La Alcaldía de Bucaramanga ha alzado su voz para exigir la finalización de las obras en los colegios Santander, Tecnológico e Inem. Estas instituciones, pilares de la educación pública local, llevan tres años esperando la culminación de trabajos que, además de mejorar la infraestructura, representan un compromiso con más de tres mil jóvenes.
Deuda millonaria y promesas incumplidas
El municipio adquirió una deuda millonaria para estos proyectos, pero las comunidades educativas aún sufren demoliciones sin reconstrucción, promesas sin cumplimiento y un silencio administrativo injustificable. Es insólito que un contrato adjudicado en noviembre pasado no haya visto avances significativos. El alcalde Portilla ha concedido plazos y realizado seguimientos, pero la paciencia tiene límites cuando los estudiantes ven cómo demolieron su coliseo y sus aulas sin que nada nuevo se levante. Findeter no responde a los requerimientos y la licencia de construcción ni siquiera se ha obtenido.
Contradicción institucional
Esta situación envía un mensaje contradictorio a los jóvenes: mientras se les exige puntualidad y cumplimiento en sus tareas, el Estado y sus gobernantes incumplen, evaden responsabilidades y postergan lo que debió estar listo hace años. ¿Qué lección recibe un adolescente cuando su colegio lleva tres años sin el edificio prometido? Esta contradicción derrumba cualquier discurso sobre responsabilidad y siembra la idea de que el incumplimiento es moneda corriente entre quienes mandan.
Tres pilares históricos
El Tecnológico, con 138 años de historia, junto al Inem y el Santander, son pilares de la educación pública en Bucaramanga, formadores de generaciones ilustres. Merecen una planta física moderna, segura y eficiente. Los estudiantes necesitan laboratorios dignos, coliseos en pie, baterías sanitarias que funcionen y aulas sin filtraciones. La demolición de espacios deportivos sin una construcción paralela es un castigo inaceptable para quienes solo quieren aprender y recrearse en condiciones normales.
Exigencia de acciones concretas
La Alcaldía ha hecho bien en exigir, pero debe asegurarse de que se pase de las palabras a las acciones. Si Findeter y los contratistas no cumplen, deben aplicarse sanciones y buscar alternativas viables. Los muchachos no pueden esperar años. El municipio debe dar el ejemplo: que los gobernantes cumplen su palabra con la misma rigurosidad que se exige a los alumnos. Es necesario que el Estado recupere su credibilidad entre los jóvenes, forjando líderes para el futuro. No bastan conferencias sobre el valor del esfuerzo; las obras deben terminar y los colegios brillar como merecen.



