La desigual distribución de las tareas de cuidado sigue siendo una de las mayores barreras para la autonomía económica de las mujeres en Colombia. Según la nueva presentación de la Cuenta Satélite de la Economía del Cuidado del Dane, con datos de 2024, ellas realizan el 75% del trabajo de cuidado no remunerado, una carga que, acumulada a lo largo de la vida, equivale a casi tres décadas dedicadas a estas labores sin remuneración, lo que limita el tiempo disponible para otras actividades.
El cuidado no remunerado: el mayor aportante al PIB
El informe revela que en 2024 el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado representó el 19,9% del PIB, equivalente a $340,5 billones. Este valor supera al de industrias clave como el comercio al por mayor y al por menor, que generó $318 billones; la administración pública, $259 billones; las industrias manufactureras, $175 billones; y las actividades inmobiliarias, $126 billones. De esta forma, la economía del cuidado se consolida como el mayor aportante al PIB nacional.
Horas invertidas y brecha de género
Se registraron 44.326 millones de horas dedicadas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en el país. La distribución evidencia una mayor carga para las mujeres, que aportaron el 75,9% del total, frente al 24,1% de los hombres. Es decir, ellas realizan tres cuartas partes de las labores de cuidado. Por tipo de labores, el suministro de alimentos concentró la mayor proporción del tiempo nacional, con un 36,3%; seguido por la limpieza, mantenimiento y reparación del hogar, con un 25,9%; el cuidado y apoyo a personas del hogar, con un 14,4%; el mantenimiento de vestuario, con un 11,7%; las compras y administración del hogar, con un 10,5%; y las actividades de voluntariado, con un 1,2%.
El estrato socioeconómico influye en la participación masculina
El Dane también aclaró que la participación de los hombres en estas labores aumenta a medida que se incrementa el estrato socioeconómico. En los estratos 1 y 2, los hombres aportan el 22,7% de las horas anuales, mientras que en los estratos 5 y 6 su participación aumenta al 28,8%. Del 19,9% del PIB que representa la economía del cuidado, el aporte de las mujeres equivale al 14,8% del PIB, mientras que el de los hombres es del 5,1%.
Analistas: falta de avances en más de una década
Los resultados del Dane confirman que la economía del cuidado sigue siendo el mayor aporte al PIB, pero esta realidad no ha cambiado en más de una década. Desde la primera publicación de la Cuenta Satélite en 2014, su participación se ha mantenido alrededor del 20% del PIB. Cecilia López, exministra de Agricultura y promotora de la Ley 1413 de 2010, que dio origen a estas mediciones, señaló: “Desde 2014, el peso de la economía del cuidado se ha mantenido alrededor de 20% del PIB. Claro que el valor del cuidado aumenta a medida que crece la economía, pero esta tendencia evidencia que las políticas implementadas hasta ahora no han logrado transformar la distribución de estas tareas ni sacar una parte significativa del trabajo de cuidado del ámbito del hogar”.
Agregó que “mientras el cuidado siga concentrado dentro de los hogares, muchas mujeres no podrán alcanzar una verdadera autonomía económica. Dedican entre cinco y siete horas diarias a estas labores, dependiendo de la ciudad y de si viven en zonas urbanas o rurales, lo que reduce el tiempo disponible para el ocio, la formación, el empleo e incluso el descanso”.
Impacto del salario mínimo y envejecimiento poblacional
Para López, tampoco se tuvieron en cuenta las implicaciones del aumento del salario mínimo para las mujeres. “Una profesional que gana entre $6 y $7 millones al mes no necesariamente puede asumir el costo de una trabajadora doméstica, que hoy puede representar cerca de $3 millones mensuales”, explicó. Esta situación ha llevado a que muchas mujeres vuelvan a asumir directamente una mayor carga de las labores de cuidado dentro del hogar. También advirtió que, ante el envejecimiento de la población colombiana previsto para los próximos años, aún no se le da la relevancia que tendrá la necesidad de fortalecer las estructuras de cuidado. “La definición de cuidado va a ir cambiando a medida que entre 20% y 30% de la población tenga más de 60 años, como ya se proyecta. Este es un tema del presente y del futuro; es una decisión de Estado”, señaló.
Llamado a reconocer el cuidado como sector productivo
Laura Moisá, codirectora del Banco de la República, resaltó la importancia de que las labores de cuidado sean reconocidas como un sector productivo. “Aún es el sector de mayor aporte al PIB. Si se transformara en un sector productivo, entenderíamos por qué los modelos no logran explicar por completo el comportamiento económico”. Para las expertas, se debe crear una articulación entre el Estado y el sector privado para generar incentivos que fortalezcan la infraestructura del cuidado. “La labor de sostener la economía del cuidado no debe recaer únicamente sobre el Estado. También hay que incentivar al sector privado para que ofrezca servicios de cuidado en el mercado”, concluyó.
Maternidad e informalidad laboral
Existe una clara correlación entre la maternidad y una mayor probabilidad de caer en el trabajo informal. Así lo reveló el Consejo Privado de Competitividad, que advirtió que el mercado laboral no se adapta a la realidad de las mujeres. De acuerdo con datos del centro de pensamiento, el 79,4% de las madres con más de tres hijos menores de 14 años se encuentran en la informalidad. Si bien este porcentaje se reduce cuando hay un menor número de hijos, la informalidad entre las mujeres sigue siendo mayor en todos los casos.



