El termómetro global no solo mide el avance del cambio climático, sino también la profundización de las brechas de género. Un informe elaborado por la Iniciativa Spotlight, una alianza entre el gobierno de México, la Unión Europea y la ONU, reveló un vínculo alarmante entre la crisis ambiental y la seguridad de las mujeres: por cada grado centígrado que aumenta la temperatura del planeta, la violencia doméstica se incrementa en un 4,7%.
Impacto en contextos extremos
Este impacto se materializa en contextos extremos, como las inundaciones en Bangladés, donde la activista Mathilde Henry, de la oenegé CARE Francia, documenta repuntes drásticos tanto en agresiones de género como en matrimonios infantiles forzados. Ante escenarios de hambruna, las mujeres son las que comen menos.
Pobreza extrema y hambre
Lejos de ser una crisis que exige soluciones a futuro, la inacción climática actual amenaza con hundir a 158,3 millones de mujeres y niñas en la pobreza extrema para el año 2050, según las proyecciones globales del Gender Snapshot de ONU Mujeres. La emergencia ya se siente con fuerza en el acceso a los recursos más básicos. De acuerdo con la organización Acción contra el Hambre (ACF), las desigualdades de género operan como causa y consecuencia directa de la desnutrición en el mundo, un escenario crítico donde existen 47,8 millones más de mujeres que de hombres padeciendo inseguridad alimentaria.
Henry resume esta dinámica advirtiendo que el cambio climático funciona como un acelerador y multiplicador de riesgos sexista, provocando que, ante sequías y pérdidas de cosechas, sean ellas quienes queden al final de la cadena alimentaria, comiendo en menor cantidad.
Recortes en financiamiento
Organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres denuncian recortes masivos. Mientras estas alertas se multiplican, el tejido de apoyo internacional que debería amortiguar el golpe muestra grietas severas. Las asociaciones civiles denuncian un abismo entre las promesas de los líderes políticos y los fondos reales destinados al terreno. Un ejemplo de esta contradicción ocurre en Francia, país que ostenta la presidencia del G7 y que diseñó una estrategia de diplomacia feminista proyectada hasta 2030; sin embargo, en la práctica, los colectivos sociales alertan un retroceso en el financiamiento.
Desde Plan International Francia, Michelle Perrot y sus colegas advierten que el Fondo de Apoyo a las Organizaciones Feministas (FSOF), considerado el estandarte de la política exterior francesa en la materia, sufre recortes graves. Esta asfixia económica ya provocó la clausura de decenas de programas liderados por oenegés internacionales y debilitó a redes locales de primera línea, dejando desprotegidos a millones de beneficiarios.
Este contenido fue creado con apoyo de una Inteligencia Artificial y revisado por un periodista del equipo de Noticias RCN.



