Un grito desesperado desde Providencia: el abandono médico que cobra vidas
La crisis en la prestación del servicio de salud en Colombia encuentra uno de sus episodios más dramáticos en la Isla de Providencia, donde los pacientes se sienten completamente abandonados por un sistema secuestrado por la indolencia y los cálculos políticos. Las historias que emergen desde este territorio insular son un llamado de atención urgente sobre las fallas estructurales que afectan a los colombianos más vulnerables.
La tragedia de Marisa Barker: una espera mortal
Marisa Barker, una mujer de 48 años descrita como "una luz para su familia y para la comunidad", falleció tras esperar seis días el traslado que la Nueva EPS debía gestionar hacia un hospital de mayor complejidad. Su hermana Malka Barker relata cómo fue una cadena de indiferencias, excusas y falta de humanidad lo que culminó en esta pérdida evitable. La familia recibió únicamente promesas vacías y mentiras mientras el avión ambulancia que conecta la isla con el continente permanecía inactivo.
"Su vida valía; su ausencia duele", expresan los familiares de Marisa, quien requería atención especializada que nunca llegó. Este caso emblemático ilustra cómo el derecho constitucional a la salud se convierte en papel mojado cuando la burocracia y la negligencia se anteponen a la vida humana.
Manifestación ciudadana contra los atropellos
El martes 24 de marzo, a las 3:30 p.m., los habitantes de Providencia salieron a las calles para protestar contra los continuos retrasos de la Nueva EPS en la entrega de medicamentos y tratamientos. La manifestación buscaba defender el derecho a la vida, que según la Constitución es inviolable, pero que en la práctica se ve constantemente vulnerado en este archipiélago.
Durante la protesta, los isleños mostraron carteles y corearon consignas rechazando lo que califican como "atropellos sistemáticos" por parte de la entidad prestadora de salud. Las imágenes muestran a una comunidad unida en su dolor y en su exigencia de dignidad.
Una crisis que se extiende a todos los pacientes
La situación no se limita al caso de Marisa Barker. Carl Britton, presidente de la Veeduría Providence Health Watch, denuncia que muchos pacientes oncológicos no han recibido los tiquetes aéreos que por obligación debe proveer la Nueva EPS para ser trasladados a Barranquilla y recibir atención especializada. Tampoco los han recibido personas con cirugías programadas, quienes han perdido citas que tardaron meses en conseguir.
Sugey Barker, prima de Marisa y activista social en la isla, afirma que existen "remisiones represadas" a hospitales, principalmente de Barranquilla, lo que compromete seriamente la vida de los isleños. Las tutelas por mala prestación del servicio se han duplicado, pero según los afectados, ya no sirven para nada ante la indiferencia institucional.
Los más vulnerables: ancianos, niños y embarazadas
Los grupos más afectados por esta crisis son precisamente los más vulnerables:
- Personas de la tercera edad que requieren medicamentos continuos
- Niños como el bebé de diez meses que falleció meses atrás por falta de insumos adecuados
- Mujeres embarazadas que necesitan seguimiento especializado
La pregunta que resuena en la comunidad es contundente: "¿Dónde está el cumplimiento de las decisiones judiciales que protegen los derechos de los usuarios?"
El olvido político: ¿Providencia no da votos?
Los habitantes de la isla dirigen una pregunta incómoda a los candidatos presidenciales: "¿Les preocupa esta isla o no la tienen en sus mapas de campaña, dado que aquí el número de habitantes no da para muchos votos?". Esta interrogante pone en evidencia cómo las dinámicas electorales pueden influir en la atención que reciben territorios con menor densidad poblacional.
La familia de Marisa Barker, y por extensión toda la comunidad de Providencia, exigen respuestas, verdad y justicia. No solo por la memoria de quienes han perdido la vida, sino por todos los pacientes que continúan siendo abandonados por un sistema que debería protegerlos. Como bien lo expresa Ricardo Silva en su columna, "dan muchas ganas de gritar porque es inhumano jugar de esta forma con la vida de las personas".
La crisis de salud en Providencia no es un caso aislado, sino el síntoma de un mal mayor que afecta a todo el sistema de salud colombiano, donde los derechos fundamentales quedan supeditados a intereses burocráticos y políticos. El grito desde esta isla debería escucharse en todo el territorio nacional como una advertencia sobre lo que ocurre cuando se deshumaniza la atención médica.



