El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reportó que el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia creció un 2,2 por ciento durante el primer trimestre de 2026. Aunque la cifra es positiva, resulta insuficiente frente a las necesidades fiscales, sociales y económicas del país. El principal motor de este crecimiento fue la administración pública, con un incremento del 5,7 por ciento, seguida por el comercio y las industrias manufactureras.
Señales de alerta en sectores clave
El consumo de los hogares y algunos servicios de entretenimiento mostraron resiliencia, pero la dependencia del gasto público genera preocupación, especialmente en un contexto de estrechez fiscal y dudas sobre las finanzas públicas. Incluso el director de Crédito Público reconoció recientemente haber fallado en los pronósticos sobre la estrategia de manejo de la deuda.
Entre enero y marzo, sectores tradicionalmente rezagados como la construcción y la explotación de minas y canteras se vieron acompañados por una contracción del 1,4 por ciento en las actividades agrícolas y ganaderas. La construcción volvió a caer con fuerza, el agro retrocedió y la minería, aunque mejoró, no logró entrar en terreno positivo. Estos tres frentes afectan el empleo, la inversión, la seguridad energética, la infraestructura, la vivienda y la capacidad exportadora del país.
Inversión: un dilema persistente
La formación bruta de capital fijo avanzó un 3,7 por ciento, impulsada por maquinaria y equipo, pero la formación bruta de capital total cayó un 3 por ciento. Esta combinación refleja un dilema: existe demanda y consumo, pero la recuperación de la inversión productiva aún no se consolida. La incertidumbre regulatoria, las altas tasas de interés y la inflación elevada siguen frenando el dinamismo.
Modelo económico en entredicho
El modelo económico promovido por la Casa de Nariño, centrado en gasto público, agro y turismo, muestra señales de agotamiento y problemas de sostenibilidad. La crisis fiscal de magnitudes históricas que deja el presidente Petro es una de las herencias más tóxicas. Que la economía crezca menos de lo previsto, con una composición que genera alertas, no es un asunto menor cuando persisten la inflación, las tasas de interés altas y la inversión privada deprimida.
Colombia necesita fortalecer la confianza, destrabar la inversión, recuperar la construcción de vivienda e infraestructura, dar señales estables al sector minero-energético y cuidar la independencia del Banco de la República. Ordenar las finanzas públicas de inmediato es urgente. Pretender que el gasto estatal sustituya permanentemente al empuje privado es un error, incluso si dinamiza el corto plazo, porque no construye una ruta sólida para el crecimiento futuro.
Lo que debe guiar el debate electoral
Estos elementos deberían guiar la discusión económica de los candidatos presidenciales en campaña. Es necesario debatir cómo Colombia puede crecer sin depender del Estado y encendiendo los motores estratégicos que hoy están apagados. La economía requiere un cambio de rumbo que priorice la inversión privada, la estabilidad fiscal y la confianza de los mercados.



