La gestión del riesgo de desastres no puede seguir viéndose únicamente desde la reacción a las emergencias. Para el representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Colombia, Claudio Tomasi, el verdadero desafío está en entender que los desastres naturales son, en realidad, un problema que impacta en el desarrollo. Durante la Primera Plataforma Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el funcionario insistió en que la prevención, la planificación territorial y el fortalecimiento de las capacidades locales deben convertirse en prioridades de los gobiernos si se quiere reducir el impacto de fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.
Desastres que profundizan la desigualdad
“Muchas veces los desastres tocan las zonas rurales, zonas afectadas por el conflicto, territorios donde hay menos capacidad y menos preparación para responder”, afirmó Tomasi, al advertir que las emergencias climáticas terminan profundizando las desigualdades sociales ya existentes. El representante del PNUD explicó que la gestión del riesgo está directamente ligada al desarrollo humano y sostenible, que es precisamente el mandato central de la organización. Según dijo, fortalecer la resiliencia de las comunidades implica aumentar su capacidad de preparación, prevención y respuesta frente a eventos naturales como inundaciones, sequías, incendios forestales o huracanes.
Más allá de la respuesta humanitaria
Para Tomasi, uno de los principales errores de los gobiernos y de la opinión pública es concentrarse únicamente en la fase de respuesta humanitaria posterior a las tragedias. “La noticia típicamente son los desastres y la respuesta inmediata. Y claro que es importante salvar vidas, pero esa no es la clave de fondo”, señaló. En ese sentido, insistió en que los fenómenos naturales por sí solos no constituyen un desastre. El desastre, explicó, aparece cuando esos eventos se combinan con vulnerabilidades humanas, pobreza, falta de planeación territorial o infraestructura deficiente. “¿Cómo podemos, a través del ordenamiento territorial, mejores construcciones y mejor institucionalidad, prepararnos mejor y minimizar el impacto?”, cuestionó.
Inversión en prevención: un ahorro significativo
Tomasi citó estudios internacionales según los cuales por cada dólar invertido en prevención y preparación se pueden ahorrar hasta siete dólares en atención de emergencias y reconstrucción. El representante del PNUD puso como ejemplo las recientes emergencias ocurridas en regiones como La Mojana y Córdoba. Según explicó, las agencias de Naciones Unidas han acompañado la respuesta humanitaria para miles de personas afectadas por inundaciones y otros fenómenos extremos. En 2022, recordó, la atención humanitaria llegó a más de 60.000 personas en La Mojana. Mientras tanto, en 2026, las emergencias en Córdoba ya dejan más de 120.000 afectados atendidos por el sistema humanitario.
Gestión del riesgo como eje del desarrollo
Sin embargo, insistió en que el debate central debe ir más allá de la atención inmediata. “Dentro del desarrollo y de las inversiones territoriales, la gestión del riesgo de desastre tiene que tener un rol fundamental para aumentar la resiliencia”, dijo. Tomasi advirtió además que el aumento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos está poniendo en peligro décadas de avances sociales y económicos en América Latina. El PNUD publicó recientemente un informe regional sobre desarrollo humano y resiliencia que analiza precisamente esa conexión entre pobreza, vulnerabilidad y riesgo climático. “Los desastres están poniendo en riesgo años de inversiones y prácticas de desarrollo”, aseguró.
Contexto colombiano y acciones concretas
En el caso colombiano, Tomasi reconoció que el país enfrenta un contexto particularmente complejo debido a los efectos del cambio climático y a fenómenos extremos como inundaciones, sequías e incendios forestales. Ante la posible llegada del fenómeno de El Niño, el PNUD anunció la firma de un acuerdo financiado por Canadá junto con el Estado colombiano y los cuerpos de bomberos para fortalecer la preparación frente a incendios forestales en 12 corredores estratégicos del país. Entre ellos están el corredor del El Oso y el Agua, en Cundinamarca, y el corredor BioSur, entre Nariño y Putumayo. Según explicó, el objetivo es preparar mejor a las comunidades para responder a incendios forestales mediante cambios en el uso de la tierra, soluciones basadas en la naturaleza y alternativas económicas sostenibles.
Colombia como referente internacional
“Sabemos que esos incendios van a pasar. Entonces la pregunta es cómo minimizar el impacto y cómo preparar mejor a las comunidades”, señaló. Tomasi destacó además el papel estratégico de Colombia en materia de biodiversidad y resiliencia climática. Recordó que el país concentra cerca del 10 % de la biodiversidad del planeta pese a ocupar apenas el 1 % de la superficie terrestre mundial. Por ello, aseguró que las experiencias colombianas podrían convertirse en referentes internacionales para otros países de la región. “Queremos aprender de las experiencias de otros países, pero también exportar las buenas prácticas de Colombia”, concluyó.



