Julián Giraldo Mejía: 18 días en coma y la lucha por una segunda oportunidad
Julián Giraldo Mejía: 18 días en coma y su segunda oportunidad

Julián Giraldo Mejía: 18 días en coma y la lucha por una segunda oportunidad

Esta es la portada del libro que relata la historia de Julián Giraldo Mejía, quien debió aprender de nuevo a hablar, a caminar y a amar. La obra narra un episodio crítico de su vida, marcado por un accidente cerebrovascular (ACV) que lo llevó al borde de la muerte.

Capítulo 3: U319: 18 días con sus noches

Julián Giraldo Mejía permaneció dos meses en la Clínica Fundación Santa Fe de Bogotá, donde le salvaron la vida. Estuvo 18 días en coma, inconsciente, conectado a aparatos que monitoreaban sus signos vitales, pulsación cardiaca, niveles de respiración, saturación y actividad cerebral. La cirugía a la que fue sometido parecía una operación interplanetaria dirigida por la NASA, más que un procedimiento quirúrgico convencional.

Como consecuencia del ACV, parte de su cerebro estaba destruido e inflamado, con el riesgo de que ya no cupiera dentro del cráneo y explotara. Una de las primeras decisiones que debieron tomar su pareja, Carlos Laguna (Lagu), y su madre, Rubiela Mejía, era si someterlo a una cirugía en la que posiblemente tuvieran que extraer una parte importante del hueso del cráneo e incrustarlo en su estómago, para evitar que el hueso "muriera" y el cuerpo siguiera reconociéndolo como suyo.

Ante esa gran decisión, el criterio de Lagu fue preguntarse qué pensaría Julián. "¿Si fuera decisión de Juli, se sometería a la cirugía?", se preguntaba él mil veces. Lagu, conocido por su tono reflexivo, siempre buscaba ver las opciones de cada caso. Él y doña Rubiela confirmaron al cuerpo médico que tenían la autorización para llevar a cabo esa operación de alta complejidad, a pesar de las barreras legales.

Barreras legales y decisiones de vida

El cuerpo médico fue enfático en decir que, aunque Lagu se presentara como su pareja, legalmente no tenía autorización para tomar decisiones, puesto que en Colombia no existía validación legal para las parejas del mismo género en ese momento. Sin embargo, Lagu sabía que Julián optaría por cualquier oportunidad de vivir, basándose en su carácter positivo y su filosofía de ver el vaso más lleno que vacío.

Julián y Lagu, como socios, se habían anticipado a situaciones así, firmando seis meses antes del accidente un documento conocido como "declaración de gobierno corporativo", que los autorizaba mutuamente a tomar decisiones en caso de incapacidad. Esto reflejaba la profundidad de su relación y confianza.

El despertar y la campaña de esperanza

La cirugía fue ejecutada con maestría, pero la incertidumbre persistía. Los médicos temían que Julián quedara cuadripléjico o sin capacidad de comunicación. Sin embargo, una tarde, Lagu le declaró su amor al oído, prometiéndole pasar el resto de sus vidas juntos si se levantaba. Una lágrima cayó por la mejilla de Julián, mostrando que estaba escuchando.

A partir de ese momento, Lagu inició una campaña alentadora en la habitación U319, prohibiendo la tristeza, la desesperanza y las malas vibras. Angélica Quintero, una fisioterapeuta de la Fundación Santa Fe, recordó en entrevistas que la habitación de Julián era un espacio de esperanza y optimismo, contrastando con la oscuridad típica en tales situaciones.

18 días de apoyo incondicional

Durante los 18 días en coma, Julián estuvo rodeado de familiares y amigos, incluyendo a su madre, Carlos Laguna, Jessica Sánchez, y muchos otros, quienes dejaron parte de sus vidas para acompañarlo. Se sintió como en "La puerta del no retorno", una metáfora de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde la muerte parecía cercana.

Su madre, doña Rubiela, entendía la gravedad, asimilando que llegar a la UCI implicaba haber pasado por muchas puertas antes, con la muerte al final. En un momento, ella olió "flor de muerto", pensando que era el anuncio de su fallecimiento, y buscó urgentemente un sacerdote para aplicar los santos óleos, aunque Julián no se rindió.

La frase que lo mantuvo unido

Julián siempre decía "todo va a estar bien" en situaciones difíciles, transmitiendo calma a quienes lo rodeaban. Sin poder hablar desde la cama, Lagu se tatuó esa frase en el brazo izquierdo a los ocho días del accidente, como un recordatorio constante de lo que Julián querría decirle.

Despertar y segunda oportunidad

Mientras casos como Karen Ann Quinlan, Terry Schiavo, Bobbie Kristina Brown y Gustavo Cerati terminaron en tragedia tras años en coma, Julián Giraldo Mejía despertó a los 18 días, luego de estar con traqueotomía para respirar y gastrostomía para alimentarse. Comenzaba así su segunda oportunidad, una historia de resiliencia, amor y esperanza que inspira a muchos.

Esta narrativa no solo destaca los desafíos médicos y legales, sino también el poder del apoyo emocional y la determinación humana para superar adversidades extremas.