Según el Ideam, existe un 61 % de probabilidad de que se presenten las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño entre mayo y julio de 2026, aumentando progresivamente hasta alcanzar el 90 % a partir de septiembre. Para el último trimestre del año se prevé una intensidad moderada o superior. Esta advertencia, emitida por el Ideam y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, va más allá de un simple pronóstico climático: implica un mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones en la producción de alimentos y energía, con un impacto directo en el bienestar de la población.
La seguridad hídrica como eje central
Los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable, liderados por la campaña BIBO de El Espectador, con la dirección técnica de WWF Colombia y el apoyo de Isagen, proponen que la seguridad hídrica sea el hilo conductor de la conversación en 2026. La seguridad hídrica se entiende como la capacidad de los territorios para anticipar y gestionar los riesgos asociados a la variabilidad climática, preparándose mejor para minimizar las afectaciones ante emergencias.
Ximena Barrera, directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia, señala: “La alerta frente a los fenómenos de variabilidad climática y la posible ocurrencia de un fenómeno de El Niño debe acelerar el fortalecimiento de la gobernanza a nivel territorial para actuar con mayor anticipación, de la mano de quienes habitan el territorio. En Colombia, hablar de agua es hablar de la posibilidad de la vida, del equilibrio de los ecosistemas y de aquello que sostiene la seguridad alimentaria, la energía y el bienestar de las comunidades”.
Ecosistemas sanos para una transición energética justa
En febrero, el Ministerio de Minas y Energía informó que Colombia alcanzó los 4 gigavatios de generación con energía solar, equivalentes al 17,09 % de la matriz energética del país. Este avance es una señal de que la transición energética se está materializando en infraestructura real. Sin embargo, la seguridad energética colombiana sigue dependiendo en gran medida del agua. El sistema energético respira al ritmo de las lluvias, los aportes hídricos y la salud de las cuencas.
Camilo Marulanda, presidente de Isagen, afirma: “Para Isagen, la seguridad hídrica, la generación de energía y el ordenamiento del territorio son tres dimensiones inseparables. La disponibilidad de agua no depende solo del clima, sino también de decisiones históricas sobre el uso del suelo, la ocupación de las cuencas y la protección de los ecosistemas estratégicos”. La protección de la oferta hídrica aumenta la resiliencia del sistema y acelera una transición energética justa, aliviando la presión sobre los embalses cuando el clima se vuelve incierto.
Ejes de los encuentros 2026
La paradoja hídrica en Colombia persiste: alta oferta de agua, pero acceso desigual, calidad deficiente y gobernanza fragmentada. Los Encuentros por el Agua y la Energía Renovable buscan contribuir a la Política Nacional del Agua, actualmente en formulación, para que se traduzca en acciones concretas en los territorios. Los cinco ejes temáticos para 2026 son:
- Ordenamiento territorial, gobernanza de cuenca y gestión de conflictos socioambientales.
- Soluciones basadas en la naturaleza (SbN) como eje agua–energía–clima.
- Gestión del riesgo hídrico y adaptación climática territorial.
- Conocimiento, cultura del agua y capacidades territoriales.
Barrera añade: “Lo que buscan los Encuentros este año es pasar del diagnóstico a la implementación. La Política Nacional del Agua puede ser una oportunidad para ordenar prioridades, alinear actores y aterrizar decisiones en los territorios, especialmente en un momento en que la variabilidad climática obliga a anticipar sus impactos”.
Adaptación y soluciones basadas en la naturaleza
WWF Colombia destaca que las soluciones basadas en la naturaleza son fundamentales para fortalecer las sinergias entre clima y biodiversidad. Conservar y restaurar bosques, humedales, páramos y otros ecosistemas ayuda a capturar carbono, regular el ciclo del agua, reducir la erosión y fortalecer la resiliencia frente a sequías e inundaciones. La protección de cuencas, suelos, nacimientos y bosques no es solo una tarea ambiental, sino una forma concreta de fortalecer la regulación hídrica y reducir la vulnerabilidad.
Marulanda enfatiza: “La transición energética no puede entenderse únicamente como un cambio tecnológico, sino como un proceso profundamente territorial, social y ambiental. La protección de fuentes hídricas, bosques, páramos y cuencas no es un obstáculo para la transición, sino una condición habilitante”.
Una agenda para actuar
Los Encuentros 2026 buscan sacar el agua del lenguaje técnico y devolverla a una conversación pública cercana: cómo asegurar agua de mejor calidad, cómo usar mejor los instrumentos existentes, cómo coordinar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y los Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA), cómo fortalecer la prevención y el monitoreo, cómo restaurar ecosistemas estratégicos y cómo ampliar una transición energética que ayude a responder mejor cuando las lluvias disminuyan.
Marulanda plantea tres prioridades: una gobernanza efectiva del agua en las cuencas, una mejor alineación entre planeación hídrica, energética y territorial, y una inversión sostenida en conservación y gestión del recurso. “Proteger ecosistemas estratégicos, restaurar cuencas y fortalecer capacidades locales no debe verse como un gasto, sino como una inversión clave para la seguridad hídrica, energética y social del país”, afirma.
La nueva Política Nacional del Agua busca fortalecer las acciones de adaptación a la variabilidad y cambio climático, ampliando el componente de gestión y prevención del riesgo para disminuir la vulnerabilidad de los sistemas hídricos. Con el 2030 en el horizonte, la discusión sobre el agua no puede reducirse a cuánto llueve o el nivel de los embalses. El foco debe estar en cómo usar este tiempo de alerta para construir mejores capacidades antes de la próxima emergencia. Los Encuentros 2026 apuntan a construir una agenda conjunta para que el país responda mejor ante el próximo verano intenso y construya territorios más resilientes, con mejor gobernanza del agua, ecosistemas más sanos y una transición energética conectada con la realidad de sus cuencas.



