Colombia ha sido una víctima despiadada de los eufemismos y los relatos raros. Así lo plantea una reflexión que invita a no solo ganar, sino golear en el terreno político, especialmente frente a figuras como Cepeda. No se trata de una animadversión ideológica ni de encasillar ofertas democráticas contrarias, sino de evitar que, tras una victoria, se inventen eufemismos disfrazados de amor o deuda histórica para perpetuarse en el poder, como ha ocurrido con otros.
La moda de los relatos extraños
En Colombia parece estar de moda etiquetar a quienes critican como enemigos comprados por convicciones ajenas. La política está plagada de incoherencias: personas que hoy profesan amor a alguien y al día siguiente ya están coqueteando con otro, sin contexto ni vergüenza, saltando de posibilidad en posibilidad para acomodarse.
Eufemismos que ocultan realidades
Se han visto eufemismos como "potencia mundial de la vida" mientras ocurren masacres, o "paz total" que no logra ni entre sus propios promotores. Las peleas internas con Benedetti, Sarabia, Angie Rodríguez, el falso pastor o el excanciller Leyva son muestra de ello. Además, las respuestas airadas de seguidores ante cualquier crítica evidencian una falta de autocrítica.
Para algunos, la bandera de Colombia es la de libertad o muerte. Ignoran la crisis de salud autoorquestada que mata a sus usuarios, la desfinanciación de Ecopetrol, y responden con discursos de esclavismo y Bolívar, sin superar resentimientos ancestrales. Hablan de reconciliación pero dividen el país, gestionan indultos a delincuentes bajo eufemismos de paz, y asfixian a la clase media con deudas y la peor ejecución presupuestal de la historia.
¿Cuándo perdimos el rumbo?
¿En qué momento dejamos de lado los objetivos comunes: trabajar, buscar el bienestar colectivo, ser solidarios? La solución no está en el resentimiento ni en pisotear lo construido por otros. Se ve en el ultrafeminismo que no promueve a la mujer sino que busca acabar con el hombre, o en fenómenos como los therians que se autoperciben como licuadoras, reflejo de vacíos psicológicos.
Se ha perdido el foco y el rigor de la realidad. Todo son cuentos que envuelan el progreso, mientras ejemplos de insuficiencia de estas corrientes solo empobrecen y repliegan al país en revanchismos que destilan odios sin solución.
Elecciones presidenciales 2026 se acercan, y es momento de reflexionar.



