El debate sobre los hipopótamos en Colombia: sesgos culturales y responsabilidad ecológica
Debate sobre hipopótamos: sesgos vs. responsabilidad ecológica

Colombia enfrenta un intenso debate tras la decisión ambiental sobre los hipopótamos

Colombia se encuentra sumida en un profundo debate nacional luego de que el Ministerio de Ambiente anunciara la aplicación de eutanasia a una parte de la población de hipopótamos en el río Magdalena. Este no es un asunto aislado, sino que pone al descubierto una grieta significativa en la sociedad: la dificultad para reconocer los sesgos que influyen en nuestra percepción de la naturaleza, frente a la responsabilidad ecológica de gestionarla de manera efectiva. Además, el papel de ciertos medios de comunicación en amplificar esta confusión resulta especialmente preocupante, generando desinformación y polarización.

Los sesgos biológicos y culturales que moldean nuestra empatía

Para comprender este fenómeno, es útil referirse al descubrimiento del etólogo Konrad Lorenz, quien describió el Kindchenschema o "esquema de bebé". Este conjunto de rasgos, como ojos grandes y proporciones redondeadas, activa en los humanos una respuesta automática de cuidado. Evolutivamente, estamos programados para proteger lo que se asemeja a un bebé humano, lo que explica por qué empatizamos más con animales cuyas crías nos recuerdan a las nuestras. A este sesgo biológico se suma el sesgo filogenético, que nos lleva a sentir mayor conexión con especies cercanas a nosotros en el árbol de la vida.

La industria cultural, con Disney a la cabeza, ha perfeccionado esta predisposición. En narrativas como Bambi, se altera la anatomía y comportamiento de los animales para hacerlos más humanos, transformando así el sesgo biológico en una norma cultural. Como resultado, aprendemos a considerar que ciertos animales, como Bambi y su madre, son "buenos" y merecen protección, mientras que otros, como hienas o buitres, son vistos como personajes perversos que causan repulsión. Esta distorsión tiene consecuencias graves para nuestra comprensión de la biodiversidad.

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La distorsión mediática y el descuido de la biodiversidad

El resultado de estos sesgos es una visión profundamente distorsionada de la biodiversidad. Durante décadas, la atención se ha centrado en las "especies carismáticas", descuidando a los microorganismos, insectos, hongos y plantas que actúan como los verdaderos sostenedores de los ciclos ecológicos. Algunos medios, como El Espectador, han intentado hacer pedagogía al respecto, pero ha sido lamentable observar cómo figuras como Daniel Coronell o publicaciones como la revista Cambio reproducen y amplifican estos sesgos en lugar de corregirlos.

Titulares que plantean falsos dilemas entre "decisiones éticas o ecológicas", formatos que privilegian la confrontación emocional, y decisiones editoriales que equiparan evidencia científica con opiniones sin sustento técnico, terminan por desinformar al público. Es particularmente preocupante cuando, desde plataformas respetables, se menosprecia la evidencia biológica apelando a traumas cinematográficos infantiles. Difícilmente veríamos a un periodista someter a un oncólogo a un tratamiento similar en una discusión sobre quimioterapia, pero el conocimiento experto en ecología parece ser negociable en estos contextos.

La ciencia como herramienta ética y el fracaso de la educación ambiental

Esta mediación no es inocua, especialmente en tiempos donde las posiciones anticiencia han contribuido al resurgimiento de enfermedades como el sarampión en varios países. La ciencia no es una opinión más; es una herramienta ética fundamental para tomar decisiones en contextos complejos. La funcionalidad ecológica es el resultado de millones de años de evolución, mientras que nuestras construcciones culturales y marcos morales, aunque necesarios, son recientes y no pueden ignorar esta base evolutiva.

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Este debate también evidencia un fracaso en la educación ambiental en Colombia. Hemos aprendido a querer a los animales desde el afecto individual, pero no a comprender los ecosistemas en su total complejidad. Gestionar especies invasoras, como los hipopótamos, no es un acto gratuito de crueldad, sino un ejercicio de responsabilidad hacia la fauna y los sistemas que sostienen la vida, tanto de humanos como de no humanos, en nuestros territorios. Es imperativo que, como sociedad, superemos estos sesgos y abordemos la gestión ambiental con un enfoque basado en evidencia científica y responsabilidad ecológica.