La pobreza que no se ve: historias de supervivencia en el área metropolitana de Bucaramanga
En el barrio Pantano de la Comuna 5 de Bucaramanga, William Antonio Pérez Rodríguez se levanta cada madrugada antes de que el sol ilumine los techos de zinc de su comunidad. Su vivienda, marcada como rancho #5 en la carrera 7 occidente, fue construida con sus propias manos usando ladrillos y una paciencia que solo conocen quienes viven al día.
Esta crónica periodística retrata hogares marcados por la necesidad constante y el sacrificio diario, revelando el rostro menos visible de la pobreza en el área metropolitana de Bucaramanga, donde la vulnerabilidad persiste como una realidad cotidiana para miles de familias.
"Me la rebusco": la filosofía de supervivencia de William Antonio
William Antonio, de 40 años, nunca ha tenido un empleo estable. Esta realidad la acepta sin dramatismo, como quien ya se acostumbró a la incertidumbre. Por eso transformó un rincón de su humilde vivienda en una zapatería improvisada: un banco de madera, herramientas desgastadas y una fila de zapatos esperando ser reparados constituyen su único sustento.
"Lo que gano mensualmente ni siquiera alcanza el salario mínimo, pero intento que sea suficiente para mantener mi hogar y ayudar a mi hijo", explica mientras trabaja entre el olor a pegante y cuero viejo que impregna su espacio de trabajo.
Su historia no es excepcional en Bucaramanga y su área metropolitana. Más bien, representa una puerta de entrada para comprender una pobreza que rara vez aparece en los titulares principales, pero que se esconde en calles donde el trabajo carece de contrato y en hogares donde el tiempo se divide entre sobrevivir y cuidar de los demás.
Las cifras que tienen rostro: 57 mil personas en pobreza multidimensional
Johanna Cárdenas, directora del Programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, analiza esta realidad con la autoridad de quien ha visto las estadísticas convertirse en rostros concretos: "Este informe busca entender la pobreza más allá del ingreso económico. No se trata solo de cuántas personas son pobres, sino de por qué continúan siéndolo".
El Informe Especial de Pobreza, elaborado con microdatos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE y la metodología de Cuadrantes de Pobreza del Departamento de Prosperidad Social, propone examinar el problema desde dos dimensiones fundamentales: los ingresos económicos y las carencias en la vida cotidiana.
Los datos revelan una realidad alarmante:
- Aproximadamente 57 mil personas viven en pobreza multidimensional en el área metropolitana de Bucaramanga
- De estas, 41.600 también son pobres en términos monetarios
- Esto significa que 7 de cada 10 personas con múltiples carencias también tienen ingresos insuficientes
La informalidad como norma: más del 95% sin garantías laborales
William Antonio encaja perfectamente en este perfil estadístico, quizás sin saberlo o tal vez conociéndolo demasiado bien. La informalidad laboral supera el 95% entre quienes viven en esta pobreza bidimensional. Casi todos, como él, trabajan sin garantías, sin estabilidad y sin redes de protección social.
A esta precariedad laboral se suma el bajo nivel educativo de la población más vulnerable. Más del 83% de las personas en situación de pobreza tienen escasa formación académica. En los hogares más afectados, más del 70% de los jefes de familia y sus parejas no superan la educación media básica.
"La pobreza no solo se vive, se hereda", explica Cárdenas. "Cuando uno cruza los datos, encuentra que las carencias se acumulan: falta de educación, informalidad laboral, sobrecarga de cuidados. Todo esto se transmite entre generaciones".
El rostro femenino de la pobreza: mujeres que cargan doble responsabilidad
El informe revela con claridad otro aspecto menos visible: la feminización de la pobreza. El 38% de las jefas de hogar en pobreza bidimensional son madres cabeza de familia, quienes cargan simultáneamente con la responsabilidad de generar ingresos y sostener el cuidado del hogar.
La informalidad afecta especialmente a las mujeres: el 100% de las jefas de hogar y el 88% de las hijas ocupadas trabajan sin contrato laboral. En estos hogares, el tiempo también representa una forma de pobreza: el 31% de las jóvenes dedica hasta siete horas diarias al cuidado de niños pequeños sin recibir remuneración alguna.
Aunque el 30% de estas mujeres logra acceder a educación superior (muy por encima del 5% de los hombres), solo el 38% consigue empleo formal. El resto queda atrapado en una rutina que no genera cotizaciones, no proporciona ingresos estables ni acumula experiencia laboral reconocida.
Testimonios que dan voz a las estadísticas
Marina Sánchez, madre cabeza de familia del barrio Transición, describe su realidad cotidiana: "Aquí no es solo que falte dinero, sino que también nos faltan oportunidades de estudio o un trabajo digno. Muchos trabajamos en lo que salga, rebuscándonos, porque conseguir empleo formal es casi imposible".
"Para nosotras las mujeres es todavía más difícil. Muchas somos cabeza de hogar y nos toca solas con los hijos, respondiendo por la casa y también saliendo a conseguir el sustento", añade con la voz cargada de una experiencia compartida por miles.
La inflación agrava esta situación: "Todo cada día está más caro. La comida, los servicios, el arriendo... todo sube, pero lo que uno gana no alcanza. Hay días en que toca escoger entre pagar una cosa u otra, o estirar la comida como se pueda".
Cinco recomendaciones para enfrentar la crisis
El Programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, basado en el diagnóstico de la respuesta institucional y la caracterización socioeconómica de los hogares en Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, sugiere cinco líneas de acción urgentes:
- Crear una instancia técnica de coordinación metropolitana entre los cuatro municipios, a cargo del Área Metropolitana de Bucaramanga, para desarrollar proyectos conjuntos contra la pobreza que trasciendan límites administrativos.
- Establecer un marco estratégico común con metas unificadas para evitar la dispersión de esfuerzos locales y garantizar una intervención coherente.
- Desarrollar infraestructura de datos interoperable entre los sistemas de salud, educación y vivienda de los municipios metropolitanos, mitigando así la atención fragmentada.
- Validar y complementar información nacional con registros locales para identificar hogares con múltiples privaciones que actualmente quedan fuera del radar institucional.
- Tomar el Marco de Lucha contra la Pobreza Extrema de Bucaramanga como referente técnico regional, incentivando a los municipios metropolitanos a incluir metas específicas contra la pobreza monetaria y multidimensional en sus instrumentos de planeación.
Una rutina que comienza cada amanecer
Al final del día, William Antonio cierra su pequeña zapatería casera. Cuenta las monedas obtenidas, organiza los zapatos que entregará al día siguiente y apaga la luz. Afuera, Bucaramanga continúa su ritmo urbano. Adentro, en esa casa construida con esfuerzo propio, la pobreza no es una estadística abstracta: es una rutina que recomienza con cada amanecer.
Mientras los factores estructurales -ingresos bajos, educación limitada y empleo informal- sigan reforzándose mutuamente, las cifras de pobreza, por más diagnósticos que se elaboren, continuarán teniendo rostros concretos como el de William Antonio y Marina Sánchez, quienes representan a miles de bumangueses atrapados en un ciclo que parece no tener fin.



