El Ministerio de Igualdad naufraga entre improvisación y negligencia
Ministerio de Igualdad naufraga entre improvisación y negligencia

El Ministerio de Igualdad continúa su proceso de cierre en medio de la improvisación y la falta de claridad. Una treintena de trabajadores de la entidad llevan varios días protestando por la forma en que se está llevando a cabo la liquidación. El Gobierno Nacional, distraído por las elecciones del próximo domingo, ha enviado mensajes contradictorios sobre el futuro de los funcionarios y de la entidad que alguna vez fue una de sus propuestas insignia.

Protestas y falta de diálogo

El sindicato Sintraigualdad se declaró en mesa permanente y convocó al ministro Luis Acosta a diálogos, pero fueron dejados plantados en una reunión de alto nivel. Una circular interna, conocida por El Tiempo, indicaba que el 19 de junio se realizaría la entrega formal de bienes y paz y salvos. Sin embargo, los mensajes han sido confusos para los empleados, quienes denuncian maltrato por parte de la administración.

Declaraciones del viceministro

Hace apenas semana y media, el viceministro (e) de Poblaciones y Territorios Excluidos, Santiago Salinas, concedió una entrevista a El Espectador. Allí destacó la importancia del Ministerio: “Es la primera institución nacional para muchísimas poblaciones: habitantes de calle, adultos mayores, mujeres cuidadoras, pueblos étnicos y campesinos”. No obstante, reconoció que “el Ministerio que existe hoy en día debe cerrar sus procesos administrativos y misionales”.

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Un historial de problemas

El manejo del Ministerio ha estado marcado por el desdén, el desinterés y la negligencia. Inicialmente encabezado por la vicepresidenta Francia Márquez, quien terminó distanciada del presidente Gustavo Petro y denunciando racismo en el Gobierno. Luego pasaron por el cargo Carlos Rosero, Juan Carlos Florián y Luis Alfredo Acosta, sin tiempo suficiente para crear planes a largo plazo. A pesar de que la Corte Constitucional otorgó un plazo extendido para corregir errores de forma, la Casa de Nariño mostró poco interés en darle viabilidad. Al final, el Ministerio ejecutó solo el 8,8 % de su presupuesto y estuvo salpicado por escándalos de acoso laboral, sexual y nombramientos indebidos.

Lecciones para el futuro

El cierre del Ministerio no significa que deban abandonarse las ideas que representaba. Las poblaciones vulnerables requieren atención y políticas públicas dedicadas a romper la desigualdad. Sin embargo, estos cuatro años dejan un mapa de errores: cómo las mejores intenciones se diluyen ante la incompetencia estatal. Es necesario aprender de lo ocurrido para no repetir los mismos fallos.

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