Jóvenes colombianos entre la expectativa y el desencanto político ante las elecciones 2026
Jóvenes entre expectativa y desencanto político en Colombia

El estado emocional de una generación que enfrenta la política colombiana

Esta semana mantuve conversaciones reveladoras con jóvenes en dos escenarios educativos distintos de Colombia, enfocándonos en la realidad política nacional. Más allá de los temas específicos discutidos, lo que verdaderamente emergió con fuerza fue el panorama emocional y cívico de una generación que intenta comprender el país donde le corresponde ejercer su derecho al voto.

Dos escenarios, una misma generación

El lunes me encontré en uno de los colegios privados más prestigiosos de Bogotá, dialogando con más de cien estudiantes de noveno, décimo y undécimo grado sobre las elecciones presidenciales de 2026. Al día siguiente, en una de las universidades más destacadas de Cali, conversé con aproximadamente setenta estudiantes universitarios acerca de polarización, redes sociales y la responsabilidad de quienes comunicamos política en entornos digitales.

Aunque los contextos educativos diferían notablemente, ambos encuentros dejaron al descubierto el nivel de confianza que esta generación, que está comenzando o aprendiendo a votar, deposita en el sistema político colombiano.

Expectativas en el colegio, desencanto en la universidad

En el colegio capitalino, me sorprendió descubrir que la mayoría de estudiantes ya tenía definido su candidato presidencial para las elecciones de 2026. Las preguntas que formularon fueron exigentes y bien fundamentadas, abordando temas como la paz total, modelos internacionales comparados y diferencias ideológicas entre partidos. Se evidenció un interés genuino y auténticas ganas de comprender los mecanismos políticos.

Sin embargo, surgió un elemento preocupante durante el diálogo: muchas personas jóvenes se encontraban "informadas" principalmente mediante videos en redes sociales que advertían, sin verificación clara de fuentes, que determinado candidato "iba a destruir el país" o que Colombia estaba "al borde del abismo". Se trata de contenidos diseñados específicamente para generar miedo y ansiedad política.

Este fenómeno resulta particularmente delicado: alta exposición política en plataformas digitales donde la desinformación circula con extrema facilidad. Los jóvenes saben por quién votarían, pero no siempre cuentan con información debidamente verificada y contrastada.

Cuando la conversación se dirigió hacia el Congreso de la República —tanto Senado como Cámara de Representantes— el vacío de conocimiento se hizo evidente. No existía claridad sobre candidatos congresionales ni sobre sus funciones específicas. La política parece percibirse reducida exclusivamente a la figura presidencial, sin considerar la estructura institucional completa del Estado. Esta comprensión fragmentada del sistema político revela un desafío serio en formación cívica y en la calidad informativa que consumen las nuevas generaciones.

La universidad: polarización digital y desconfianza

En el entorno universitario caleño, la conversación tomó un rumbo diferente. El foco principal estuvo en la polarización digital, el funcionamiento de algoritmos en redes sociales y el papel de las llamadas "bodegas" como amplificadores de divisiones políticas. Dialogamos extensamente sobre la responsabilidad ética de comunicar con rigor periodístico: explicar con claridad, respaldar afirmaciones con datos verificables y no sacrificar la verdad en aras de la viralidad.

También emergió una percepción crítica y generalizada sobre el liderazgo político en Colombia, acompañada de una desconfianza creciente hacia los partidos políticos tradicionales, aunque se reconocía su papel fundamental en la democracia representativa.

El contraste más evidente entre ambos grupos fue de naturaleza emocional: en el colegio predominaba la expectativa de participación ciudadana; en la universidad comenzaba a manifestarse abiertamente el desencanto político. Un estudiante universitario lo resumió de manera contundente: "No tengo por qué querer este país".

De la esperanza al cansancio: una transición preocupante

En el colegio se respiraba esperanza. En la universidad, cansancio político. En ambos espacios, conciencia ciudadana. No nos encontramos ante una generación apática, sino ante una generación que intenta comprender un sistema político complejo dentro de un ecosistema informativo que premia el miedo, el escándalo y la polarización extrema.

La exposición política es alta, la información circula con velocidad vertiginosa, pero la confianza institucional no crece al mismo ritmo acelerado. El paso del colegio a la universidad parece marcar algo más profundo que una simple transición académica: señala el tránsito emocional de la expectativa al desencanto político. Y esta realidad debería preocuparnos seriamente como sociedad.

Porque cuando el cansancio político aparece tan temprano en la vida ciudadana, no estamos frente a simple indiferencia, sino frente a una crisis de confianza institucional. Confianza en el liderazgo político. Confianza en los partidos políticos. Confianza en que las reglas del juego democrático se respetan y aplican equitativamente.

Educación política más allá del voto

La educación política no puede limitarse exclusivamente al acto mecánico de votar. Debe fortalecer activamente la capacidad de discernimiento crítico, la verificación rigurosa de información y la comprensión integral del funcionamiento institucional del Estado colombiano, más allá de la figura presidencial.

Estar adecuadamente informado no constituye solamente un requisito democrático básico. Representa una condición fundamental para ejercer la libertad ciudadana plenamente. Sin información debidamente verificada, la decisión electoral se vuelve vulnerable a la manipulación mediante el miedo. Sin confianza institucional, la participación política se vuelve frágil y volátil. Y sin sentido de pertenencia nacional, la democracia pierde uno de sus pilares fundamentales de sostenibilidad.

La juventud colombiana no está desconectada de la realidad política. Por el contrario, está hiperexpuesta a ella. Y, en medio del ruido informativo constante, existe una verdad simple que nunca deberíamos olvidar como sociedad: la información veraz otorga poder ciudadano, y este poder, cuando se ejerce responsablemente, se transforma en libertad democrática.

En las elecciones presidenciales de 2026, más que simplemente votar, el verdadero desafío generacional será decidir con información verificada, confianza institucional y sentido crítico desarrollado.