La rutina diaria de los últimos emboladores de Cartagena
Las jornadas de Julio Erazo Cásseres bajo la sombra del emblemático Palito de Caucho siguen un patrón repetitivo y desalentador. Cada mañana, puntualmente a las 7, abandona su hogar en el barrio Olaya Herrera para dirigirse al Centro Histórico de Cartagena, donde organiza meticulosamente su puesto de trabajo. Prepara su caja, los cepillos, los betunes y se sienta a esperar. Sin embargo, la espera suele extenderse hasta las 6 de la tarde sin que aparezca ningún cliente, obligándolo a regresar a casa sin haber obtenido ingresos.
Esta realidad no es exclusiva de Erazo Cásseres, sino que se ha convertido en el pan de cada día para los pocos emboladores que aún persisten en este oficio tradicional. Lo que en otra época les permitía vivir sin preocupaciones económicas, hoy se ha transformado en una lucha diaria por la supervivencia.
La drástica reducción de un gremio histórico
Julio Erazo Cásseres relata con nostalgia cómo la situación se ha deteriorado progresivamente. "De más de 20 emboladores que alguna vez llegaron al Palito de Caucho a ganarse la vida, hoy solo quedamos 11", afirma con visible tristeza. Las causas de esta reducción son múltiples: algunos han fallecido, otros han enfermado y varios simplemente se han cansado de esperar clientes que nunca llegan.
El propio Erazo Cásseres reconoce que en ocasiones se cuestiona qué lo motiva a mantener esta rutina cuando el oficio ya no es rentable. Sin embargo, su determinación se sustenta en un legado de más de cinco décadas que considera invaluable para la memoria cultural de Cartagena. "Un legado de más de 50 años embolando zapatos en este sitio tradicional de la ciudad es algo que no deber ser olvidado", sostiene con convicción.
La ausencia de relevo generacional
Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación es la completa falta de relevo generacional. Los emboladores que mantienen vivo este oficio son todos adultos mayores que han dedicado su vida entera a esta labor. Su perseverancia no responde a motivos económicos, sino a un profundo amor por su trabajo y al deseo de preservar lo que consideran un patrimonio vivo de la ciudad.
Estos hombres han sido testigos de cómo Cartagena ha transformado su esencia comercial en un destino turístico masivo, cambio que ha afectado directamente su sustento. "Antes el Centro era un epicentro comercial, hoy en día es epicentro turístico y nosotros sentimos que no encajamos ahí porque el turista no viene a embolarse los zapatos", explica Erazo Cásseres.
Factores que aceleraron la decadencia
La transformación urbana de Cartagena ha jugado un papel determinante en la crisis de este oficio tradicional:
- La implementación del sistema Transcaribe desplazó a miles de vendedores del Centro Histórico
- El auge de centros comerciales alejó a la clientela habitual
- La reubicación de empresas a otras zonas redujo el flujo de trabajadores
- La conversión de edificios en hoteles y bares cambió la dinámica del área
- La pandemia por COVID-19 terminó de agravar la situación
Actualmente, los emboladores sobreviven gracias a la lealtad de antiguos clientes que se han convertido en amigos a lo largo de los años. "De eso estamos viviendo, de la anuencia de los amigos, porque con el trabajo que de vez en cuando logramos hacer, no nos alcanza", reconoce uno de los trabajadores.
El llamado urgente a las autoridades
El año pasado, los emboladores recibieron la visita del alcalde Dumek Turbay, quien les prometió un proyecto para dignificar su labor. Aunque varias dependencias municipales realizaron censos y evaluaciones, hasta el momento no se ha materializado ninguna iniciativa concreta.
Los emboladores valoran la intención del mandatario, pero insisten en la necesidad de establecer una mesa de trabajo donde puedan exponer sus necesidades reales. "A nosotros nos satisface su buena intención, pero sí queremos que mire bien qué va a hacer, porque ya embolada no hay", argumenta Erazo Cásseres.
Kevin Reyes Miranda, gestor social que acompaña a los emboladores, explica la propuesta que buscan presentar al Distrito: "Esta labor tiene más de 50 años y eso debe ser reconocido. Muchos de ellos no cuentan con ninguna pensión ni tienen un respaldo. Por eso hacemos el llamado al Distrito, para dar a conocer esta problemática viviente".
Respuesta institucional y esperanzas futuras
La Gerencia de Espacio Público confirmó que está impulsando un proyecto de renovación del entorno del Palito de Caucho que va más allá de la transformación física. "Esta intervención reconoce que los espacios públicos del Centro Histórico no solo se construyen con infraestructura, sino también con las personas que les dan vida, como nuestros emboladores", señalaron.
La entidad municipal reconoció explícitamente la problemática de sustento que enfrentan estos trabajadores y afirmó que están trabajando en soluciones articuladas con otras dependencias. "Somos conscientes de que muchos de estos gremios tradicionales están conformados principalmente por adultos mayores que durante décadas han sostenido estos oficios", manifestaron.
El proyecto contempla espacios de socialización donde los emboladores podrán conocer la propuesta de primera mano y participar activamente en su desarrollo. La iniciativa busca no solo preservar el legado cultural que representan estos trabajadores, sino también dignificar su labor y garantizarles un sustento en sus años de vejez.
