En el Día del Niño, Cali enfrenta una problemática que parece ignorarse: decenas de menores desaparecen cada año. Ante la escasa gestión estatal, el colectivo Hasta Encontrarlas documenta las rutas, acompaña a las familias y busca a quienes salen de su casa o colegio y no regresan.
El drama de las menores desaparecidas
Según la Personería de Cali, en 2024 se reportaron 596 personas desaparecidas, de las cuales 166 eran menores de edad. En 2025, las denuncias fueron 512, incluyendo 140 niños y adolescentes. La personera delegada Nancy Mendoza señala que la mayoría son niñas y jóvenes: 118 en 2024 y 89 en 2025, sumando 207 casos. Es como imaginar once salones de clase repletos… vacíos. Tienen entre 12 y 17 años.
— Puede obedecer a reclutamiento forzado por grupos armados, violencia urbana, trata de personas o abandono del hogar por violencia intrafamiliar — explica Mendoza.
El origen de Hasta Encontrarlas
En 2019, la antropóloga Gaby Rojas Peláez supo que en el oriente de Cali estaban desapareciendo niñas. Comenzó a investigar y contactó a amigas de distintas organizaciones —abogadas, historiadoras, trabajadoras sociales— para cruzar información. En esos días, Cali estaba conmocionada por la desaparición de Michel Andrea Valerezo, de 10 años.
Michel había salido de su colegio, Nuevo Latir, y fue a la biblioteca con un compañero. A las 3:00 p. m. llegó a su casa, en el barrio Mojica, y volvió a salir. Testigos la vieron en una panadería; un hombre se la llevó. Siete años después, se desconoce su paradero.
— Michel es nuestro caso guía. Presumimos que le echaron escopolamina en una salchipapa. Por ella nació Hasta Encontrarlas — dice Gaby.
El mapa de las desapariciones
El mapa digital del colectivo está repleto de puntos verdes, amarillos y rojos. Los rojos indican niñas encontradas muertas; los verdes, las que regresaron; los amarillos, las que siguen sin rastro. La mayoría se ubica en el oriente, el Distrito de Aguablanca, y en las zonas de ladera. El resto de la ciudad parece “limpio”.
La abogada Diana Ortiz, experta en trata de personas, señala que detrás de estas desapariciones hay racismo estructural y segregación urbana.
— Se llevan a niños y niñas vulnerables porque sus cuidadores trabajan lejos y pasan muchas horas fuera. Muchas familias provienen del conflicto armado y viven en precariedad. A esto se suma la racialización: en su mayoría son niñas afrodescendientes, cuyos cuerpos han sido históricamente hipersexualizados. Si una niña desaparece en el oeste de Cali, la reacción sería inmediata; cuando ocurre en el oriente, no — afirma.
Casos emblemáticos
Uno de los puntos rojos narra la historia de Sally Lucy Tejada Castro, de 9 años, cuyo cuerpo fue hallado en un cañaduzal con signos de violencia sexual. Vivía en un asentamiento del oriente; su familia había huido del conflicto armado en El Charco, Nariño. Un hombre conocido como Ronald, presunto integrante de una banda de microtráfico, se ganó su confianza, la llevó a una casa y la mató.
Otro punto rojo corresponde a Jackeline Velasco, de 10 años, desaparecida en el barrio Santander. Las autoridades pensaron en una fuga voluntaria, pero su madre sospechaba algo más grave. Un testigo la vio subir sin resistencia a una camioneta gris. Era un tío político, quien la asesinó.
También está el caso de Sofía Delgado, de 12 años, encontrada sin vida en un cañaduzal de Candelaria tras 19 días desaparecida. Había salido de la casa de su abuela a comprar un shampoo para su perro y fue interceptada por Brayan Campo, quien confesó el crimen.
Modalidades de desaparición
Según Gaby Rojas, a los niños del oriente los desaparecen en camionetas de alta gama, muchas veces sin placa. Les hacen seguimiento para identificar el sector más solitario entre el colegio y la casa. Se bajan dos del carro, queda uno al volante y, en segundos, los desaparecen. La mayoría de las víctimas tienen entre 9 y 12 años.
Otra modalidad son las promesas de trabajo virtual. En una ciudad con alto desempleo, es fácil caer. Una niña de Buenaventura llegó a la Terminal de Transportes y tomó un taxi hacia Siloé. El conductor esperó quince minutos hasta que le abrieron la puerta; luego, no se supo más de ella.
— Hemos detectado que pagan entre 800 y 1500 dólares por fotos y videos desnudos. Para alguien que a veces no tiene ni para el bus, esa es toda la plata del mundo — explica Gaby.
También hay casos de niñas seducidas por grupos armados a través de redes sociales, con promesas de amor o protección. Bailarinas de salsa han recibido ofertas falsas de trabajo en el extranjero.
La lucha del colectivo
Hasta Encontrarlas viraliza los casos de desaparición para generar presión sobre los captores y acompaña a las familias para que las rutas de atención se activen. Sin embargo, la ineficiencia del Mecanismo de Búsqueda Urgente es evidente.
— A muchas familias les dicen que deben esperar 72 horas, lo cual es falso y gravísimo. También influye el racismo estructural y la estigmatización: se culpa a las madres afro por dejar a sus hijos solos, sin entender que tienen que trabajar — denuncia la abogada Diana.
El colectivo no cuenta con recursos institucionales. — Lo hacemos nosotras, pero no somos institucionalidad. A veces ganamos convocatorias, otras no. Con lo que tenemos hacemos el trabajo — dice Gaby.
Prevención desde las aulas
La Subsecretaría de Equidad de Género de Cali adelanta procesos de prevención de violencias basadas en género en instituciones educativas. La subsecretaria Steffany Escobar señala que muchos jóvenes reconocen manifestaciones como control, celos, insultos o invasión de la privacidad, aunque no identifiquen el término “violencias basadas en género”. Los espacios formativos permiten cuestionar el machismo y promover relaciones equitativas.
— No queremos buscar cuerpos. Queremos encontrarlas vivas — repiten en Hasta Encontrarlas.



