Español con depresión intratable lucha por eutanasia tras 20 años de sufrimiento crónico
Depresión intratable: español lucha por eutanasia tras 20 años

El drama de Pere: 20 años de depresión intratable y la lucha por una muerte digna

En el corazón de Cataluña, la historia de Pere Puig Ribas, un vecino de Reus de 54 años, pone rostro humano a una de las realidades más complejas de la Ley de Eutanasia española. Desde hace dos décadas, Pere convive con una depresión severa crónica y resistente que ha transformado su existencia en un ciclo ininterrumpido de ansiedad las 24 horas y ataques de pánico diarios.

Un sufrimiento que no cesa

La cotidianidad de Pere se desarrolla principalmente postrado en una cama, con una discapacidad reconocida del 68 por ciento y una degradación física que le ha hecho perder 10 kilos de masa muscular. "Desde hace tres años me paso el día en la cama y tengo una discapacidad del 68%, pero la comisión de la eutanasia considera que mi depresión no es imposibilitante", afirmó Pere Puig Ribas en declaraciones a medios locales.

Lo que hace especialmente dramático su caso es la resistencia a todos los tratamientos disponibles. Su historial clínico revela intolerancia a 15 fármacos distintos, incluyendo la esketamina, un medicamento de uso exclusivo para depresiones resistentes con ideación suicida. Ha agotado tanto terapias convencionales como alternativas sin encontrar alivio alguno.

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La burocracia de la eutanasia para enfermedades mentales

La Ley de Eutanasia en España, vigente desde 2021, establece el derecho a una muerte digna para pacientes con sufrimientos insoportables. Sin embargo, para quienes padecen enfermedades psiquiátricas como Pere, el camino está lleno de obstáculos. De las 361 eutanasias practicadas en Cataluña en los últimos tres años, solo cinco han sido por trastornos mentales, representando apenas el 1,38 por ciento del total.

Albert Tuca, oncólogo y presidente de la Comissió de Garantia i Avaluació de Catalunya, explica la extrema cautela con que se abordan estos expedientes: "Algunos pacientes con enfermedades mentales tienen tratamientos que pueden mejorar su condición. Son casos muy complicados, que abordamos con muchísima prudencia".

Barreras administrativas y familiares

Desde la organización Dret a Morir Dignament advierten que los pacientes psiquiátricos enfrentan barreras burocráticas mucho más altas. Montserrat Sala, médica jubilada y voluntaria de la entidad, señala que "muchos de los pacientes con trastornos mentales no entran en el análisis de la prestación de ayuda para morir", ya que sus solicitudes son frenadas en primera instancia por médicos de familia o consultores.

El apoyo familiar a la decisión de Pere es unánime. Sus hijos, hermanas y su mejor amigo han enviado escritos a la comisión dando fe de un padecimiento que, según una de sus hermanas, arrastra desde hace 40 años. Su hija Sara describió la situación como un sufrimiento constante que "no se puede aguantar ni tolerar más".

Las cifras de una realidad excepcional

El panorama de la eutanasia por salud mental revela la excepcionalidad de estas aprobaciones:

  • Entre 2021 y 2024 se presentaron 824 solicitudes de ayuda para morir en Cataluña, de las cuales solo 33 fueron por causas psiquiátricas.
  • De esas 33 peticiones, apenas cinco recibieron luz verde (tres por depresión grave, una por trastorno afectivo y otra por anorexia nerviosa).
  • Los diagnósticos más frecuentes combinan trastornos depresivos (55 por ciento) y trastornos de ansiedad o estrés postraumático (42 por ciento).

Un debate ético pendiente

La complejidad de estos casos radica en la propia naturaleza de la enfermedad mental. A diferencia de patologías terminales como el cáncer, donde el pronóstico es más claro, en psiquiatría la evaluación de la "capacidad de hecho" —la aptitud del paciente para decidir por sí mismo— y la irreversibilidad del cuadro generan intensos debates entre especialistas.

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Pere ha solicitado la prestación de ayuda para morir en tres ocasiones. Las dos primeras fueron denegadas; la tercera espera una respuesta que él define como definitiva. Mientras la comisión delibera, Pere mantiene su postura de no volver a intentarlo por la vía legal si recibe una nueva negativa, evidenciando el límite al que puede llegar un paciente cuando siente que su autonomía y dignidad se han desvanecido en un laberinto de trámites y valoraciones médicas.

Su caso no es único en el contexto internacional. En países con leyes de larga data como Bélgica o Países Bajos, estos casos representan apenas entre el 2,5 y el 3 por ciento del total de eutanasias, confirmando que las enfermedades mentales siguen siendo terreno complejo incluso en las legislaciones más avanzadas sobre muerte digna.