Durante la cumbre bilateral celebrada en Beijing el pasado 14 de mayo, el presidente chino Xi Jinping lanzó una advertencia directa a su homólogo estadounidense Donald Trump al preguntarle si podrían evitar la llamada 'Trampa de Tucídides'. La frase, inspirada en la rivalidad entre Atenas y Esparta hace más de 2.000 años, rápidamente se viralizó en redes sociales y reavivó los debates sobre la tensión entre ambas potencias.
¿Qué es la Trampa de Tucídides?
El politólogo Graham Allison popularizó este término en 2015 al analizar 16 rivalidades históricas de los últimos 500 años. En 12 de esos casos, el choque terminó en guerra, desde la rivalidad entre Francia y España en el siglo XVI hasta la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Allison sostiene que cuando una potencia emergente desafía a la dominante, el riesgo de conflicto aumenta, a menos que ambas gestionen sus tensiones de manera efectiva.
En este contexto, la referencia de Xi Jinping al historiador griego Tucídides, quien narró cómo el ascenso de Atenas despertó el temor de Esparta antes de la Guerra del Peloponeso, fue interpretada como una advertencia sobre los peligros de que la rivalidad entre China y Estados Unidos derive en una confrontación mayor. Sin embargo, el mandatario chino también enfatizó la necesidad de evitar ese escenario y trabajar por una relación estable. “¿Podemos centrarnos en el bienestar de ambos pueblos y en el futuro y destino de la humanidad y construir juntos un mejor futuro para las relaciones bilaterales?”, afirmó Xi.
Un contexto de creciente competencia
La advertencia se produjo en un momento de intensa competencia entre ambas naciones. Mientras que en 2017 Beijing llegaba a las negociaciones comerciales bajo presión por los primeros aranceles impuestos por Washington, el panorama en 2026 es muy distinto. El año pasado, la administración Trump elevó los aranceles sobre productos chinos por encima del 140 %, mientras que China respondió utilizando su control sobre las tierras raras —minerales clave para industrias tecnológicas y militares— como mecanismo de presión. A finales de octubre de 2025, tras meses de escalada, Trump y Xi se reunieron en Corea del Sur y alcanzaron una tregua que redujo las tensiones en la disputa comercial.
Diferencias con el encuentro de 2023
La visita de Trump a Beijing también contrastó con la reunión que sostuvo el entonces secretario de Estado, Antony Blinken, con Xi Jinping en junio de 2023, en medio de las tensiones provocadas por el episodio de un globo chino detectado sobre territorio estadounidense. En ese entonces, ambos gobiernos buscaban reabrir canales de comunicación tras meses de deterioro en la relación bilateral.
Durante la cumbre reciente, en cambio, los líderes presentaron avances en temas comerciales y estratégicos. Acordaron definir una “relación constructiva de estabilidad estratégica”, en la que China se comprometió a aumentar sus compras de productos agrícolas estadounidenses y anunció acuerdos para la adquisición de aeronaves de Boeing, mientras que Estados Unidos obtuvo compromisos de acceso a tierras raras críticas para industrias tecnológicas y militares.
Próximos desafíos
Con la próxima reunión entre Xi y Trump prevista para septiembre en la Casa Blanca, la relación entre Washington y Beijing volverá a ponerse a prueba en medio de una competencia económica, tecnológica y militar cada vez más marcada. La pregunta que planteó Xi Jinping en Beijing —si China y Estados Unidos pueden evitar que su rivalidad derive en un conflicto— también estará atravesada por la cuestión de Taiwán, que el líder chino calificó como el asunto que, de no gestionarse bien, podría poner el vínculo bilateral “en grave peligro”.



