El impacto del asma infantil no termina cuando pasa una crisis respiratoria. Cuando la enfermedad no está controlada, los padres pueden perder hasta 8,4 días laborales al año para atender episodios asociados, una situación que afecta ingresos, productividad y estabilidad familiar, según datos citados por Sanofi.
La advertencia llega en un contexto donde el asma sigue siendo percibida principalmente como un problema clínico asociado con tos, dificultad respiratoria o visitas al servicio de urgencias. Sin embargo, especialistas advierten que sus consecuencias también alcanzan la educación, la dinámica familiar y el trabajo.
Cifras alarmantes en Latinoamérica
En América Latina, la carga de la enfermedad muestra cifras que reflejan una afectación persistente. Cerca del 23 % de los pacientes con asma ha requerido hospitalización en el último año y hasta el 51 % ha tenido múltiples visitas a urgencias. Cada uno de estos episodios suele implicar algo más que atención médica. Días de colegio perdidos, permisos laborales, gastos inesperados y cambios en la rutina doméstica forman parte de un impacto que, aunque silencioso, se extiende a distintos frentes del hogar.
Efectos en la educación y el trabajo
En el caso de los menores, las consecuencias suelen hacerse más visibles. Los niños con asma pueden faltar al colegio entre dos y tres veces más que otros estudiantes y, cuando la enfermedad no logra mantenerse bajo control, pueden perder más de 10 días de clase al año. Ese ausentismo también se ha relacionado con un mayor riesgo de bajo rendimiento académico. Las dificultades respiratorias recurrentes, las visitas médicas y las interrupciones del sueño terminan alterando procesos cotidianos de aprendizaje y participación escolar.
Pero la afectación no se queda únicamente en las aulas. Cuando un niño presenta síntomas frecuentes o crisis respiratorias, son los cuidadores quienes deben reorganizar horarios, pedir permisos laborales o ausentarse para acompañar consultas y emergencias médicas. La evidencia citada por la farmacéutica señala que los padres pueden perder hasta 8,4 días hábiles al año debido a episodios relacionados con el asma infantil. El efecto se traduce en menor productividad y presiones económicas para los hogares.
Impacto en la productividad y el sueño
A este escenario se suma una afectación menos visible, aunque igualmente relevante. Hasta el 60 % de los pacientes con asma presenta despertares nocturnos, una situación que deteriora la concentración, reduce la energía disponible y limita el desempeño diario. Las cifras también muestran efectos concretos en el trabajo. Pacientes con asma sintomática pueden perder, en promedio, el 9,3 % de sus horas laborales por síntomas relacionados con la enfermedad, mientras que la pérdida global de productividad podría alcanzar el 36 %.
Barreras para el control del asma
Para los especialistas, el problema central no es únicamente convivir con el asma, sino las barreras que dificultan mantenerla bajo control. Diagnóstico tardío, baja adherencia al tratamiento y falta de seguimiento médico siguen apareciendo entre los principales desafíos. También existen factores externos que agravan el panorama. Estudios han identificado que el ausentismo escolar relacionado con el asma se asocia con control subóptimo de la enfermedad, atención médica urgente, presencia de moho en el hogar y barreras económicas.
Llamado a la acción
Desde el sector médico insisten en que parte importante de esta carga puede reducirse si se fortalece el acceso a programas integrales de manejo, educación al paciente y seguimiento oportuno desde etapas tempranas de la enfermedad. “El asma sigue siendo vista principalmente como una enfermedad respiratoria. Pero en la vida diaria también es un problema de productividad, educación y economía familiar. Lo importante es entender que este impacto puede prevenirse o reducirse: cuando el asma se diagnostica a tiempo, se hace seguimiento médico y se recibe el tratamiento adecuado, sus efectos en la vida de los niños pueden disminuir de manera significativa”, señala Angélica Castaño, gerente médica de Sanofi.
La especialista insiste en que controlar la enfermedad no solo reduce las crisis y hospitalizaciones. “El asma no controlada no solo afecta la salud. Afecta la educación de los niños, el trabajo de los cuidadores y la economía de los hogares. Por eso es clave que los pacientes accedan a programas integrales que ayuden a controlar las crisis y les permitan llevar una vida activa y normal”, agrega.



