De la polarización a la sectarización: cómo la ideología divide hasta el entretenimiento
Sectarización: la ideología divide hasta el entretenimiento

La profecía cumplida: de la polarización a la sectarización total

Nada que hacer. La profecía se ha cumplido. Sin darnos cuenta, hemos transitado desde la famosa polarización política hacia una peligrosa sectarización, un fanatismo del cual parece no haber retorno. Este fenómeno ya no se limita únicamente al ámbito político, sino que ha contaminado aquello que considerábamos más noble y propio de nuestra identidad colectiva.

El virus ideológico que todo lo contamina

El resultado es una sociedad profundamente dividida y enfrentada hasta el delirio, donde ya no es posible compartir ni siquiera un chat familiar, un credo religioso, un programa de humor o una simple transmisión deportiva. La alarma ya había sido dada por los grupos de conversación digital entre amigos e incluso familias, donde la política se ha convertido en un tema absolutamente vedado.

Esta dinámica se extendió progresivamente hacia programas y medios periodísticos que, en lugar de construirse para audiencias abiertas y diversas, se erigen sobre nichos ideológicos y preferencias empresariales específicas. El virus de la ideologización se propagó de tal manera que hoy resulta imposible reírnos todos del mismo chiste cuando el humorista revela -y peor aún, cuando instrumentaliza- su preferencia política.

La cancelación y la confusión de roles

Hemos llegado al preocupante terreno de la cancelación, donde se confunde el rol social con la inclinación política. Esto afecta tanto a quienes proveen el sagrado derecho al entretenimiento como a las audiencias que los siguen, priorizando la afinidad ideológica sobre el carisma o la idoneidad profesional.

La peste ahora alcanza incluso las transmisiones y programas deportivos, cuyos seguidores comienzan a filtrar no por la experiencia o conocimiento en la materia, sino por la coincidencia ideológica. Este fenómeno se manifiesta claramente en la aprobación o descalificación de proyectos mediáticos, como ha ocurrido con el cubrimiento del Mundial de Fútbol.

De influenciadores a policías del pensamiento

Protagonistas y audiencias por igual hemos demostrado nuestra incapacidad para separar la función social de las preferencias políticas. En esta nueva realidad, todos nos sentimos influenciadores, pero también nos convertimos en policías del pensamiento ajeno, sin detenernos a observar la viga en nuestro propio ojo.

La situación se agrava cuando algunas iglesias insisten en vincular creencias, fe y dogmatismos terrenales con alianzas políticas e incluso intereses particulares de algunos de sus líderes. De continuar esta tendencia, pocos rescoldos le quedarán al ser humano para compartir con su propia especie.

El regreso a las cavernas

Se nos fue la mano en la reinvención social. Nos prometieron que volveríamos a la aldea global, a la comunidad conectada, pero en realidad estamos cada vez más próximos a habitar las cavernas del aislamiento ideológico. La sectarización ha demostrado ser más profunda y dañina que la polarización que la precedió, fracturando los últimos espacios de encuentro que nos quedaban como sociedad.