¿Por qué la izquierda colombiana no mira a China como referente ideológico?
Llama profundamente la atención que un amplio sector de la izquierda en Colombia poco observe a China como un modelo de referencia ideológica, manteniéndose anclado en paradigmas del socialismo del siglo XX que han demostrado limitaciones evidentes en otros contextos.
La transformación económica china post-Mao
Tras la muerte de Mao Tse-Tung, China experimentó cambios políticos y económicos profundos que redefinieron su trayectoria como nación. La apertura a los mercados, bajo el continuo control del Partido Comunista, permitió la formación de:
- Una clase dirigente altamente capacitada
- Una tecnocracia eficiente y comprometida
- Una burocracia orientada al crecimiento económico
Estos elementos se combinaron con un objetivo claro: sacar a la población de la pobreza mediante mecanismos innovadores que mantuvieron la estructura política existente.
Resultados que transformaron la geopolítica mundial
El éxito de este modelo es innegable. China se ha convertido en la segunda potencia económica mundial, solo detrás de Estados Unidos, y ha logrado sacar de la pobreza a más de 500 millones de personas. Estas cifras no son meras estadísticas: representan un hito en la historia de la humanidad y un punto de inflexión en las relaciones geopolíticas contemporáneas.
China representa lo que muchos analistas denominan "un segundo aire para las ideas marxistas". Mientras en Europa del Este colapsaban los sistemas socialistas tradicionales y caía el Muro de Berlín, China tomó una ruta diferente. Aunque mantuvo una estructura autoritaria -evidenciada en eventos como la masacre de Tiananmén-, no se estancó en los dogmas del socialismo del siglo XX.
Socialismo industrialista versus capitalismo financiero
Como sostiene el economista Branco Milanovic, China utilizó el comunismo como puente entre el feudalismo y el capitalismo avanzado. El país demostró al mundo que un socialismo industrialista, a la vanguardia de la inteligencia artificial y la robótica, puede competir efectivamente con democracias basadas en capitalismo financiero.
Sin embargo, subsiste una realidad incómoda: China sigue siendo una dictadura. No existe libertad de expresión, la represión a disidentes es severa y la población vive bajo constante vigilancia tecnológica. Pero esta dictadura difiere sustancialmente de modelos como Corea del Norte o Cuba, que permanecieron anclados en el socialismo tradicional.
Élite meritocrática versus oligarquía hereditaria
En China no existe un linaje monárquico que se enquiste como oligarquía hereditaria. En su lugar, opera un sistema donde:
- La élite política debe responder por su desempeño
- La tecnocracia y burocracia tienen responsabilidades claras
- La corrupción tiene límites establecidos
Estos límites existen porque la corrupción desmedida representaría un costo prohibitivo para el avance económico y social del país, haciendo inviable el desarrollo del capitalismo en su formato actual.
La paradoja de la izquierda colombiana
China representa, en muchos sentidos, la verdadera transformación del socialismo del siglo XXI, en contraste con lo que el autor denomina "el esperpento cleptocrático e ineficiente de Chávez en Venezuela". Por ello resulta paradójico que sectores significativos de la izquierda colombiana:
- Permanecen estancados en dogmas del socialismo del siglo XX
- No resuelven la importancia de la inversión privada en los mercados
- Les cuesta rechazar abiertamente dictaduras como las de Venezuela y Cuba
Esto no significa legitimar la pérdida de libertades o acusar a la izquierda colombiana de antidemocrática. Por el contrario, la mayoría de esta corriente política cree en libertades individuales, elecciones libres y alternancia en el poder. El desafío radica en conciliar estos principios con la necesidad de una tecnocracia eficiente y una burocracia coherente con los propósitos políticos de un gobierno progresista.
Mientras tanto, persiste la tendencia a culpar factores externos como bloqueos económicos, en lugar de reconocer problemas internos como corrupción, incompetencia administrativa y falta de libertades fundamentales como causas del empobrecimiento en sociedades que siguen modelos socialistas tradicionales.



