Cartagena enfrenta crisis de prioridades: obras cosméticas versus necesidades básicas urgentes
Crisis de prioridades en Cartagena: obras versus necesidades básicas

La dura realidad de las prioridades en Cartagena: entre la supervivencia y las obras cosméticas

En una vida marcada por la precariedad, priorizar se convierte en una habilidad fundamental, incluso de supervivencia. Cuando el dinero solo alcanza para comida o vestido, se elige la comida. Si alcanza para comida o salud, se atiende la salud. O al menos se intentaría. Porque cuando los servicios de salud son inaccesibles, ni siquiera existe la posibilidad de elección. Solo queda esperar a que el sistema responda. Y si finalmente responde, surge otra carga emocional: el peso del privilegio. Saber que otros no tuvieron la misma suerte, que murieron o los dejaron morir lentamente, es una experiencia profundamente dolorosa.

Derechos básicos versus inversiones cuestionables

La salud, la vivienda digna, la alimentación adecuada, el acceso al agua potable y el vestido son derechos fundamentales que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos. Sin embargo, también debemos reconocer que existen diferentes tipos de derechos y, con ellos, diferentes decisiones que tomar respecto a la asignación de recursos públicos dentro de un gobierno que se autodenomina eficiente.

He observado una serie de obras en Cartagena que, para una ciudad con necesidades apremiantes, resultan bastante cosméticas. Dentro de la lista de prioridades, estas inversiones equivalen a optar por morir de hambre para comprarse una crema antiarrugas. El malecón del mar y su emblemática rueda de la fortuna tienen un argumento aparentemente defendible: crear más espacio público. No obstante, como recordó el propio exsecretario de Planeación, la densidad poblacional debería determinar dónde se requiere más equipamiento, mejor movilidad y mayor espacio público.

Mientras en zonas como Bocagrande, Manga, Crespo o Marbella el espacio público efectivo es considerablemente mayor, en sectores del sur de la ciudad apenas alcanza los 2 metros cuadrados por habitante, e incluso menos en algunas áreas. Esta disparidad geográfica evidencia una grave inequidad en la distribución de los recursos urbanos.

Turismo versus necesidades estructurales

Si el argumento para estas inversiones es el impulso al turismo, debemos señalar que Cartagena se ha quedado notablemente pequeña para la demanda actual. Incentivar el turismo no debería ser la prioridad cuando la movilidad y el equipamiento urbano son insuficientes y caóticos. A pesar de nuestros innegables atractivos turísticos, la experiencia para los visitantes se ve seriamente afectada por estos y otros problemas que duelen aún más a los residentes permanentes.

En diversas calles de Cartagena se pueden observar hileras interminables de automóviles y motocicletas estacionados en la vía pública, simplemente porque no existen parqueaderos suficientes. No se exige a los constructores ni a otros actores urbanos que provean estos espacios, lo que fortalece el negocio implacable de los pocos parqueaderos privados que cobran tarifas arbitrarias y excesivas.

La crisis de movilidad y transporte público

Las vías, ya de por sí insuficientes y estrechas, están saturadas por un parque automotor desbordado, inculto y desordenado que irrespeta sistemáticamente todas las normas de tránsito, sin que exista una autoridad efectiva que los controle. Invertir en ampliar las vías, en educación y cultura ciudadana, y obligar a constructores o establecimientos comerciales a construir parqueaderos son demandas históricas que siguen sin atenderse.

La movilidad y el transporte público eficiente son elementos esenciales para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y seguramente los turistas también lo agradecerían. De acuerdo con los datos de Cartagena Cómo Vamos (CCV), solo el 20% de la población utiliza Transcaribe, mientras que más del 40% depende del transporte informal. Estas cifras revelan un panorama preocupante que requiere análisis profundo y acciones concretas.

Falta de planeación y control territorial

¿Qué sucede con el control urbano, el ordenamiento territorial y la planeación de acuerdo con la proyección del crecimiento demográfico y urbano? Existe una preocupante permisividad y amplitud para inversiones y obras que, en lugar de resolver los problemas existentes, los agravan o generan nuevos desafíos.

Las prioridades existen por una razón fundamental. No es casualidad que en la encuesta de Cartagena Cómo Vamos solo el 35% de los ciudadanos considere que la ciudad va por buen camino. Las mayorías tienen clara la situación, aunque algunos medios y ciertos sectores intenten presentar una realidad diferente. La desconexión entre las inversiones públicas y las necesidades reales de la población sigue siendo uno de los mayores desafíos que enfrenta Cartagena en su desarrollo urbano y social.