Red de mujeres Las Manuelitas: paz y resistencia en el Cauca
Red de mujeres Las Manuelitas: paz y resistencia en el Cauca

Antes de la firma del Acuerdo de Paz de 2016, Érika formaba parte de procesos sociales y políticos desde lo comunitario y lo urbano. Aunque no figura como firmante del Acuerdo —pues no estaba en los listados iniciales de las Farc-EP—, fue parte de la organización y se transformó en un enlace clave durante estos años de tránsito hacia la paz. En 2017, durante el proceso del cese al fuego final y definitivo y la dejación de armas de las extintas FARC-EP, jugó un rol importante en este hito histórico para la construcción de paz en Colombia. Como muchas otras mujeres, ayudó a organizar, explicar, convocar y preparar a las comunidades para el nuevo escenario del posacuerdo y, al mismo tiempo, trabajó para garantizar que el enfoque de género se tuviera en cuenta.

Desde entonces, Érika tejió vínculos entre mujeres firmantes y no firmantes, víctimas del conflicto y habitantes de la comunidad, a partir de los cuales nació la red de mujeres Las Manuelitas, una iniciativa que hoy es asociación, red de cuidado y proyecto productivo, pero que empezó, sobre todo, como un espacio de encuentro para mujeres con una misma convicción: sostener la paz.

Origen y contexto de Las Manuelitas

Las Manuelitas se gestó en estrecha relación con el antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de La Elvira, que funcionó hasta 2025 en Buenos Aires, Cauca, y que fue cerrado, entre otras cosas, por razones de seguridad. El sueño inició en 2018, como una juntanza orientada a fortalecer el rol de la mujer, su capacidad de liderazgo y la prevención de violencias basadas en género. Esta iniciativa reunió a mujeres provenientes de distintos territorios y trayectorias, y tomó forma como una organización de alcance departamental que articuló procesos del Cauca, el Valle del Cauca y Nariño bajo una misma apuesta: mantener vivo el trabajo de género en el nuevo escenario tras la firma de la paz con las Farc-EP.

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Este proceso no ocurrió en aislamiento. A lo largo de los años, diversas agencias, fondos y programas de la ONU —con el liderazgo de ONU Mujeres y UNICEF, y el acompañamiento de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia— acompañaron iniciativas de cuidado y prevención de violencias, como el reciente proyecto ‘Cuidados para la paz. Somos para la vida’. A ello se sumaron el apoyo institucional de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), así como los aportes de la academia y organizaciones sociales, entre ellas la Universidad Javeriana de Cali y la Corporación Ensayos, que contribuyeron a estructurar y proyectar el proceso organizativo de Las Manuelitas.

Composición y desafíos institucionales

Hoy, la asociación está conformada por 31 personas —26 de las cuales son mujeres— entre firmantes y no firmantes. Dieciocho cuentan con certificación oficial como personas en reincorporación; los demás acompañan el proceso o pertenecen a sus familias. Esta composición mixta refleja la realidad de los territorios, pero también evidencia barreras institucionales persistentes: muchos esquemas de financiación priorizan únicamente a firmantes de paz del Acuerdo, dejando en una posición secundaria a organizaciones que se sostienen en la articulación entre lo comunitario y lo político.

Fortalecimiento económico y proyectos productivos

Ante estas limitaciones, la organización apostó por construir autonomía económica. Su primera iniciativa fue La Trocha Sentires de la Montaña, un espacio comercial que articula una marca de café producida por firmantes de paz de distintas regiones, una exhibición de productos de cooperativas de paz y un espacio de memoria, con fotografías del proceso de paz. El lugar puede visitarse en pleno centro histórico de Popayán, capital del Cauca, a pocos pasos del Morro de Tulcán.

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Más adelante surgió otra iniciativa, la Ruta de la Paz, concebida como una experiencia turística y formativa que articula proyectos productivos, intercambio entre organizaciones y nuevas formas de narrar el territorio. A esta apuesta se suman la producción de una cerveza artesanal, un hostal urbano y alianzas con otros procesos, como el que adelanta la cooperativa CECOESPE, en Timbío, Cauca, donde el agroturismo del café y el glamping amplían las oportunidades comerciales. Estas iniciativas han sido apoyadas y fortalecidas por el Fondo B del programa Prodefensora de ONU Mujeres.

Riesgos y violencia persistente

Pero para Las Manuelitas la paz no es solo un proyecto económico; es también una práctica que se ejerce en medio del riesgo. Robos, seguimientos, amenazas y exilios forman parte de su cotidianidad. Algunas mujeres han tenido que bajar el perfil; otras han salido del país; y varias —incluida Érika— han recibido amenazas de muerte. Aun así, el liderazgo persiste, sostenido por el cuidado mutuo y la convicción de que renunciar no es una opción. Su búsqueda es persistir en la paz.

La violencia ha tocado el proyecto en más de una ocasión. El día de Año Nuevo del año 2020, fue asesinado Benjamín González, ‘Mapita’, un reconocido firmante de paz en Guapi, Pacífico caucano. Este hecho requirió activar por primera vez la red de apoyo y sororidad para proteger a su familia. Poco después, un nuevo asesinato en el sur del departamento confirmó una realidad: la firma del Acuerdo no había cerrado el ciclo de violencia y se necesitaban “respuestas solidarias y colectivas”.

El llamado de la ONU

Este riesgo que enfrentan no es abstracto. Desde la firma del Acuerdo, 491 personas excombatientes han sido asesinadas en Colombia: de ellas, 12 eran mujeres; 179 (17 mujeres) han sido víctimas de intento de homicidio, y 57 han sido dadas por desaparecidas, una de ellas mujer. Así lo reporta el más reciente informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Misión de Verificación de la ONU en Colombia.

El informe señala que, a pesar de los esfuerzos por implementar las disposiciones del Acuerdo de Paz sobre garantías de seguridad, la violencia persiste. El período que abarca el informe (entre el 27 de diciembre de 2025 y el 26 de marzo de 2026) se caracterizó por persistentes desafíos de seguridad para los excombatientes, las comunidades y los líderes políticos y sociales en Colombia. La violencia, incluidos los asesinatos y los desplazamientos forzados, continuó en las regiones afectadas por el conflicto en varios departamentos, entre ellos el Cauca.

Sobre esta situación, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, dijo que, si bien “Colombia sigue siendo hoy, en términos generales, un país más pacífico que durante los años más críticos previos a la firma del Acuerdo de Paz (…), la seguridad se ha deteriorado considerablemente en determinadas zonas, tras las mejoras registradas durante los primeros años de implementación”. El Secretario General recordó que el Acuerdo ofrece un marco integral para abordar muchos de estos retos persistentes y constituye un componente clave de una estrategia global de seguridad. En ese sentido, llamó al Gobierno a que trabaje en pro de la aplicación rápida y plena de dichas medidas e instó a las instituciones estatales competentes a que garanticen la protección de las comunidades. Además, hizo un llamado a todos los grupos armados para que actúen de buena fe en aras de la paz y cesen de inmediato todas las acciones que causan daño y sufrimiento a la población civil, incluido el reclutamiento de niños, la violencia contra las mujeres líderes, los excombatientes y los miembros de las comunidades étnicas.

Reconciliar desde lo cotidiano

A pesar de todos los desafíos, proyectos como el de Las Manuelitas también dan muestras de reconciliación y esperanza. En barrios de Popayán y en veredas cercanas, el trabajo con niños, niñas y adolescentes ha abierto espacios de confianza y diálogo. Para Érika, el hecho de que las familias acepten este acompañamiento es una muestra concreta de reconciliación: una confianza construida desde la presencia, la palabra y el tiempo compartido. Un ejemplo de cómo la construcción de una paz sostenible se nutre de la participación de toda la sociedad, como reafirma la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad. El anhelo de Las Manuelitas es tan concreto como profundo: que sus iniciativas productivas sostengan un fondo común de bienestar, “creado para cuidar a las mujeres de la organización y responder a situaciones donde el cariño, la solidaridad y el cuidado mutuo sean la respuesta”. No buscan crecer sin medida, sino sostenerse con dignidad, transmitir su historia y reafirmar un mensaje que atraviesa todo su trabajo: el compromiso con la paz persiste, incluso en medio de la violencia y las dificultades. Una paz que se construye en juntanza, desde lo civil, desde las mujeres y desde la vida cotidiana tras casi diez años de la firma del Acuerdo de Paz.