El verdadero poder ciudadano: el trabajo colectivo trasciende la polarización electoral
En esta época electoral, resulta casi imposible mantenerse al margen de las discusiones políticas que inundan chats, redes sociales y conversaciones cotidianas. Estas interacciones se vuelven progresivamente más tensionantes y, en ciertos casos, incluso agresivas, a medida que se aproxima la fecha de las elecciones presidenciales. Este fenómeno responde a la profunda polarización que experimentamos, una realidad que no es exclusiva de Colombia.
La disputa emocional sobre las propuestas
Lamentablemente, las campañas electorales han evolucionado desde la presentación de propuestas concretas hacia una disputa centrada en avivar las emociones de los ciudadanos. Esta estrategia ha generado que las personas muestren un apoyo apasionado hacia los candidatos con quienes comparten visiones, mientras expresan un rechazo igualmente intenso hacia aquellos con posturas opuestas.
Lo más desconcertante de este escenario es la certeza de que, después del 21 de junio y la segunda vuelta electoral, nada cambiará de manera inmediata. Si bien esperamos que quien asuma la Presidencia implemente acciones concretas para resolver los múltiples problemas del país, estos cambios no ocurren de la noche a la mañana.
Las limitaciones del poder presidencial
El primer desafío del próximo mandatario será convertirse en el presidente de todos los colombianos, no solo de quienes lo eligieron. En segundo lugar, es crucial que todos los candidatos comprendan que para materializar transformaciones se requiere actuar con método y estrategia, evitando caer en discursos vacíos que solo generan discusiones infructuosas.
En conclusión, como bien expresa un conocido refrán: esperamos que hagan mucho, pero al menos que si no hacen, que no estorben. A pesar de la importancia capital que tiene la elección presidencial, la cual consume nuestra atención durante meses, es vital recordar que el poder no reside en una sola persona o institución, especialmente en un Estado democrático como el nuestro.
El poder distribuido en la sociedad
Un gobernante no posee una varita mágica para implementar cambios; depende de numerosos factores técnicos, políticos y humanos para avanzar. El cambio social emerge desde múltiples espacios, no exclusivamente desde las posiciones formales de poder político. Esta reflexión adquiere especial relevancia considerando las palabras de un líder social quien, durante un diálogo con empresarios, respondió afirmativamente a la pregunta sobre si su territorio estaría mejor después de las elecciones presidenciales.
Su respuesta no se basaba en las acciones del próximo presidente, sino en el hecho de que hoy, líderes del territorio -incluyendo tanto a líderes sociales como empresarios- ya trabajan conjuntamente, logrando avances sin precedentes en su comunidad, específicamente en la comuna 18 de Cali.
La fuerza del trabajo ciudadano cotidiano
Estas palabras resuenan con profunda verdad: quienes realmente impulsamos el país día a día somos los ciudadanos, a través de nuestras fundaciones, empresas y procesos comunitarios. Si bien es deseable que el Estado mejore la vida de los ciudadanos mediante políticas públicas efectivas, cuando esto no ocurre, la sociedad civil puede avanzar significativamente, siempre que no encuentre obstáculos.
Verdaderamente, lo más poderoso que poseemos los ciudadanos es nuestro trabajo diario en nuestras diversas esferas, pero aún más importante es el trabajo que podemos realizar en conjunto, integrando nuestras distintas perspectivas. No importa cuán diferentes puedan parecer un líder social y un empresario, o una mujer de un barrio vulnerable con otra que ha tenido más oportunidades socioeconómicas.
La diversidad como fortaleza transformadora
Esta diversidad nos vuelve poderosos: la diferencia y el trabajo persistente, que se consolida con el tiempo y genera resultados duraderos cuando se fundamenta en la sostenibilidad y no en el asistencialismo. Por esta razón, iniciativas como Compromiso Valle continúan activas después de cinco años.
Esta no ha sido siempre una historia fácil; hemos enfrentado momentos desafiantes. Sin embargo, quienes perseveramos hemos comprendido el valor de vivir el propósito que construimos colectivamente. Representamos la unión en la diversidad, promoviendo conversaciones y acciones que generan confianza y crean oportunidades, inspirando y movilizando la transformación positiva de personas, comunidades y territorios.
Más que un programa específico, esto constituye una forma de trabajar por el Valle del Cauca y, por extensión, por todo Colombia, demostrando que el verdadero poder reside en la capacidad de los ciudadanos para unirse y crear cambios significativos más allá de los ciclos electorales.



