“El amor a la tierra es superior”, afirmó el anarquista y cineasta español Luis Buñuel. Lo dijo mientras paseaba por el sur de España, una región marcada por la pobreza y la miseria, observando que, a pesar de todo, la gente no emigraba en busca de nuevos horizontes, como en su momento lo hizo Pizarro, el conquistador analfabeto que criaba cerdos en Extremadura. Y Buñuel tenía razón: es un amor que trasciende lo racional.
Un paisaje que evoca a España
Un mundo similar lo encontramos en la Mesa de los Santos, una zona con áreas áridas y olvidadas que recuerdan a Extremadura y Andalucía, donde el sol no da tregua y los veranos parecen interminables. Son parajes que el turista desconoce o evita en su falsa comodidad.
Visitamos a una paciente acompañados por Pastor Virviescas, mientras en el camino sonaba La Marsellesa, animando el paisaje y la charla. Tras recorrer una carretera polvorienta (sin barro), donde la camioneta patinaba, llegamos a la casa de la señora. Nos esperaba con su rostro inescrutable, su piel morena surcada por profundas arrugas que le otorgaban dignidad e inspiraban respeto.
La dura realidad del campo
Logramos apreciar la aridez del lugar. “Hace dos años que por aquí no cae una gota de lluvia”, nos dijo la señora, quien nos recibió junto a su esposo, un hombre silencioso. Ella llevaba la conversación mientras él permanecía callado, sentado en una vieja silla que se hundía. El agua que vimos en una pileta era amarilla. Nos confesó que, cuando se sentía deprimida, salía a caminar y se le pasaba toda tristeza, porque con ese calor hasta las lágrimas se le secaban.
Le preguntamos por qué no se iban de allí, pero su respuesta fue contundente: “Ni muertos. ¿Irnos para Bucaramanga a morirnos en un apartamento, viendo televisión y sin poder salir para que no lo roben o lo maten a uno, y perdernos los sonidos del campo, el canto del búho, de los grillos y de los pájaros (que aquí también hay), para acabar oyendo pitos y ruido de motos?”. En silencio, le dimos la razón, mientras al fondo dos camuros raquíticos lamían las piedras, moviéndose lentamente. Era un paisaje lunar lo que veíamos, a solo 40 minutos de Bucaramanga.
Reflexiones finales
Les entregamos el mercado que les llevábamos y una pierna de cabro que compramos en el camino, y regresamos escuchando de nuevo La Marsellesa, mientras pensábamos cuánta razón tenía Buñuel, quien también dijo: “La realidad, sin imaginación, es la mitad de realidad”.
Nota: El País de España publicó que la mejor hamburguesa del mundo se come en España: Hundred Burgers. “La hamburguesería, con locales en Valencia y Madrid, se consolida en la primera posición del ranking ‘The World’s Best Burgers’ por segundo año consecutivo”. ¿Y no que Bucaramanga era la capital de las hamburguesas?



