En el Mapa del Hambre del Programa Mundial de Alimentos (PMA), una herramienta digital que monitorea en tiempo real la inseguridad alimentaria en el mundo, Colombia aparece en rojo. El mismo rojo de Sudán, donde hay hambruna declarada. El mismo rojo de Yemen, donde más de la mitad de la población no tiene acceso estable a alimentos. Con ese color se indica el volumen de personas con hambre crítica. Colombia registra 6,6 millones de personas en crisis alimentaria, equivalentes al 12 % de la población analizada.
El mapa encendió una discusión que llegó hasta el presidente Gustavo Petro, quien aseguró que en el país había disminuido la hambruna y que la causa principal de la inseguridad alimentaria es la crisis del clima y los conflictos violentos. Pero para entender qué significa ese rojo hay que mirar los números con cuidado.
¿Qué es el hambre y la inseguridad alimentaria?
Según la FAO, el hambre es una sensación física causada por un consumo insuficiente de calorías; se vuelve crónica cuando esa carencia es sostenida en el tiempo. La inseguridad alimentaria, en cambio, describe una situación más amplia: la falta de acceso regular a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, y puede manifestarse en distintos niveles de severidad. Una persona en inseguridad alimentaria moderada puede estar comiendo, pero sacrificando otras necesidades para hacerlo, o alimentándose con lo más barato y no lo más nutritivo. Solo cuando esa inseguridad es severa —cuando alguien lleva un día o más sin comer— es probable que haya hambre en el sentido estricto del término. Son conceptos relacionados, pero no intercambiables.
El Mapa del Hambre del PMA
El mapa es una plataforma del PMA que agrega datos de cerca de 80 países para mostrar, en tiempo real, dónde hay personas que no pueden acceder de forma estable a los alimentos que necesitan. Toma en cuenta variables como el consumo de alimentos, los niveles de desnutrición, los efectos del clima, la inflación y los conflictos armados.
La alerta de la FAO
Esta semana, la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, presentó la herramienta desde Nueva York en el marco de la publicación del Reporte Global de Crisis Alimentarias 2026. Fue en ese momento cuando Colombia quedó en primer plano del debate internacional, pues el rojo no miente, pero tampoco lo dice todo. El Reporte Global de Crisis Alimentarias 2026, elaborado conjuntamente por el PMA y la FAO, confirma que en Colombia hay aproximadamente 6,6 millones de personas que requieren asistencia alimentaria urgente y apoyo a sus medios de vida. El propio informe señala que los principales motores de esa crisis son el conflicto armado localizado, el deterioro de los medios de vida de comunidades enteras, y el impacto rezagado del fenómeno de El Niño 2023-2024 sobre la agricultura y las economías rurales.
A eso se suma una realidad que Colombia carga hace décadas: el país tiene cerca de 7,1 millones de desplazados internos, uno de los contingentes más grandes del mundo. Y acoge a aproximadamente 2,8 millones de refugiados y solicitantes de asilo, en su mayoría venezolanos. Las personas desplazadas, según el mismo reporte, enfrentan consistentemente peores niveles de inseguridad alimentaria que la población residente.
El mismo color para realidades distintas
El Mapa del Hambre ordena a los países por el número absoluto de personas afectadas, no por la proporción de su población que padece hambre. Y eso cambia en gran parte el panorama. Colombia, con casi 52 millones de habitantes, tiene 6,6 millones de personas en inseguridad alimentaria: el 12 % de su población analizada. Haití, con menos de 12 millones de habitantes, tiene 5,9 millones en la misma situación: el 53 % de su población. No es un diagnóstico médico ni un censo del hambre. Es una herramienta de alerta temprana: su propósito es ayudar a las agencias humanitarias a identificar dónde concentrar recursos antes de que una situación difícil se convierta en una catástrofe. En ese sentido, lo que muestra no es necesariamente lo que ya ocurrió, sino también lo que podría ocurrir.
En el ranking por números absolutos globales, Colombia queda por encima de Haití y es el país de América Latina y el Caribe con mayor número de personas en riesgo, entre siete que están en la alerta. En la tabla que alimenta el mapa, el país aparece en el puesto 11, entre Pakistán y Haití, al lado de naciones donde los conflictos han destruido sistemas alimentarios enteros. Países como Sudán (41 % de su población en crisis), Yemen (52 %) o Sudán del Sur (53 %) comparten el mismo color que Colombia en el mapa. Pero su realidad es inconmensurablemente más grave. Para dimensionar la diferencia: en Sudán, el reporte confirma que hubo hambruna declarada en 2025 en las ciudades de El Fasher y Kadugli. En Yemen, más de 18 millones de personas enfrentan niveles de emergencia o catástrofe alimentaria. En esos países, el conflicto armado ha destruido los mercados, los campos de cultivo y las rutas de abastecimiento. Hablar de Colombia en el mismo párrafo requiere, al menos, esa aclaración.
Lo que el presidente Petro respondió
La aparición de Colombia en el mapa generó una reacción inmediata del presidente Gustavo Petro, quien publicó una serie de mensajes en sus redes sociales para rebatir la lectura que, según él, se estaba haciendo de los datos. El mandatario insistió en que el hambre ha disminuido durante su gobierno, y citó como evidencia la reducción de la mortalidad infantil por desnutrición. También distinguió entre hambre e inseguridad alimentaria: según él, lo que miden herramientas como el Mapa del Hambre no es la situación actual de hambre, sino un riesgo proyectado hacia el futuro. También identificó las zonas más vulnerables del país: Chocó, norte de Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, La Guajira y la Altillanura, afectadas principalmente por el conflicto y los extremos climáticos. Y atribuyó la responsabilidad de esa inseguridad alimentaria a la crisis climática y a los conflictos armados, no a las políticas de su administración.
Una advertencia que va más allá del color
El reporte también deja una advertencia que trasciende el debate del mapa. A escala global, el financiamiento humanitario para programas de alimentación cayó un 59 % entre 2022 y 2025, regresando a niveles que no se veían desde hace casi una década. Esa caída no es abstracta: se traduce en menos raciones de alimento, menos acceso a semillas para agricultores en zonas de conflicto, menos programas de nutrición para niños. En un país como Colombia, donde millones de personas desplazadas dependen parcialmente de la asistencia humanitaria internacional para comer, esa reducción de fondos globales tiene consecuencias directas. La FAO advierte que las poblaciones desplazadas son las primeras en quedar desatendidas cuando los recursos escasean.
Cabe aclarar que el reporte no clasifica a Colombia entre los casos más graves del planeta. El país no aparece entre los que tienen población en Catástrofe (la fase más extrema, Fase 5). Sin embargo, el documento tampoco absuelve. Sus cifras muestran que los más de 6 millones de colombianos en inseguridad alimentaria son personas reales, concentradas en territorios donde el conflicto persiste, el desplazamiento no cesa y los efectos del cambio climático se sienten con mayor fuerza. También advierte, a escala global, que el financiamiento humanitario cayó un 59 % entre 2022 y 2025, y que las poblaciones desplazadas son las que más sufren cuando los recursos escasean.



