Germán Vargas Lleras: el legado de un guerrero de la política colombiana
Germán Vargas Lleras: el legado de un guerrero

Creímos que era invencible. Y él también. Los guerreros son así. Germán Vargas Lleras estuvo muchas veces cerca de la muerte: desde aquella noche de agosto del 89, en la plaza de Soacha, en la tarima con Luis Carlos Galán, que marcaría su vida para siempre; la carta bomba en la Navidad del 2002, en el Congreso, con la que perdió varios dedos; el atentado con carro bomba de la carrera 9.ª, en octubre de 2005, que se saldó con nueve heridos de su escolta; la caída del helicóptero en Sandoná, Nariño, en noviembre del 2012; y el accidente en el Caribe en abril de 2002. Con razón pensó que de este último y definitivo duelo también saldría triunfante.

Todo en la vida de Germán Vargas era así: intenso, a fondo, al límite. Desde muy joven y al lado de su abuelo Carlos Lleras Restrepo descubrió su pasión por la política, pasión que lo acompañó todos y cada uno de los días de su vida y que lo llevó a ocupar desde un escaño en el Concejo de Bojacá, a los 18 años, hasta la Vicepresidencia de la República. Muchas alegrías y satisfacciones le traería este camino vital, pero también muchos sacrificios y decepciones.

Su paso por el Congreso y el Gobierno

De sus prolíficos 16 años en el Congreso de la República, cuya presidencia ejerció en el año 2003, dan cuenta infinidad de iniciativas legislativas en materia de justicia transicional, víctimas, desmovilizados, estatuto anticorrupción, seguridad y defensa nacional, estatuto de la abogacía, convivencia ciudadana, ley de orden público, protección a defensores de derechos humanos. No había tema de la vida nacional al cual no se dedicara con verdadero interés. Pero fueron la seguridad, la justicia y la infraestructura a las que dedicó sus mayores esfuerzos, ya no solo como senador sino como ministro y vicepresidente.

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Germán Vargas Lleras hizo de la política un genuino ejercicio de liderazgo. A su manera, con su carácter, con su temperamento, su genio dirían algunos. Entendió la política y el servicio público como el arte de ejecutar, de orientar la acción del Estado a la realización de obras de gran impacto y beneficio común. Sus colaboradores nos han dado testimonio de su particular manera de impulsar los proyectos hasta su culminación. Todo tenía que ser “ya”, como el programa de vivienda ‘Mi casa Ya’, del que tanto se enorgullecía y con el cual se entregaron más de 100.000 casas gratis que, más que soluciones, fueron una semilla de esperanza para tantas familias.

O los centenares de obras de infraestructura, como las 33 autopistas del programa 4G y el programa de vías para la equidad y el de modernización de más de 50 aeropuertos, entre otras muchas obras que supervisaba a diario para asegurar su ejecución en tiempo y presupuesto. Recorrió el país no una, sino varias veces. Disciplina, perfección, sentido de urgencia. Así era su diario vivir.

Compromiso con la seguridad y las Fuerzas Armadas

Su preocupación por la seguridad, el orden público y la lucha contra todas las expresiones de violencia lo llevaron a enfrentar sin cuartel a los carteles del narcotráfico, incluidas las guerrillas y los paramilitares que terminaron haciendo parte de esas mismas estructuras. De allí su compromiso y admiración por las Fuerzas Armadas, a las que sirvió con lealtad ya como dirigente político o como orgulloso teniente de la reserva. Las leyes de extradición, de extinción de dominio, la reforma del código penal y de procedimiento, prevención y sanción de la financiación del terrorismo, de las cuales fue autor o ponente, le costaron para siempre la pérdida de su tranquilidad personal y familiar y muy probablemente su sueño de llegar a la Presidencia de la República.

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Germán Vargas se preparó toda la vida para ser Presidente. Había estudiado el país con seriedad y realismo. De ello dan cuenta los documentos de su última campaña que conservan aún toda su validez. Pero se nos fue muy joven y a destiempo, cuando el país más necesitaba de su liderazgo, experiencia y autoridad y cuando todo por fin parecía alinearse a su favor, se fue, como diría el maestro, sin miedo, con el alma limpia, con la sonrisa plena. Se nos fue con la tranquilidad del deber cumplido, de haber dado todas sus luchas –desde esta misma columna los últimos 7 años– y de haber hecho hasta lo imposible para preservar un país que hoy ve amenazada su democracia y su libertad y que muy a su pesar podrían perderse para siempre. Nos hará una falta inmensa. A su hija y a su nieto, a sus hermanos y su familia, a sus amigos, pero sobre todo a Colombia.