Desde los manglares de la ciénaga de Mallorquín hasta la ribera del río Magdalena, bandadas enteras cruzan el cielo, se posan, descansan y vuelven a partir. Están de paso cientos de aves —residentes y migratorias— que han convertido a la ciudad en un punto de escala reconocido dentro de las rutas del Caribe.
Esas especies permiten que este sábado 9 de mayo, Barranquilla se sume al Global Big Day 2026, el conteo de aves más grande del mundo, una jornada de ciencia ciudadana que reúne a miles de observadores en más de 200 países. La participación llega con una cifra que resume años de cambios visibles e invisibles: 171 especies de aves registradas en ecosistemas urbanos, de las cuales 57 son migratorias.
Un dato que habla del territorio
Las aves migratorias recorren miles de kilómetros y dependen de puntos específicos para alimentarse, refugiarse y continuar su viaje. Si se detienen, es porque encuentran condiciones adecuadas. En ese mapa de decisiones naturales, Barranquilla ha comenzado a aparecer con frecuencia.
Sin embargo, el registro no está exento de alertas. Dieciséis de las especies identificadas se encuentran en alguna categoría de amenaza, un recordatorio de que la presencia de biodiversidad no es garantía por sí misma de permanencia si no existen acciones sostenidas de conservación.
Según el Distrito, la consolidación del aviturismo en Barranquilla tiene que ver con la recuperación del vínculo con el río Magdalena, con la apertura controlada de la ciénaga de Mallorquín y con la transformación de parques urbanos que hoy funcionan como pequeños corredores verdes. Estos espacios no solo ampliaron el acceso ciudadano a ecosistemas antes marginados, sino que también mejoraron las condiciones para la observación y el registro de aves dentro de la ciudad.
Una franja abierta al río y al vuelo
El Gran Malecón se ha consolidado como uno de los puntos más activos para el avistamiento de aves en la ribera del Magdalena. Pelícanos, garzas, ibis y cormoranes comparten el paisaje con caminantes, deportistas y turistas, en una convivencia cotidiana que redefine el uso del espacio público. Desde este punto se observa además el Vía Parque Isla Salamanca, considerado por especialistas como el “aeropuerto internacional de las aves”, por donde transitan especies migratorias que conectan Norteamérica con Suramérica.
Otro punto que sintetiza el cambio estructural en la observación de aves en Barranquilla es la ciénaga de Mallorquín. Durante años, el avistamiento se limitaba a recorridos en lancha y con restricciones. Hoy, en el ecoparque, senderos elevados y pasos entre manglares permiten una observación directa y constante.
Los registros que ubican a Barranquilla en el radar científico
El impacto de estos cambios se refleja en plataformas de ciencia ciudadana como eBird. Durante 2026, el sendero de Manglar ocupa el primer lugar en número de listas subidas, seguido por el Gran Malecón. En cuanto a especies observadas en lo corrido del año, el sendero de Manglar lidera con 141 especies registradas, consolidándose como el punto más activo de avistamiento en la ciudad. Tres de los cinco principales sitios de registro están asociados a este ecosistema.
Desde 2024, National Audubon Society se ha convertido en un aliado clave para el monitoreo y conservación de aves migratorias en Barranquilla. Uno de los proyectos más relevantes ha sido el seguimiento con radiotelemetría de la Parkesia noveboracensis, una reinita acuática que emigra desde Canadá y encuentra en el Caribe colombiano un punto de descanso estratégico. Este trabajo ha situado a la ciudad como destino turístico y fuente de información científica sobre rutas migratorias continentales.
El Global Big Day
Barranquilla vivirá este sábado una nueva edición del Global Big Day, con observaciones simultáneas en el bosque de Miramar, el Jardín Botánico, el Gran Malecón, el parque Sagrado Corazón, el Ecoparque del Suroccidente y la ciénaga de Mallorquín. Más que una competencia por sumar especies, el evento integra a la ciudad en una red global de monitoreo de biodiversidad y refleja cómo el avistamiento de aves se ha incorporado a la vida urbana.
Ramón Montes Quiroz, guía profesional de observación de aves, reportó que entre enero y marzo de la última temporada guió a 174 visitantes, en su mayoría extranjeros, interesados en recorrer el Gran Malecón y la ciénaga de Mallorquín. Se trata de un turismo de bajo impacto, dependiente de la conservación del entorno y alejado de los modelos masivos, pero en el que Barranquilla empieza a abrirse paso.



