Colombia cambió, pero las propuestas siguen ancladas en el pasado
Colombia cambió, pero las propuestas siguen ancladas en el pasado

Justo cuando se producía el aterrizaje forzoso de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial de la candidata Paloma Valencia, el expresidente Álvaro Uribe Vélez hizo una anotación en sus redes sociales que resulta memorable: “Este país no es el mismo, este país ha cambiado”. Y es cierto. Luego de cuatro años de gobierno del proyecto del ‘Cambio’, nada es igual, como tampoco lo fue después del ‘Estallido social’ de 2021, que abrió paso a que la izquierda llegara al poder por vía democrática, gracias al voto ciudadano.

Ambos fenómenos están profundamente interconectados. La llegada de Gustavo Petro al poder expresó la esperanza de millones de colombianos que nunca habían sido escuchados ni tenidos en cuenta, y que para las élites tradicionales prácticamente no existían.

A pocos meses de que concluya este periodo de gobierno, es innegable que ese apoyo popular no solo se mantiene incólume, sino que ha crecido, a pesar de los errores gubernamentales y las tareas pendientes. La buena votación del Pacto Histórico en la reciente elección del Congreso, y las multitudes que acompañan a Iván Cepeda en sus actos de campaña, son la expresión de una fuerza social y política que hoy es la más importante del país, y que mantiene intacta su esperanza en un proyecto de cambio que debe continuar.

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Reconocer el cambio no basta

El expresidente Uribe señala con acierto que el país ha cambiado, pero ninguna de las opciones de centro o derecha logra acercarse a una propuesta que interprete a una nación que sigue necesitando transformaciones profundas, aunque democráticas. Como dice el refrán: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. ¿De qué sirve reconocer que el país ha cambiado si las propuestas nos mantienen en el statu quo, cierran las opciones de cambio o incluso nos devuelven al pasado?

Se pueden discutir los alcances, formas y mecanismos para lograr esos cambios necesarios. Algunos preferimos que sean producto de acuerdos y consensos, no de riesgosas polarizaciones. Pero no deben ser de esos cambios en los que “todo cambie para que al final nada cambie”.

El Pacto Histórico también debe mirar adelante

Esta interpelación de no volver al pasado también aplica para el Pacto Histórico, que aspira a la continuidad en el Gobierno. Una agenda de reivindicaciones sociales, un esfuerzo serio por reducir desigualdades y desmontar privilegios, y una apuesta por la paz dialogada son asuntos pendientes. Sin embargo, esta perspectiva instala al país en un pasado que debe ser superado, pero ya no es suficiente. Al Pacto Histórico le falta una concepción y un relato de más esperanza y futuro, de más acuerdos y menos rupturas, de más diálogo y menos confrontación, que llegue a la inmensa mayoría de colombianos, no solo a su militancia.

¿Acuerdo Nacional o Asamblea Constituyente? Sí, siempre que sea para hacer acuerdos y construir una visión común sobre el futuro del país, un destino compartido. En todos los casos, instalarse o volver al pasado no debería ser una opción.

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