La resiliencia no es cuestión de generación: estudios desmienten mito sobre fortaleza intergeneracional
Mientras esperaba en la fila para ingresar al cine, escuché una conversación entre dos personas que insistían en afirmar que las generaciones anteriores eran más fuertes y resilientes que las actuales. Argumentaban con ejemplos concretos, mencionando que "nos tocó más duro y no nos doblamos, sino que resistimos".
Esta reflexión me llevó a investigar si realmente existía fundamento científico para tales afirmaciones. La respuesta, basada en estudios recientes, es concluyente y desmitifica esta creencia ampliamente extendida.
Evidencia científica desmonta mito generacional
Las investigaciones más recientes sobre resiliencia, realizadas entre 2023 y 2025, muestran que no existen diferencias concluyentes que permitan afirmar que una generación, como la nacida en los años 60 y 70, sea inherentemente más resiliente que otra. Los estudios comparativos e intergeneracionales indican claramente que la resiliencia depende más de factores personales y contextuales que de la generación a la que se pertenece.
Entre los elementos determinantes se encuentran la experiencia acumulada a lo largo de la vida, la autoeficacia percibida, la calidad del apoyo social disponible y el momento vital específico de cada individuo. Estos factores demuestran ser mucho más predictivos de la capacidad de resiliencia que simplemente la época en que alguien nació.
Factores que realmente importan en la construcción de resiliencia
La evidencia científica coincide en que la resiliencia no es un rasgo generacional fijo, sino un proceso dinámico que se construye a lo largo del tiempo. Se trata de una historia íntima que se escribe en la vida de cada persona, donde dos individuos pueden haber nacido en la misma época y país, pero experimentar realidades completamente distintas.
Los elementos clave que marcan la diferencia incluyen:
- Presencia o ausencia de apoyo emocional durante el desarrollo
- Existencia de referentes positivos en el entorno cercano
- Acceso a oportunidades educativas y de crecimiento personal
- Calidad de las redes sociales y familiares disponibles
- Recursos internos desarrollados a través de experiencias previas
Reducir la resiliencia a la simple idea de que "los de antes eran más fuertes" significa simplificar algo que es profundamente humano y complejo. Lo que realmente marca la diferencia no es solo la dificultad vivida, sino cómo se atravesó esa adversidad, con qué recursos internos se contaba y, especialmente, con qué tipo de apoyo se disponía en el entorno inmediato.
El contexto como determinante fundamental
El entorno en el que se desarrolla una persona juega un papel crucial en su capacidad de resiliencia. No es lo mismo enfrentar la adversidad contando con redes de apoyo sólidas, educación emocional adecuada y cierta estabilidad básica, que hacerlo en condiciones de soledad o en ambientes hostiles y carentes de recursos.
Algunos hallazgos de investigación sugieren que los adultos mayores han manejado mejor crisis recientes como la pandemia, pero esto se explica principalmente por su mayor desarrollo emocional y trayectoria de vida acumulada, no por haber crecido necesariamente en contextos más duros o desafiantes.
La resiliencia se construye a través de las experiencias de vida, el aprendizaje emocional y la capacidad de adaptación que cada individuo desarrolla a lo largo de su existencia. Es un proceso continuo que puede fortalecerse en cualquier etapa de la vida, independientemente de la generación a la que se pertenezca.



