El aumento de los casos de enfermedades respiratorias en Colombia se está consolidando como un nuevo factor de riesgo para la productividad empresarial, en medio del inicio de la temporada de lluvias. Según datos del Instituto Nacional de Salud, el país ya supera 1,2 millones de atenciones por infecciones respiratorias agudas, un fenómeno que traslada sus efectos desde el sistema de salud hacia la operación de las empresas.
Impacto en sectores clave de la economía
La presión no es menor si se tiene en cuenta que los sectores más expuestos a este fenómeno —como comercio, turismo y servicios— concentran cerca del 60% de la actividad económica del país. En estos segmentos, el aumento de contagios se traduce en mayores ausencias laborales, lo que afecta la continuidad de las operaciones y eleva los costos asociados al reemplazo de personal.
Temporada de lluvias impulsa contagios
El comportamiento de las enfermedades respiratorias tiene un fuerte componente estacional. Con el inicio de las lluvias en varias regiones, se generan condiciones que facilitan la propagación de virus como la influenza, el covid-19 y el virus sincitial respiratorio. Factores como la alta humedad, los cambios de temperatura y la mayor permanencia en espacios cerrados aumentan la probabilidad de contagio. Este patrón ya es evidente en ciudades como Bogotá, donde cerca del 60% de los casos de infecciones respiratorias se concentran en temporadas de lluvias.
Ausentismo laboral presiona costos y operación
El impacto de este fenómeno se refleja directamente en el ausentismo laboral. Según cifras de la Andi, las empresas en Colombia asumen costos cercanos a $48.414 mensuales por trabajador asociados a ausencias laborales, lo que equivale a más de $580.000 al año por empleado. En escenarios de alta circulación viral, estos costos tienden a incrementarse de forma significativa. Además del impacto económico, las ausencias generan desafíos operativos: la reducción de personal disponible obliga a redistribuir cargas de trabajo, afecta los niveles de servicio y puede comprometer la productividad. Sectores que dependen del contacto directo con los usuarios, como comercio, educación y transporte, son particularmente vulnerables a estas disrupciones.
Infraestructura de higiene, clave para contener el impacto
Frente a este escenario, las medidas de prevención cobran un papel determinante. El lavado frecuente de manos sigue siendo una de las estrategias más efectivas para reducir el riesgo de contagio, con potencial de disminuir en más de 20% los cuadros de infecciones respiratorias. Sin embargo, su implementación enfrenta limitaciones en espacios de alta concurrencia. “El reto no es solo promover el lavado de manos, sino garantizar que los espacios permitan hacerlo de forma segura”, señaló Felipe Gómez, director de Negocios de Higiene Profesional en Tork Andina-Caribe. En muchos entornos, el uso de sistemas de dispensación abiertos incrementa los puntos de contacto y reduce la efectividad de las medidas de higiene.
Para este experto, la infraestructura de higiene se convierte en una variable estratégica para las empresas. Los sistemas de dispensación controlada, que reducen el contacto entre usuarios y optimizan el uso de insumos, están ganando relevancia como herramientas para mitigar riesgos operativos. Esto no solo contribuye a la prevención de contagios, sino que también genera eficiencias en el consumo y mantenimiento de recursos.
Desafío para las empresas
El desafío para las empresas es anticiparse a los picos de contagio en un entorno donde la salud pública y la operación económica están cada vez más conectadas. En un país donde gran parte del crecimiento depende de sectores con alta interacción presencial, la gestión del riesgo sanitario comienza a consolidarse como un factor clave para sostener la productividad.



