Omar Alfredo lucha por su vida en UCI: corazón al 10% y EPS desatiende orden judicial
Corazón al 10%: paciente en UCI espera respuesta de EPS

La agonía de Omar Alfredo: corazón al 10% y EPS que no responde

La vida de Omar Alfredo Alba Rocha, un técnico de 44 años oriundo de Juan de Acosta, Atlántico, pende literalmente de un hilo médico y de la voluntad administrativa de la Nueva EPS. Desde el pasado 21 de marzo, este hombre permanece recluido en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Clínica General del Norte en Barranquilla, con un diagnóstico que estremece: insuficiencia cardíaca severa con una fracción de eyección de apenas el 10 por ciento.

Un dispositivo transitorio que marca la cuenta regresiva

Los especialistas médicos han calificado su condición como una urgencia vital que lo mantiene en riesgo inminente de muerte súbita. Actualmente, su corazón debilitado es sostenido por un dispositivo de asistencia ventricular provisional, pero este soporte tiene carácter transitorio y no está diseñado para prolongarse indefinidamente. Cada día que pasa aumenta el peligro de complicaciones sistémicas.

María Ángel Alba, hija del paciente, explicó a medios locales que la solución médica para salvar su vida es la implantación de un dispositivo auxiliar ventricular izquierdo de larga duración, un mecanismo permanente que asuma la función de bombeo de su corazón. Pese a la gravedad extrema del cuadro, la familia denuncia que la EPS ha mantenido un silencio institucional que los tiene al borde de la desesperación.

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La orden judicial que la EPS parece ignorar

Ante la falta de autorización del procedimiento salvavidas, la familia Alba Rocha acudió a las vías legales. El Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Barranquilla admitió una acción de tutela y concedió una medida provisional tras considerar que existe un perjuicio irremediable para la salud del paciente.

En su decisión, el juez fue taxativo:

  • Ordenó a la Nueva EPS garantizar de manera inmediata la cirugía necesaria
  • O, en su defecto, gestionar el traslado de Omar Alfredo a una institución de alta complejidad con infraestructura cardiovascular adecuada
  • Asumiendo todos los gastos de transporte y acompañamiento médico

"Mi hermano depende de un dispositivo transitorio que tiene un límite de días. Ya lleva casi un mes hospitalizado y el tiempo se agota", relató con angustia María Margarita Alba Rocha, hermana del paciente, a los medios de comunicación.

Consciente de su propio final

La situación es particularmente dolorosa porque Omar Alfredo, a pesar de su debilidad física extrema, se encuentra plenamente consciente. Según su hermana, puede hablar aunque de forma pausada, y pregunta constantemente por los avances de su autorización médica.

"Está en un punto alto de desesperación porque ve que pasan los días y no hay solución alguna. Él es consciente de toda la situación y nos pregunta cómo van las cosas", agregó María Margarita en diálogo con medios locales.

Incluso la Superintendencia de Salud emitió instrucciones de cumplimiento inmediato el pasado 8 de abril tras recibir una queja formal, pero los trámites administrativos parecen pesar más que la urgencia médica.

"Mi esposo está al borde de la muerte. No es justo que por trámites de oficina se pierda una vida", expresó María Teresa Simanca, esposa de Omar, quien ha permanecido a su lado durante las semanas de hospitalización.

Dos vías de escape que dependen de la EPS

El equipo médico tratante ha sido claro: solo existen dos caminos para salvar la vida de Omar Alfredo:

  1. Que la Nueva EPS autorice el traslado a un centro especializado en medicina cardiovascular en otra ciudad del país
  2. Que se facilite la llegada de especialistas y el equipo tecnológico necesario a la Clínica General del Norte donde se encuentra actualmente

La familia Alba Rocha hace un llamado desesperado a las directivas de la Nueva EPS y a los organismos de control para que cumplan con el mandato judicial y se "pongan la mano en el corazón" ante esta emergencia humanitaria.

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Mientras tanto, el reloj sigue corriendo para Omar Alfredo, cuyo corazón funciona con apenas una décima parte de su capacidad normal, esperando que la burocracia administrativa no tenga la última palabra sobre su destino.