El destino pendiente de Colombia: entre la polarización y el progreso
La historia mundial demuestra que las naciones que alcanzan el desarrollo son aquellas que logran construir acuerdos mínimos y avanzar con un propósito común. Israel, nacido en medio del asedio, transformó la adversidad en innovación. Corea del Sur, devastada por la guerra, apostó por educación, tecnología y disciplina institucional hasta convertirse en potencia industrial. Ninguno esperó milagros, sino que construyeron caminos compartidos hacia el progreso.
Oportunidades desperdiciadas y patrones repetidos
Colombia ha tenido múltiples oportunidades para seguir ese ejemplo. Momentos históricos en los que pudo priorizar la educación como eje fundamental, establecer la seguridad como condición para el desarrollo, o convertir la innovación en política de Estado permanente. Sin embargo, una y otra vez ha preferido el atajo emocional, el discurso incendiario o la defensa de estructuras anquilosadas que distribuyen poder pero no generan prosperidad real.
Lo preocupante es que este año parece repetirse el patrón. Las opciones que lideran las encuestas representan extremos que reducen el debate nacional a consignas simples y polarizantes. Ambos bandos cuentan con seguidores que sustituyen argumentos por ataques, difamaciones e insultos. El país, atrapado entre rabias y temores, corre el riesgo real de prolongar la senda de la mediocridad: más confrontación estéril, menos visión estratégica.
La Gran Consulta: una propuesta diferente
Mientras tanto, pasa casi inadvertida la Gran Consulta, que propone algo radicalmente distinto: el propósito común. Nueve aspirantes hablan de temas estructurales y de largo plazo que realmente definirán el futuro de Colombia:
- Inteligencia artificial y transformación digital
- Seguridad integral y gobernabilidad
- Salud sostenible y accesible
- Educación pertinente y de calidad
- Infraestructura moderna y conectividad
- Vivienda digna y desarrollo urbano
- Inserción internacional inteligente
Estos no son temas glamorosos para la plaza pública, pero sí absolutamente decisivos para las próximas décadas del desarrollo nacional.
La inteligencia artificial: el gran desafío ignorado
Resulta especialmente llamativo que quienes hoy lideran las preferencias electorales no hayan dedicado una sola reflexión seria a la inteligencia artificial. Y sin embargo, este es probablemente el mayor desafío que enfrentará Colombia en los próximos años. La IA transformará radicalmente:
- El empleo y las competencias laborales
- Los sistemas educativos y de formación
- La productividad empresarial e industrial
- Los mecanismos de seguridad nacional
Cambiará la manera como se gobierna y como se compite en el escenario global. Colombia ya llega con retraso preocupante. Los últimos cuatro años han sido un despropósito en esta materia. El país no cuenta con una estrategia nacional robusta, no forma suficientes ingenieros especializados, no invierte lo necesario en investigación aplicada, y no articula al sector público y privado en una agenda tecnológica ambiciosa.
Consecuencias de la inacción
Si no actuamos ahora con decisión y visión, la brecha con otros países no será solamente económica. Será, presten mucha atención, civilizatoria. Naciones que hoy compiten con Colombia por inversión y talento se están preparando activamente para convertirse en centros regionales de innovación. Mientras tanto, Colombia sigue discutiendo sobre trincheras ideológicas del siglo XX, liderada por figuras que no ofrecen ningún futuro inteligente al país.
Ninguno de los problemas actuales más urgentes -como la corrupción sistémica, la inseguridad creciente o el desempleo estructural- desaparecerá mágicamente si no aumentamos sustancialmente nuestra productividad, si no incorporamos tecnología de punta, si no modernizamos profundamente el Estado. Y todo esto requiere acuerdos nacionales, no guerras internas. Requiere visión de futuro, algo que solo se vislumbra con claridad en propuestas como la Gran Consulta.
La decisión de marzo: encrucijada histórica
Cuando los colombianos acudan a las urnas el 8 de marzo de 2026, estarán decidiendo mucho más que un simple cambio de gobierno. Estarán definiendo si seguimos atrapados en discusiones eternas y estériles, o si finalmente asumimos que el progreso exige responsabilidad compartida y visión estratégica.
Israel y Corea del Sur no son ejemplos inalcanzables o ajenos a nuestra realidad; son recordatorios poderosos de lo que ocurre cuando la política deja de ser mero espectáculo mediático y se convierte en genuina estrategia nacional de desarrollo. Colombia aún puede elegir ese camino más sensato y prometedor. Pero el tiempo disponible no es infinito, y la historia mundial demuestra que no espera a los países que dudan demasiado. Colombia ya ha gastado gran parte de su margen de error histórico. La responsabilidad ciudadana en las próximas elecciones será determinante.