Contaminación plástica: las tres zonas más afectadas en Colombia
Contaminación plástica: tres zonas más afectadas en Colombia

Es probable que en algún momento haya escuchado que Colombia es un país anfibio, término que hace referencia a su riqueza hídrica representada en ríos, manglares, arrecifes y humedales. Estos ecosistemas convierten a Colombia en el sexto país del mundo con mayores reservas de agua dulce, una condición privilegiada pero cada vez más afectada por diversas problemáticas, entre ellas la contaminación por plásticos.

Imagine que cada día se arrojan entre 84 y 104 camiones llenos de botellas, bolsas, empaques, pitillos y otros residuos plásticos a estos ecosistemas. Al año, esto equivale a entre 3.100 y 3.800 camiones de basura. Según un estudio de la Plataforma Nacional de Acción sobre Plásticos (NPAP Colombia) publicado este jueves, cada año 31.000 toneladas de plásticos contaminan los ecosistemas acuáticos del país.

Alex Mesa, pescador de Puerto Colombia, Atlántico, recuerda que “anteriormente abundaban los peces, pero ahora no. Se ha perdido por la basura. A veces en los trasmallos plásticos se enredan los peces. También vemos residuos de hospitales que llegan al mar”. A esto se suman otras 98.000 toneladas de residuos plásticos que contaminan los suelos y 202.000 toneladas que se queman a cielo abierto.

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Las zonas más afectadas por contaminación plástica

El estudio, en el que participaron el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Foro Económico Mundial, con apoyo de Canadá, se enfocó en las cinco principales macrocuencas del país: Caribe, Magdalena-Cauca, Orinoquía, Amazonía y Pacífico. Los resultados identificaron tres áreas más afectadas: la macrocuenca Magdalena-Cauca, el Caribe y el Pacífico.

“Allí coinciden tres cosas: una alta presión por residuos plásticos, ecosistemas muy vulnerables y una fuerte dependencia de la naturaleza para actividades como la pesca, el turismo y la provisión de agua y alimentos”, explica Jonathan David Sánchez Rippe, gerente de NPAP Colombia. La parte baja del Magdalena-Cauca y su desembocadura en el Caribe son críticas porque concentran una gran carga de residuos de zonas urbanas y productivas del interior.

La macrocuenca Magdalena-Cauca es la más vulnerable por sus ecosistemas de gran valor, desde páramos hasta bosques tropicales y humedales, aunque presenta menor presión gracias a un sistema de infraestructura más desarrollado para la gestión de residuos. En cambio, en las zonas más remotas como Orinoquía, Amazonas, Pacífico y Caribe, el riesgo se concentra en playas, arrecifes de coral, manglares y hábitats del fondo marino, amenazando la biodiversidad y servicios como la pesca y el turismo.

Orinoquía y Amazonas son las regiones menos estudiadas en cuanto a impactos de contaminación plástica en biodiversidad. “No es que sean zonas de menor importancia, sino regiones con menos información disponible, lo que muestra una deuda de investigación que el país necesita saldar”, señala Sánchez.

¿Cómo afecta la contaminación plástica a la salud humana?

La degradación de ríos, manglares y humedales tiene efectos indirectos en la salud humana, como la pérdida de suministro de agua, calidad del aire, provisión de alimentos y capacidad para reducir riesgos de desastres. Además, los microplásticos están presentes en el aire, el agua y los alimentos, lo que genera preocupación por sus posibles efectos en órganos y sistemas del cuerpo humano.

El informe identificó al menos 52 especies de peces afectadas, como la lisa, la tilapia, el pargo rayado y la mojarra plateada. “Si los peces, moluscos y otros organismos acuáticos están expuestos a plásticos y microplásticos, es una señal de riesgo para la seguridad alimentaria y la salud de comunidades que dependen de esos recursos”, agrega Sánchez. Otras especies afectadas incluyen osos, abejas, bivalvos y el caracol pala.

La mala gestión de residuos es parte del problema. Según un informe de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios de 2024, el 31 % de los vertederos finales operan en emergencia o tienen menos de tres años de vida útil. En lugares como Puerto Carreño, Vichada, los vertederos son basureros a cielo abierto. Aproximadamente el 16.6 % de los residuos se filtran a la naturaleza mediante quema a cielo abierto y sistemas acuáticos y terrestres, lo que aumenta la exposición y riesgos para las comunidades.

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El estudio también señala la presión del turismo en zonas costeras, el uso de plásticos en agricultura y pesca, y las redes fantasmas. “Encontramos una brecha importante de cultura e información: muchas personas no saben cuál es el destino final de sus residuos”, sostiene Sánchez.

Una guía hacia el futuro

Con información obtenida con participación de comunidades de San Andrés, Puerto Colombia y Puerto Carreño, los autores buscan contribuir a la implementación de la Estrategia Nacional de Biodiversidad. “Este informe deja claro el impacto de la contaminación por plásticos, pero también marca una hoja de ruta para actuar”, dice la embajadora de Canadá en Colombia, Elizabeth Williams.

Los siguientes pasos apuntan en cuatro direcciones: sincronizarse con la hoja de ruta de plásticos al 2040 para reducir hasta en un 80 % la contaminación; entender mejor la presión en ecosistemas críticos como Amazonía y Orinoquía; avanzar hacia sistemas de monitoreo estandarizados; y mantener un enfoque que combine ciencia, gobernanza y territorio.

“Este trabajo ya ofrece una base muy sólida, pero también deja claro que el país necesita ampliar la investigación y llevarla a regiones donde el problema existe, aunque todavía no lo estemos viendo con suficiente nivel de detalle”, afirma el gerente de NPAP Colombia.