Leo Matiz, el fotógrafo fallecido que sigue habilitado para votar según la Registraduría
Leo Matiz, fallecido, sigue habilitado para votar

El misterioso caso del fotógrafo fallecido que conserva su derecho al voto

Según los registros oficiales de la Registraduría Nacional del Estado Civil, en el Coliseo Futsal Coburgo de Fusagasugá, Leo Matiz continúa habilitado para ejercer su derecho al voto. Esta situación, que podría parecer una extraña coincidencia o incluso una broma del destino, se alinea de manera sorprendente con la fascinante biografía del padre de la fotografía colombiana.

Los orígenes documentados de un ícono visual

José Leonet Matiz Espinosa, conocido mundialmente como Leo Matiz, vio la luz por primera vez el 1 de abril de 1917, según consta en el Libro 8, Folio 38, Número 64 de la Parroquia San José de Aracataca, perteneciente a la Diócesis de Santa Marta. Hijo del matrimonio católico entre Tulio Matiz y Evangelina Espinosa de Matiz, recibió el bautismo con padrinos de excepción: José R. Gutiérrez y Genina Posada de Gutiérrez.

La partida de bautismo, fechada el 14 de abril de 1924, revela que "tenía 7 años y fue bautizado a pesar del ateísmo de mi abuelo Tulio", como relata su hija Alejandra Matiz Caicedo. Curiosamente, tres años después sería bautizado en la misma parroquia otro niño que llevaría el nombre del patrono de Aracataca: Gabriel José de La Concordia García Márquez, estableciendo un vínculo histórico entre dos gigantes de la cultura colombiana.

Una vida de uniones y separaciones documentadas

La partida bautismal de José Leonet incluye una nota sobre su matrimonio con Amparo Caicedo, celebrado en la parroquia El Divino Salvador de Bogotá el 16 de junio de 1951. "Se casaron obligados porque mis abuelos maternos, Jorge Caicedo Campo y Berta Montes de Oca, no estaban de acuerdo con la relación, pero querían restablecer el honor de la familia", explica Alejandra sobre esta unión.

Fruto de este amor contrariado nació Eva Alejandra Matiz Caicedo el 6 de abril de 1952, bautizada en la misma parroquia El Divino Salvador el 28 de junio del mismo año. Según consta en el Libro 1, Folio 305, Acta 933, sus padrinos fueron figuras destacadas: el poeta y novelista Álvaro Mutis Jaramillo y Gladys Caicedo de Johnson, con el padre Odilon Schick administrando el sacramento.

Reencuentros familiares y despedida final

Tanto Leo como Alejandra tuvieron varias relaciones a lo largo de sus vidas, pero solo una de ellas formalizada mediante sagrado vínculo matrimonial. La vida los distanció durante años por asuntos laborales, pero los volvió a unir cuando el padre perdió su ojo izquierdo en un intento de robo en Bogotá. En ese momento crucial, Alejandra se dedicó a viajar con Leo y se convirtió en su tercer ojo, acompañándolo en sus proyectos fotográficos hasta el final.

La muerte los separó al amanecer del 24 de octubre de 1998. El registro de defunción No. 3432910 está fechado dos días después, el 26 de octubre, certificado por la Notaría 32 de Bogotá. Sin embargo, la razón por la cual la cédula de Leo Matiz sigue vigente como "Colombiano de Oro" es que en este documento le agregaron tres dígitos al final (111), manteniendo técnicamente su registro activo en los sistemas de la Registraduría.

¿Un fantasma con cámara en las próximas elecciones?

Esta peculiar situación plantea una pregunta intrigante: ¿Será que un fantasma con cámara se deja fotografiar en las próximas elecciones? En el universo mágico-realista que tanto inspiró a Matiz y a su contemporáneo García Márquez, todo es posible. La coincidencia entre la vigencia administrativa de su documento y la extraordinaria trayectoria vital del fotógrafo crea un relato que parece extraído directamente de las páginas de Cien años de soledad, donde lo imposible se vuelve cotidiano y los límites entre la vida y la muerte se desdibujan.

El caso de Leo Matiz no solo revela las curiosidades del sistema de identificación colombiano, sino que también sirve como metáfora de cómo las figuras culturales trascendentales permanecen vivas en la memoria colectiva, incluso cuando sus documentos oficiales contradicen su condición física. En Colombia, donde la realidad supera con frecuencia a la ficción, la historia del fotógrafo fallecido que técnicamente conserva su derecho al voto se suma al rico acervo de anécdotas nacionales que desafían la lógica convencional.