El diálogo electoral con los trabajadores: una necesidad urgente
Diálogo electoral con trabajadores: necesidad urgente

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El diálogo electoral con los trabajadores

No es simplemente una visión apocalíptica: estamos recorriendo los pasos que vivió el vecino país desde el gobierno de Hugo Chávez. Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias.

Eduardo José Victoria Ruiz. | Foto: El País.

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Eduardo José Victoria Ruiz 17 de may de 2026, 01:03 a. m. Actualizado el 17 de may de 2026, 01:03 a. m.

Primer escenario real

Es frecuente, o mejor inevitable, la conversación entre empresarios, ejecutivos y líderes de opinión sobre la actual suerte del país. Hay temor porque Colombia se siga derrumbando y en cuatro años más de régimen petrista estaremos peor que Cuba y Venezuela. No es simplemente una visión apocalíptica; estamos recorriendo los pasos que vivió el vecino país desde el gobierno Chávez. Allá tampoco los empresarios creyeron que caerían tan bajo, y los trabajadores veían en la 'república bolivariana' la posibilidad del paraíso socialista que jamás se ha dado en América. A diferencia de los colombianos, los empresarios venezolanos tenían la mayor parte de sus inversiones en Estados Unidos, y su éxodo al norte fue triste pero soportable en su subsistencia. En Colombia, el empresariado ha tenido una fe enorme en el país y aquí están mayoritariamente sus inversiones: en tierras, acciones de empresas nacionales de diferentes sectores, en agroindustria, en comercio, en finanzas. El golpe de expropiaciones o estatización de servicios sería mucho más impactante entre nosotros que en Venezuela. Por eso es comprensible el pánico que hay en el sector productivo frente a cuatro años más de petrismo. Los trabajadores allá se quedaron sin empleo, sin seguridad social, y hoy son los judíos errantes de América. Difícil un cuadro más desgarrador que ver ese drama humanitario.

Segundo escenario real

Hace unos meses, a raíz de una de mis columnas, un cañicultor me escribió: “¿Sabes que mis empleados están seguros de tener el mejor patrono, pero así mismo sé que ellos votarán por Cepeda?”. Ese día compartí en un almuerzo el comentario con otro agricultor, el más justo y bondadoso que yo haya conocido, y sé de su obra social en el caserío vecino a sus tierras; su respuesta fue: “Eduardo: creo que a nosotros nos pasa lo mismo. Ellos nos quieren, saben que los queremos y lo bien que están con nosotros, pero votan con la izquierda”.

Invitación a un tercer escenario

Llegó la hora de trasladar el primer escenario, el del temor, el de las historias de los países vecinos, el de la desgracia humanitaria, a la mesa informal con los trabajadores. No olvidemos que los actores de la cadena no terminan en los compradores, los proveedores, el gobierno, los accionistas; los trabajadores son eslabones fundamentales en la cadena social y económica de cada sector. No miremos con susto esa conversación; no vamos a constreñirlos para que voten por Abelardo o por Paloma; simplemente vamos a compartirles el escenario que muy posiblemente llegará si el régimen petrista continúa. Si los aranceles suben, dejaremos de ser competitivos y las miles de mujeres en floricultura y en confecciones perderán sus trabajos; si la delincuencia organizada sigue fortalecida frente a una fuerza pública débil (como les gusta a Petro y a Cepeda), la inseguridad hará inviable la administración en el campo y tampoco atraeremos inversionistas extranjeros. Si los bloqueos y secuestros continúan, el turismo rural desaparecerá, así como las industrias que dependen de alimentos importados como la avicultura o la porcicultura. La mecanización agrícola será una opción, pero una mala alternativa para las comunidades rurales. Como en Venezuela, la empresa privada será inviable.

Ya estamos viviendo el socialismo con el deterioro a la salud, con la incertidumbre con las pensiones, con la inseguridad creciente. Hasta ahora las instituciones que han hecho una defensa heroica de las leyes quedarán sustituidas en los cuatro años que siguen. Nuestros trabajadores deben saber estos riesgos. No esperemos que cuando perdamos las empresas y los trabajadores sus empleos, un día en la calle un indigente se nos cruce en un andén y nos pregunte: “Jefe, ¿usted por qué no nos advirtió lo que venía?”.

Eduardo José Victoria Ruiz

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