La semana pasada, en medio de la campaña electoral en Colombia, el Gobierno de Petro trajo a Bogotá a decenas de académicos y políticos de todo el planeta para una conferencia sobre 'el nuevo orden económico mundial'. Aunque en Colombia muchas personas no estén de acuerdo con las visiones del gobierno, es innegable que este ha posicionado a Colombia como líder internacional en los debates críticos del momento: la crisis climática, la transición energética, la renegociación de la deuda. Un espacio que ha costado abrir, y que el próximo gobierno no debería desaprovechar.
¿De qué se habló durante la conferencia y por qué nos debería importar?
Tres puntos clave surgieron de la conversación entre reconocidas voces de países tan diversos como Brasil, Túnez y Japón.
Uno. Emergencia de desigualdad
Estamos ante una 'emergencia de desigualdad' que resulta en buena medida de la anticuada y desigual arquitectura económica y financiera global que nos rige. Es decir, la manera como se han definido las reglas comerciales, tributarias y de deuda internacional, para darles beneficios extremos e injustos a ciertos actores (los países del norte), a costa del bienestar básico de otros (los países del sur). Algunos datos indignantes que hacen evidente esta realidad incluyen el hecho de que 3.4 billones de personas en el mundo vivan en países que gastan más en pagos a la deuda externa, que en educación y salud (UNCTAD), dejándonos ante la disyuntiva de 'o pago la deuda, o garantizo derechos'. Otra realidad inaceptable es que existan entre 21 y 31 trillones de dólares en paraísos fiscales (Tax Justice Network) desangrando a nuestros sistemas tributarios. Y en términos de comercio, indigna que se sigan negociando reglas de arbitraje internacional que dejan a los países a la merced de los intereses privados, invisibilizando el bienestar local. Como concluyó en la conferencia el académico Fadhel Kaboub: 'El sistema internacional no fue diseñado por nosotros, ni para nosotros, entonces no podemos seguir esperando que nos traiga beneficios'.
Dos. Coalición del sur global
Cuestionar y transformar este orden internacional requiere, necesariamente, de una coalición entre países del sur global. Si no sumamos voces y mercados, no lograremos ningún cambio. Pero más allá de aliarse en el papel, esta coalición debe ser material y pragmática, aterrizando en cosas concretas que traigan beneficio a los países que solemos 'llevar del bulto' en las negociaciones internacionales. Una propuesta concreta es hacer 'clubes de compradores' (buyers clubs). Esta figura permite que varios países prenegocien condiciones para luego ir en bloque a negociar con grandes multinacionales la compra de tecnologías o productos esenciales como medicamentos. En Europa y África ya se ha empezado a usar la figura. La pregunta es cómo usarla para que dé beneficios a los desaventajados y no a los aventajados.
Tres. Urgencia de reimaginar el orden económico
Reimaginar el orden económico internacional no da espera. Mientras se discute sobre estas posibilidades, las nuevas prácticas geopolíticas y comerciales están llevando al mundo a la que podría ser la peor crisis energética del último siglo. El conflicto en Medio Oriente está poniendo en riesgo el suministro de energía a 75 % de los países del mundo que dependen de la importación petróleo y gas, generando alzas en precios de alimentos y transporte y, por tanto, aumentando la pobreza. Esto pasa a la par que las multinacionales petroleras acaparan ganancias extraordinarias que llegan a los 30 millones de dólares por hora (The Guardian). Como lo mencionó la economista Isabella Weber durante la Conferencia: 'Estos son los mejores momentos para los ricos, y los peores momentos para los pobres', a lo que sumó la necesidad de definir límites, por ejemplo, un techo al precio internacional del petróleo, pues de lo contrario vamos a seguir teniendo inflaciones jalonadas por choques de precios internacionales, que no se podrán controlar aumentando las tasas de interés locales.
En últimas, como lo dijo en la Conferencia la reconocida académica Jayati Gosh: 'la desigualdad no es solo el resultado de tecnologías o choques, sino sobre todo de decisiones de política'. De ahí la importancia de las elecciones que se vienen, pues no estamos eligiendo solo a personas, sino también, paquetes de decisiones públicas que pueden continuar o no alimentando las desigualdades.



