Capturan a alias 'Angelito' por mutilación de menor que rechazó ingresar a 'Los Costeños'
La Fiscalía General de la Nación logró la captura de Ángel Antonio De Alba González, conocido en el mundo criminal como alias 'Angelito', señalado como presunto responsable de uno de los hechos más deshumanizantes registrados en el departamento del Atlántico: la amputación de tres dedos a un menor de edad que se habría negado a integrar la estructura delictiva 'Los Costeños'.
Un crimen que conmociona a Malambo y el Atlántico
El atroz suceso ocurrió el 3 de marzo del año anterior en el barrio El Morrito del municipio de Malambo. Según las investigaciones de la Fiscalía Seccional Atlántico, el menor víctima habría sido sometido a esta brutal mutilación como represalia por rechazar el reclutamiento forzado por parte de la organización criminal.
Contra De Alba González, de 25 años de edad, se formularán cargos por lesiones personales, deformidad y perturbación funcional, delitos que reflejan la gravedad del ataque y las secuelas irreversibles que dejó en el adolescente. Las autoridades describen a 'Angelito' como un operador de base de 'Los Costeños', vinculado a tareas de presión, castigo y reclutamiento en todo el departamento.
Segundo implicado en caso de mutilación
Este individuo se convierte en el segundo capturado por estos hechos atroces. En agosto de 2025, las autoridades ya habían detenido a otro señalado implicado, identificado como alias 'Trivi', de 28 años de edad. La investigación continúa avanzando para desarticular completamente la red criminal detrás de este acto de extrema violencia.
Expertos en seguridad urbana consultados destacan que este caso evidencia el nivel alarmante de violencia al que están llegando algunas estructuras delictivas en la región, con capacidad para sobrepasar cualquier límite moral. La mutilación habría sido planeada como una represalia ejemplar para enviar un mensaje aterrador a otros jóvenes presionados por estas redes criminales.
Reclutamiento forzado de menores: una realidad creciente
La Fiscalía ha insistido en que esta mutilación constituye un mecanismo de terror diseñado específicamente para obligar a niños y adolescentes a alinearse con grupos criminales que operan mediante amenaza, coacción y violencia extrema. Este tipo de retaliaciones, aunque pocas llegan a judicializarse por el miedo de las familias y el control territorial de las estructuras armadas, no son hechos aislados.
El panorama que preocupa profundamente a las autoridades es la creciente incorporación de menores de edad a redes criminales que operan en Barranquilla, Soledad y Malambo. La Defensoría del Pueblo, en su Alerta Temprana 022 de 2023, había advertido que niños desde los nueve años estaban siendo usados para:
- Tareas de vigilancia y microtráfico
- Transporte de armas y municiones
- Función como informantes
- Ejecución de homicidios
Cifras alarmantes del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes
Las estadísticas del SRPA en Barranquilla entre 2021 y 2024 confirman la gravedad de la situación:
- 717 menores aprehendidos por porte ilegal de armas
- 414 por hurto
- 169 por hurto calificado
- 93 por lesiones personales
- 88 por actos sexuales con menor de 14 años
- 81 por tráfico de estupefacientes
- 76 por acceso carnal abusivo con menor de 14 años
- 60 por homicidio
- 58 por violencia intrafamiliar
- 43 por extorsión
Casos recientes que delinean un escenario preocupante
El pasado 19 de marzo, la aprehensión de un adolescente de 14 años tras una balacera y persecución en taxi en el norte de Barranquilla evidenció cómo este fenómeno criminal no distingue territorios ni edades. Asimismo, el crimen de las dos hermanas en Malambo reveló la participación de menores en homicidio, extorsión, ocultamiento de cuerpos y otros delitos con estructuras criminales detrás.
Estos eventos, sumados al caso del menor mutilado en El Morrito, delinean un escenario alarmante en el que las organizaciones criminales están incorporando menores no solo como "campaneros" o transportadores de armas, sino como parte estructural de operaciones violentas. La promesa de dinero fácil, el reconocimiento en el barrio o las amenazas directas que los reclutan a la fuerza siguen siendo la puerta de entrada a estas redes que explotan la vulnerabilidad económica, la presión del entorno y la falta de acompañamiento familiar.



