Rey de Nueva York y Casa de Nariño: paralelismos del poder
Rey de Nueva York y Casa de Nariño: paralelismos del poder

Las recientes revelaciones de Angie Rodríguez a Semana y otros medios sobre lo que ocurre en la Casa de Nariño han generado un gran revuelo. Más allá de su veracidad, estas declaraciones parecen sacadas de una película: con guion, personajes definidos, escenarios visuales y un notable suspenso. La inspiración, según el columnista Armando Silva, es la cinta El Rey de Nueva York de Abel Ferrara, que retrata el crimen organizado en la Nueva York de los años 90.

El paralelismo entre la ficción y la realidad

En la película, el arrogante Christopher Walken sale de prisión con la misión de restaurar su imperio de drogas y ser reconocido como benefactor de la ciudad. Ante la quiebra del hospital más popular de Queens, el protagonista ve la oportunidad de intervenir y ser aclamado como patrocinador de los pobres, obligando a otros mafiosos a contribuir. En el brindis por la donación, para evitar nombrarlo, surge el grito jubiloso: "Rey de Nueva York".

De manera similar, Angie Rodríguez evita mencionar a su jefe. Cuando se le pregunta si el comportamiento delictivo de miembros del equipo presidencial constituye una mafia, responde que es peor: "una sociedad para delinquir", con veinte implicados. Destaca a dos figuras: alias Barbas, director de la UNGRD, y alias la Doctora, una joven que no es funcionaria pero que ejerce gran influencia. Al indagar por qué el presidente le otorga tanto poder, ella responde asustada: "Ohhh, Dios, prefiero callar. Temo por mi vida".

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El silencio como mecanismo de poder

Silva señala que tanto en la película como en la realidad, la clave narrativa está en que ni el exprisonero neoyorquino ni el presidente de Colombia pueden ser mencionados por su nombre. Ambos reciben el apelativo de "Rey" por su exceso de poder vertical y la exigencia de silencio de sus subordinados. Callar su nombre es esencial para que el poder no tome venganza; solo hay que reconocerlos en su majestad imperial, arrodillarse y besarles los pies.

El columnista concluye que, aunque no revela el final, ambos "reyes" están marcados por la melancolía, pues la corona no los salva de su tragedia personal. La analogía entre la ficción de Ferrara y las denuncias de Angie Rodríguez ofrece una reflexión sobre cómo el poder absoluto y la corrupción se manifiestan en la sociedad colombiana.

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