El ego en la intimidad: cómo la competencia arruina el placer sexual
El ego en la intimidad: competencia vs. placer sexual

El ego en la intimidad: cómo la competencia arruina el placer sexual

En su columna Sexo con Esther, Esther Balac aborda un fenómeno común pero poco discutido: la intrusión del ego en la vida sexual de las parejas. Según la autora, muchas personas llegan a la cama como si fuera un campo de batalla, donde cada gesto y movimiento se convierte en una actuación destinada a impresionar.

Cuando el deseo se convierte en competencia

Balac describe cómo algunas personas transforman la intimidad en una competencia, donde el objetivo ya no es el placer compartido, sino demostrar habilidades, duración o técnicas aprendidas de películas y relatos. "El ego es metido. Se instala primero entre las sábanas y empieza a dirigir como técnico gritón desde la línea", escribe la columnista, ilustrando cómo esta mentalidad convierte el encuentro íntimo en un espectáculo con jurado invisible.

El cuerpo frente a las expectativas

La autora señala la ironía fundamental: el cuerpo no entiende de aplausos ni crítica especializada. Mientras el ego busca ovación y reconocimiento, el deseo busca cercanía y autenticidad. "El ego quiere épica; el cuerpo quiere piel, calor, gemido, pausa", contrasta Balac, destacando cómo estas expectativas contradictorias generan ansiedad y desconexión.

La torpeza compartida como camino al placer

En contraste con las parejas que salen de la cama "con cara de haber corrido una maratón", Balac celebra aquellas que encuentran placer en la autenticidad. "La torpeza compartida excita más que cualquier coreografía ensayada", afirma, subrayando que el colchón debería ser territorio sin jurado, sin puntuación y sin repetición en cámara lenta.

El gesto más erótico: soltarse

La columna culmina con una reflexión poderosa: el gesto más erótico no es lucirse ni demostrar capacidad atlética, sino soltarse. Cuando el ego baja la voz, el cuerpo respira, las ganas regresan sin sentirse examinadas, y la intimidad vuelve a ser conversación sin palabras, intercambio sin libreto.

"El ego quiere trofeo. El deseo quiere quedarse. Y quedarse –sin pose, sin relato heroico, sin necesidad de impresionar– suele ser mucho más audaz que cualquier hazaña nocturna", concluye Balac, invitando a los lectores a reconsiderar qué buscan realmente en sus encuentros íntimos.