Fantasmas de la guerra: cómo los conflictos armados invaden nuestra vida cotidiana
Fantasmas de la guerra invaden nuestra vida cotidiana

Fantasmas de la guerra: cómo los conflictos armados invaden nuestra vida cotidiana

Enciendes el televisor y ahí están. Abres tu computador y se presentan ante ti. Incluso tu celular te alerta con mensajes inesperados... son los fantasmas de la guerra, que se han infiltrado sigilosamente en tu existencia, ocupando cada día más espacios que creías bajo tu control absoluto. Estos conflictos distantes consumen más tiempo del que imaginabas poder administrar según tus propios términos.

La invasión silenciosa en nuestro día a día

Existen mañanas en las que sus rostros aparecen incluso antes que las caras de aquellos a quienes amas. Antes de dar los buenos días a tu pareja, antes de despedir a tus hijos rumbo al colegio, ya se han cruzado en tu camino: los has visto sonriendo con esas sonrisas ambiguas que podrían ser de burla –se burlan de sus víctimas, de sus opositores, de los oprimidos y, sí, también se burlan de ti– o quizás completamente fingidas... sonrisas cuidadosamente diseñadas por sus equipos de prensa utilizando los mismos programas que eliminan cicatrices y estiran pieles envejecidas, con las mismas herramientas que implantan en sus ojos de tiranos un brillo de bondad que jamás emanaría de su interior, si es cierto aquel dicho de que los ojos son el espejo del alma.

Las balas no caen sobre ti, no te encuentras en las rutas de misiles, y eso ya es una gran fortuna, pero las noticias sobre guerras te envuelven con un manto que se asemeja más a una tela de araña, de la cual resulta casi imposible liberarse. Se ha convertido en uno de los temas obligatorios de conversación, en una de tus preocupaciones constantes –como si acaso pudieras hacer algo al respecto, como si tus noches de insomnio pudieran otorgar un solo segundo de paz a alguna de las víctimas–, en uno de esos titulares que te sorprenden en las primeras horas del día y de los cuales no puedes afirmar, como en la vieja canción, que son noticias de ayer, porque mañana nuevamente te enfrentarás a los rostros de dictadores que se han vuelto extrañamente familiares... los ves con más frecuencia que a muchos de esos amigos y parientes que llevas en el corazón y de quienes te preguntas constantemente cómo estarán sus vidas.

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La pérdida de espacios íntimos

En eso se ha transformado gradualmente nuestro día a día, algunos más tristes que otros, pero casi todos con un matiz sombrío: las guerras se han introducido en nuestra vida diaria sin respeto por lo privado, sin respeto ni siquiera por la vida íntima. También se han colado en tu cama aquellos que amenazan, aquellos que bombardean, aquellos que asesinan, mientras te recuestas y enciendes el televisor con la esperanza de relajarte, de encontrar un momento de sosiego. Hasta allí llegan sus ecos. No existen guerras ajenas, también son tus guerras.

La invasión es tan completa que:

  • Los medios de comunicación constantemente bombardean con imágenes y relatos de conflictos
  • Las redes sociales amplifican cada desarrollo, haciendo imposible el escape
  • Nuestras conversaciones cotidianas se ven permeadas por temas bélicos
  • La ansiedad generada por violencia distante afecta nuestro bienestar emocional
  • La línea entre lo público y lo privado se desdibuja cada vez más

Esta realidad nos confronta con una paradoja moderna: mientras físicamente estamos más seguros que nunca de la violencia directa, psicológica y emocionalmente estamos más expuestos a sus consecuencias. Los conflictos armados ya no respetan fronteras geográficas ni temporales, infiltrándose en nuestros hogares a través de pantallas y dispositivos que deberían conectarnos con el mundo, pero que terminan conectando al mundo con nuestros espacios más reservados.

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