Alquería anunció una inversión superior a los 50 mil millones de pesos en sostenibilidad durante 2025, y se convirtió en la primera empresa privada en Colombia en medir de forma integral la pobreza en su cadena de valor, empleando una metodología homologada con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La iniciativa, basada en la Encuesta de Hogares Alquería (EHA 2025), revela diferencias significativas frente al promedio nacional y aporta evidencia sobre el impacto empresarial en las condiciones de vida.
Medición de pobreza en la cadena de valor empresarial
La medición abarcó a los principales actores del sistema productivo de la compañía: productores, distribuidores, colaboradores y recicladores de oficio. El objetivo fue cuantificar el bienestar de quienes hacen posible su operación, un enfoque que permite ir más allá de indicadores tradicionales como ventas o rentabilidad y avanzar hacia decisiones basadas en evidencia social y económica.
Uno de los resultados más relevantes se observa entre los productores de leche directos. Allí, la pobreza monetaria se ubicó en 30,1%, por debajo del 44% registrado en la ruralidad colombiana. En términos concretos, esta diferencia equivale a cerca de 1.000 personas que hoy viven por encima de la línea de pobreza frente a lo que se esperaría bajo el comportamiento promedio del campo.
“Medir la pobreza dentro de nuestra cadena de valor nos permite pasar de las intenciones a la evidencia. Entender cómo viven las personas que hacen posible nuestro negocio es clave para tomar mejores decisiones empresariales”, afirmó Rafael Álvarez, CEO de Alquería.
Resultados: ingresos, pobreza y brechas estructurales
Entre los distribuidores, la pobreza monetaria se sitúa en 10% y la pobreza extrema en 3,7%. A pesar de estos niveles más bajos, el grupo presenta señales de incertidumbre económica, reflejadas en un índice de confianza de 41,5 sobre 100. Este dato sugiere que, aunque los ingresos son relativamente estables, persisten percepciones de riesgo sobre el futuro económico.
En el caso de los productores, si bien la pobreza es menor frente al promedio rural, se mantienen brechas estructurales. Un 7,4% enfrenta pobreza multidimensional, asociada a condiciones de vivienda, acceso a agua y saneamiento. Actualmente, 6.411 productores hacen parte de la cadena de valor, con compras de leche que alcanzaron los 740.805 millones de pesos durante el último año.
La estabilidad productiva se refleja en la generación de ingresos. El 69,9% de los productores logra cubrir una canasta básica mensual, lo que evidencia el impacto del acceso a mercados y de relaciones comerciales sostenidas. Este comportamiento sugiere que la articulación empresarial puede incidir directamente en la mejora de las condiciones económicas de los hogares rurales.
El contraste más fuerte se presenta en el segmento de recicladores. El 82% vive en pobreza monetaria y el 64,4% en pobreza extrema, lo que evidencia una alta vulnerabilidad dentro del mismo sistema productivo. Estos resultados exponen las desigualdades entre los distintos eslabones de la cadena de valor.
Sector privado y su rol en la reducción de la pobreza
“Las cifras hoy nos demuestran que el propósito y la rentabilidad pueden avanzar al mismo tiempo. En los últimos cinco años, en Alquería hemos evolucionado hacia una empresa de alimentos con múltiples marcas y categorías de productos. Ese crecimiento nos ha permitido multiplicar por más de cinco veces el impacto de nuestros programas sociales y ambientales”, explicó Rafael Álvarez.
El contexto nacional muestra que Colombia ha registrado una disminución de la pobreza en los últimos años, impulsada por el crecimiento económico, la recuperación del empleo y las políticas públicas. En este escenario, la actividad empresarial también cumple un papel relevante al generar ingresos, empleo y acceso a mercados para millones de personas.
Este tipo de mediciones permite observar con mayor detalle cómo las dinámicas empresariales inciden en el bienestar de los hogares. La evidencia presentada por Alquería refuerza la idea de que la reducción de la pobreza no depende de un solo actor. Es el resultado de la interacción entre política pública, crecimiento económico y actividad productiva.



