Encuestas vs Experiencia: El Dilema de la Política Colombiana en Tiempos de Campaña
Encuestas vs Experiencia: Dilema Político en Campañas

Encuestas o Experiencia: La Disyuntiva que Define la Política Colombiana

En el agitado panorama de la campaña política actual, se observa una tendencia preocupante: candidatos que, sin comprender los mecanismos del Estado, prometen transformaciones profundas como si fueran actos de magia. Para captar la atención pública, magnifican conflictos, inventan problemas y simplifican realidades complejas, sin ofrecer explicaciones sustanciales. Paradójicamente, esta estrategia suele convencer, pues en el ámbito político frecuentemente triunfa no quien posee las soluciones, sino quien mejor manipula las crisis para vender remedios milagrosos a problemas estructurales. Así comienza el engaño.

La Irresponsabilidad de las Promesas Vacías

Prometer cambios radicales de un día para otro no solo demuestra irresponsabilidad, sino que, en esencia, constituye una confesión de ineptitud. O peor aún, representa una táctica calculada para seducir electores. Posteriormente, cuando la realidad inevitablemente se impone, surgen las excusas habituales: "no nos dejan gobernar", "el sistema está corrupto", "existen fuerzas oscuras conspirando". Sin embargo, la razón fundamental es que muchos simplemente desconocen cómo actuar.

Gobernar no se reduce a vociferar consignas; implica ejecutar acciones concretas. Ejecutar requiere comprender límites, administrar tiempos, gestionar recursos, seguir procedimientos establecidos y respetar las instituciones. Exige dominar el funcionamiento de esa maquinaria compleja llamada Estado.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

La Candidatura Incómoda: Fajardo y Bonilla

En medio de este mar de discursos efectistas, la candidatura de Sergio Fajardo y Edna Bonilla emerge como una propuesta casi incómoda. Principalmente porque no se ajusta a la lógica del espectáculo político; no ofrecen milagros ni atajos fáciles. Tampoco practican la polarización ni construyen enemigos imaginarios para consolidar apoyos. Su enfoque no busca dividir ni restar, sino sumar y multiplicar esfuerzos. Al fin y al cabo, Fajardo es matemático, no un político oportunista.

Durante su gestión como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, Fajardo demostró algo escaso en la política colombiana: respeto genuino por lo público. No convirtió el gobierno en botín ni en caja menor para beneficio propio o de aliados. Similarmente, su compañera de fórmula, en la Secretaría de Educación de Bogotá, administró el presupuesto educativo más alto en la historia capitalina de manera impecable. En un país habituado al reparto burocrático, este manejo transparente puede parecer una anomalía.

Coherencia como Valor Político

Fajardo aborda el concepto de centro político sin ambigüedades. En su caso, no se trata de una estrategia electoral coyuntural, sino de una trayectoria consolidada. Ha mantenido distancia de los extremos cuando lo conveniente habría sido acercarse. No necesita reinventarse durante la campaña porque, a diferencia de muchos, no tiene que rectificar posturas anteriores. Representa un raro ejemplo de coherencia sostenida.

En tiempos donde numerosos candidatos modifican sus discursos según el vaivén de las encuestas, mantener la coherencia no genera aplausos inmediatos, pero construye credibilidad sólida. Y aunque esta credibilidad no siempre se traduzca en likes en redes sociales, constituye –o debería constituir– el cimiento fundamental de cualquier gobierno.

Redefiniendo la Viabilidad Política

Se argumenta que Fajardo no es "viable", pero rara vez se define qué significa esta viabilidad. Si consiste en emocionar multitudes y decir lo que la gente quiere escuchar, es lógico que no cumpla con ese criterio. Pero si se mide por idoneidad, experiencia demostrada, independencia y sensatez en el ejercicio del poder, entonces el problema ya no reside en el candidato, sino en los criterios –o intereses– con que se evalúa.

Tras el desbarajuste que probablemente dejará la actual administración, Colombia requiere un liderazgo sereno pero firme; decidido pero no autoritario; serio pero no sectario. Los errores y excesos de un extremo político no se corrigen votando por el extremo contrario. La nación no necesita otro populista, ya sea de izquierda o derecha, ni un revanchista o redentor con ínfulas proféticas.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Lo que está en juego es la calidad del presidente necesario para los próximos cuatro años. Una decisión que no puede basarse en quién lidera las encuestas momentáneas, sino en quién está mejor preparado para gobernar efectivamente. Esta no es tarea para influencers, demagogos o estadistas de última hora.

Hablar es fácil; gobernar es lo difícil. Y Fajardo ya ha demostrado, con hechos concretos, que sabe hacerlo.