Bolivia atraviesa su tercera semana de protestas y bloqueos de caminos contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz, quien asumió el cargo en noviembre de 2025. La crisis ya provoca desabastecimiento de alimentos y combustibles, enfrentamientos en La Paz y El Alto, y exigencias de renuncia del mandatario, que lleva solo seis meses en el poder.
La marcha de Evo Morales
Este lunes llegó a La Paz la marcha impulsada por el expresidente Evo Morales, que recorrió el altiplano desde el 12 de mayo. La denominada Marcha por la Vida para salvar Bolivia aglutina a sectores campesinos, indígenas y obreros leales a Morales que se oponen a las medidas económicas de Paz. Partió desde Caracollo, en Oruro, a 188 kilómetros al sur de La Paz.
Se señaló a un exfuncionario del Ministerio de Defensa identificado como Bernabé G.P., quien ahora figura como “presidente del comité de conflicto” de los llamados Ponchos Rojos, campesinos aimaras del altiplano de La Paz considerados radicales y que tradicionalmente exhiben armas antiguas en sus protestas.
El vocero presidencial, José Luis Gálvez, denunció que algunos manifestantes afines a Morales pasaron al “uso de armas y eso sí nos tiene preocupados”. La autoridad mostró un video difundido en redes sociales en el que aparecen supuestos miembros de los Ponchos Rojos en una carretera mostrando armas y gritando “ahora sí, guerra civil”.
Bloqueos en carreteras
Según el mapa de transitabilidad de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), el lunes había 25 puntos de bloqueo en cuatro de los nueve departamentos del país: 16 en La Paz, cuatro en Oruro, cuatro en Cochabamba y uno en Santa Cruz.
Las protestas son impulsadas principalmente por organizaciones como la Federación de Campesinos de La Paz Túpac Katari y la Central Obrera Boliviana (COB), que pasaron de pedir atención a sus demandas sectoriales a exigir la renuncia del presidente. El Gobierno ha dicho que estas protestas buscan romper el “orden constitucional” y que son impulsadas por Morales con financiamiento del “narcotráfico”, algo que el exmandatario ha negado.
Contexto económico
Cuando Rodrigo Paz llegó al poder, encontró un país golpeado por el agotamiento del modelo económico que sostuvo durante casi dos décadas al Movimiento al Socialismo (MAS). Aunque los gobiernos de izquierda mantuvieron estabilidad macroeconómica gracias al boom del gas y las materias primas, antes de la victoria electoral de Paz Bolivia ya enfrentaba una severa escasez de dólares, caída de sus reservas internacionales, déficit fiscal, subsidios a los combustibles difíciles de sostener y problemas de abastecimiento de diésel y gasolina. A eso se sumaba una economía cada vez más dependiente del gasto estatal, con menor producción de gas, aumento del contrabando y una creciente presión inflacionaria que empezó a golpear el costo de vida. Paz asumió prometiendo corregir desequilibrios económicos y abrir una nueva etapa.
Consultados por El Comercio, el politólogo Franz Flores Castro, doctor en Ciencias Sociales con mención en Estudios Políticos por FLACSO-Ecuador; y Marcelo Silva, politólogo y profesor universitario con estudios en Bolivia y España, coinciden en que la crisis actual combina errores de gestión, desencanto político y disputas de poder heredadas del ciclo del MAS.
Las 9 claves de la crisis
1. Un gobierno que nació políticamente debilitado
Para Franz Flores Castro, uno de los problemas de origen del gobierno de Paz es la fragilidad política con la que llegó al poder. El analista recuerda que el mandatario ganó la primera vuelta de las elecciones con apenas el 32% de los votos y en un escenario marcado por una alta cantidad de sufragios blancos y nulos. “Uno puede decir que el gobierno de Paz llega debilitado. Si bien triunfa, llega debilitado porque una buena parte de la población, por lo menos en primera vuelta, no votó por él”, afirma. Flores añade que la división interna del MAS y la ausencia de Evo Morales en la papeleta electoral también influyeron en el resultado.
2. El escándalo de la “gasolina basura”
Marcelo Silva considera que el deterioro acelerado del gobierno comenzó con problemas concretos de gestión económica. Aunque señala que gran parte de la población aceptó el aumento del precio de los combustibles y el retiro parcial de subsidios, afirma que el verdadero golpe político fue la crisis por la llamada “gasolina basura”. “El problema de la venta de una gasolina en mal estado generó una profunda desazón en los bolivianos”, dice. Según Silva, el malestar se agravó porque los ciudadanos terminaron pagando más por combustibles que, presuntamente, dañaron vehículos y motores.
3. El distanciamiento con Edman Lara
Otro elemento mencionado por Flores es la ruptura entre el presidente y su vicepresidente Edman Lara, a quien considera clave para captar apoyo en las zonas rurales y populares. El analista afirma que Lara fue desplazado rápidamente del núcleo de poder y terminó tomando distancia del gobierno. “Hoy por hoy Edman Lara ni siquiera es invitado a reuniones de gabinete y se ha declarado opositor al propio gobierno”, asegura.
4. El giro hacia la derecha y la ruptura con las bases populares
Ambos analistas coinciden en que Rodrigo Paz perdió rápidamente apoyo en sectores populares que inicialmente lo respaldaron. Flores sostiene que muchos antiguos votantes del MAS terminaron apoyando a Paz esperando un gobierno moderado y de transición. Sin embargo, considera que el mandatario “giró hacia la derecha” y se acercó a los sectores empresariales del oriente boliviano. “Las zonas donde votaban masistas terminaron votando por Rodrigo Paz. Pero luego él se aleja del mundo popular”, afirma. Silva comparte esa lectura y asegura que gran parte de las políticas iniciales del gobierno estuvieron dirigidas hacia el empresariado cruceño y la agroindustria.
5. Lo que esperaba la población de Rodrigo Paz
Tanto Flores como Silva coinciden en que la población esperaba un gobierno de centroizquierda, con ajustes económicos moderados pero sin romper la relación histórica entre el Estado y los movimientos sociales. “El mandato popular era gobernar desde el centroizquierda”, afirma Silva. Flores añade que muchos sectores esperaban un gobierno de transición y no transformaciones estructurales profundas.
6. La ruptura del pacto con los movimientos sociales
Uno de los puntos centrales en ambos análisis es el deterioro de la relación entre el gobierno y las organizaciones sociales. Flores sostiene que durante los gobiernos del MAS existió una lógica de intercambio político: los movimientos sociales garantizaban gobernabilidad y el Estado otorgaba beneficios y espacios de poder. “Los movimientos sociales le daban calma al gobierno a cambio de ciertas ventajas”, explica. Según el analista, Rodrigo Paz rompió ese esquema al cortar recursos y espacios de influencia para sindicatos y organizaciones populares. Silva coincide parcialmente, aunque agrega que muchas dirigencias sindicales buscan recuperar privilegios perdidos.
7. El factor Evo Morales: influencia sí, control total no
Los dos politólogos coinciden en que Evo Morales sigue siendo un actor político relevante, pero ya no tendría la capacidad de controlar completamente las movilizaciones. Flores considera que las organizaciones sociales bolivianas mantienen una fuerte autonomía. “No creo que la voz de Evo Morales sirva hoy para ordenar que las movilizaciones se retiren”, sostiene. Silva, por su parte, cree que la influencia del exmandatario está “inflada” y que tanto el gobierno como algunos sectores políticos exageran su peso en la crisis actual. “El gobierno utiliza la figura de Morales indudablemente mucho más inflada de lo que realmente es. Quiere crear esa conciencia del enemigo común, el enemigo que busca desestabilizar, probablemente tapando algunos errores de gestión. Se trata de una vieja recomendación política: invéntate el enemigo, invéntate el acecho político para tapar tus propias falencias”, afirma. “Pero Morales está muy lejos de ser el líder capaz de movilizar a la gran mayoría del país”, remarca. Sin embargo, ambos reconocen que el “evismo” intenta capitalizar el descontento y aprovechar políticamente la crisis.
8. ¿Está realmente en peligro el gobierno de Paz?
Pese a la gravedad de las protestas, ninguno de los dos analistas cree que el gobierno enfrente un riesgo inmediato de caída. Flores remarca que las movilizaciones siguen concentradas principalmente en La Paz y El Alto y no alcanzan aún el carácter nacional que tuvieron otras crisis bolivianas, como las que provocaron las caídas de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 o Carlos Mesa en 2005. Silva añade que el gobierno logró reducir parcialmente la tensión mediante negociaciones sectoriales con maestros, mineros y otros grupos movilizados. “El gobierno está desactivando algunos focos de conflictividad”, señala.
9. Una crisis que refleja una disputa más profunda
Para ambos politólogos, la actual crisis va más allá de protestas coyunturales por combustibles o alimentos. Detrás del conflicto aparece una disputa más profunda sobre el rumbo político y económico de Bolivia tras casi dos décadas de predominio del MAS: un choque entre un gobierno que intenta impulsar reformas económicas y sectores sociales acostumbrados a un modelo estatal más cercano a los movimientos populares.



