Árboles frutales de Bogotá: una despensa natural en medio del concreto urbano
Caminar por las calles de Bogotá puede transformarse en una experiencia única cuando se observa con atención el arbolado urbano. Entre el bullicio y las estructuras de cemento, diversas especies no solo proporcionan sombra y belleza, sino también frutos que muchos ciudadanos ignoran. La pregunta recurrente es: ¿se pueden consumir estos frutos? La respuesta es afirmativa, pero con precaución, ya que no todos son aptos para el consumo humano.
Es fundamental identificar correctamente las especies antes de ingerir cualquier fruto, lavándolos adecuadamente y asegurando su procedencia. El paisaje urbano de la capital incluye variedades que producen bayas, drupas, vainas y semillas comestibles, ofreciendo una oportunidad para reconectar con la naturaleza y aprovechar sus recursos.
Especies nativas: raíces andinas en la ciudad
Las especies nativas son prioritarias en la conservación de los ecosistemas andinos. Reconocerlas y valorarlas fortalece la identidad natural del territorio y contribuye a proteger la biodiversidad local.
- Papayuela (Vasconcellea pubescens): nativa del norte y centro de Sudamérica, común en Colombia y Perú. Es un arbusto o árbol pequeño que alcanza hasta 10 metros de altura, con hojas estrelladas. Su fruto amarillo se consume fresco o en jugos, cremas y dulces tradicionales. Según el Jardín Botánico, en la medicina tradicional se usan sus hojas para afecciones respiratorias y el fruto para problemas digestivos. Rico en vitaminas C, E y del complejo B, además de calcio, fortalece el sistema inmune y óseo.
- Arrayán: especie nativa que puede superar los 15 metros de altura. Sus frutos se emplean en la tradición cachaca para preparar chicha, guarapo y mazamorra dulce, y como condimento para carnes. La cocción de sus hojas se ha utilizado tradicionalmente para aliviar dolores de cabeza y manejar afecciones como diabetes e hipertensión.
- Nogal (Juglans neotropica): árbol caducifolio que alcanza hasta 30 metros, con hojas aromáticas y frutos carnosos que contienen nueces comestibles usadas en repostería. Se adapta a suelos degradados y cumple un papel ecológico clave al atraer fauna. Además, su fruto sirve como tinte natural y tiene usos medicinales tradicionales.
Especies no nativas: diversidad introducida
Estas especies, aunque originarias de otras regiones, se han integrado al paisaje urbano de Bogotá, ofreciendo frutos con alto valor nutricional.
- Feijoa (Feijoa sellowiana): fruta suramericana muy valorada en Boyacá y Cundinamarca por su aroma y sabor. Se consume fresca o en jugos y postres, con alto contenido de vitamina C, además de vitaminas A, E y minerales como calcio y hierro. Tradicionalmente, se le atribuyen propiedades digestivas y de apoyo contra resfriados.
- Eugenia (Syzygium paniculatum): árbol originario de Australia, común en andenes bogotanos, que alcanza hasta 10 metros de altura. Sus frutos morados tienen sabor agradable y, según investigaciones de la Universidad de Antioquia, contienen polifenoles con alta capacidad antioxidante, útiles para prevenir enfermedades cardiovasculares y cáncer. Aportan vitamina A, fósforo, calcio e hierro, siendo una especie con potencial alimenticio poco aprovechado.
- Sauco (Sambucus peruviana): especie nativa de Centro y Suramérica que crece bien en alturas entre 2.000 y 3.000 msnm. Produce flores blancas y frutos morados en parques públicos. Sus hojas, flores y frutos tienen usos medicinales tradicionales, como aliviar la tos y afecciones respiratorias, y aportan vitamina C y compuestos antiinflamatorios.
Este recorrido por el arbolado urbano de Bogotá revela una despensa natural oculta, invitando a los ciudadanos a explorar y aprender sobre estas especies. ¿Conoce usted otras variedades comestibles en su entorno? La diversidad botánica de la capital espera ser descubierta y valorada, promoviendo un estilo de vida más conectado con la naturaleza.
