estadounidense por esclarecer los oscuros manejos de los millones de dólares saqueados a los venezolanos.
Saab pasó de ser un empresario colombiano estafado por Maduro y sus socios a convertirse en el principal testaferro del dictador. Para cobrar las deudas impagas en Venezuela, buscó la intermediación de Piedad Córdoba, según el dosier que adelantaba la Corte Suprema contra la congresista hasta su muerte en 2024. Sus contactos internacionales lo convirtieron en una ficha clave para manejar los negocios de la cleptocracia chavista.
El rastro del saqueo
Según su expediente en Estados Unidos, el rastro del robo de centenares de millones de dólares se encuentra en su papel en el entramado de las cajas Clap (mercados mensuales racionados con sobrecostos) y en el nunca cumplido plan de construcción de vivienda popular, que dio pie a un descarado saqueo.
La justicia federal lo persiguió por años hasta lograr su extradición desde Cabo Verde, a pesar de que el régimen movió cielo y tierra para impedirlo. Lo ocurrido este sábado ya se anticipaba desde enero pasado, cuando Saab dejó de aparecer en público: la rectificación de la Casa Blanca sobre la jugada del gobierno Biden de entregar al testaferro a cambio de una supuesta apertura democrática en Venezuela que nunca llegó. Trump, a su estilo, se cobró el desquite y pone nuevamente en manos de Estados Unidos una carta fundamental para asegurar que Nicolás Maduro termine sus días en prisión.
Conexiones colombianas
Según los expedientes en Estados Unidos y lo poco investigado en Colombia, Saab habría sido pieza central, junto con otros empresarios afines al régimen, en el movimiento clandestino de dineros del chavismo para apoyar proyectos políticos en América Latina y España. Ese capítulo, del que ya habló el general Hugo ‘el Pollo’ Carvajal y que sugirió Diosdado Cabello en dardos contra el presidente Gustavo Petro, tuvo en Colombia una protagonista central: Piedad Córdoba.
En las investigaciones frenadas con su muerte en enero de 2024 había fuertes indicios de enriquecimiento injustificado de la líder política y algunos allegados, muy por encima de sus ingresos declarados. Su hermano, el extraditado Álvaro Córdoba Ruiz, la relacionó con el famoso ‘cartel de los soles’ en busca de beneficios judiciales.
¿Justicia colombiana ciega?
El ‘ventilador’ que seguramente encenderá Saab para salvar el pellejo tiene mucho que soplar hacia el lado colombiano de la frontera. Pero, salvo lo avanzado contra Piedad, la justicia colombiana sigue ciega, sorda y muda frente a la incidencia ilegal del régimen chavista en la prolongación del conflicto colombiano, el narcotráfico de las Farc y la promoción de proyectos políticos aliados.
La JEP optó por decir “no, gracias” y asegura que lo ocurrido con Venezuela no tiene relación con los delitos bajo su lupa. La justicia ordinaria, en cabeza de la Fiscalía, no se ha movido para investigar la infiltración del chavismo y las Farc en la política colombiana. Los testimonios no están solo en Estados Unidos: los señores del secretariado de las Farc, hoy libres y perdonados por la justicia alternativa, conocen de primera mano los hechos y sus protagonistas.



