Entre el 24 y el 29 de abril, la ciudad de Santa Marta se convierte en el epicentro de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Este encuentro, organizado conjuntamente por los gobiernos de Colombia y los Países Bajos, congrega a delegaciones de al menos 62 naciones con el propósito de establecer estrategias que permitan finalizar la dependencia global del carbón, el petróleo y el gas.
Origen de la iniciativa
La iniciativa surge como respuesta a lo que sectores oficiales describen como un bloqueo en las negociaciones climáticas tradicionales por parte de los grandes emisores. Irene Vélez, ministra encargada de Ambiente, ha señalado que la imposibilidad de abordar directamente la extracción y el consumo de hidrocarburos en escenarios como la COP30 motivó la creación de este espacio de discusión honesta sobre medidas de transición coordinadas. La elección de Santa Marta responde a su peso simbólico, al ser el puerto de mayor exportación de carbón en el país, buscando demostrar la viabilidad de la transición desde territorios con economías tradicionalmente extractivas.
Panorama económico y peso de los hidrocarburos
La transición planteada enfrenta desafíos estructurales de gran magnitud en el ámbito financiero. Según datos de la Universidad de La Sabana, para febrero de 2026, los productos de industrias extractivas y combustibles representaron el 33% del valor total de las exportaciones colombianas. En términos de presupuesto público, Ecopetrol proyectó transferencias a la Nación por cerca de 35 billones de pesos para 2025, una cifra que equivale al 7% del Presupuesto General de la Nación y a más del 42% de la inversión nacional total.
Expertos de la Universidad de Santander (UDES) subrayan que el sector de hidrocarburos ha aportado históricamente entre el 40% y el 55% de las exportaciones del país. Además del impacto fiscal, se advierten riesgos en la seguridad energética y el empleo, dado que por cada puesto de trabajo directo en la industria se generan entre cuatro y seis empleos indirectos en sectores como logística, construcción y transporte. En regiones productoras como el Putumayo, la caída del 47,3% en la producción entre 2015 y 2024 ya ha evidenciado una reducción en los ingresos por regalías, que representan hasta el 21% de los recursos departamentales.
Perspectivas técnicas y críticas al modelo de transición
El debate sobre la rapidez y el método de la transición divide a los especialistas. El exministro de Ambiente Manuel Rodríguez Becerra sostiene que restringir la exploración local es ineficiente a nivel global, pues otros países suplirán la oferta de Colombia, afectando únicamente los ingresos fiscales internos y obligando a la importación de gas. Por su parte, sectores académicos de la Universidad Javeriana sugieren que, en lugar de un cese abrupto, se debería garantizar que los recursos generados por la venta de fósiles se reinviertan exclusivamente en el financiamiento de una matriz de energía limpia.
Desde el punto de vista de las reservas, el Tratado sobre Combustibles Fósiles indica que Colombia posee solo el 0,1% de las reservas mundiales de petróleo y menos del 0,05% de las de gas, argumentando que la restricción de nuevos proyectos es un reconocimiento a una realidad geológica inexorable. Sin embargo, la brecha tecnológica es notable: aunque el país cuenta con alto potencial en energía solar, eólica y biomasa, actualmente la electricidad solo cubre el 18% del consumo final, mientras que el petróleo suple el 90% de la demanda en el sector transporte.
Condiciones para una transición viable
Para que el proceso de descarbonización sea exitoso, diversos sectores coinciden en la necesidad de cumplir requisitos técnicos y sociales mínimos. Entre ellos se encuentran:
- Infraestructura: Modernización de la transmisión eléctrica y fortalecimiento del almacenamiento de energía.
- Diversificación Fiscal: Creación de nuevas fuentes de recaudo para sustituir las rentas petroleras.
- Reindustrialización: Aprovechamiento de la industria automotriz y de componentes eléctricos existente para producir tecnologías de transición.
- Políticas de Estado: Definición del rol de Ecopetrol y establecimiento de hojas de ruta específicas para los territorios productores.
Contexto global y justicia climática
A nivel internacional, el escenario es complejo debido a que más del 70% de la demanda energética mundial sigue dependiendo de fuentes fósiles. En 2024, las emisiones de CO₂ alcanzaron un récord de 37,8 gigatoneladas, impulsadas por un crecimiento de la demanda energética del 2,2%. A pesar de los avances en capacidad renovable, potencias como China mantienen un alto consumo de carbón, y la política climática global enfrenta obstáculos por intereses industriales y cambios en liderazgos políticos internacionales.
Finalmente, la conferencia de Santa Marta aborda el dilema ético de la responsabilidad histórica. Los países en desarrollo sostienen que las grandes potencias, que basaron su desarrollo en fósiles durante dos siglos, deben liderar la reducción de producción y proveer financiamiento suficiente para que las naciones con menores emisiones no asuman costos desproporcionados. Aunque el encuentro no busca generar compromisos vinculantes, se establece como un espacio para coordinar la diplomacia climática entre naciones dispuestas a avanzar voluntariamente hacia un modelo post-extractivo.



